La Muñeca

noviembre 8, 2007

Me he dado cuenta de muchas cosas y en realidad me asustan, me atemorizan y siento que tiemblo pero es algo imposible porque no me puedo mover, estoy atrapada por completo, no hay ninguna salida, ni tampoco ninguna puerta, muchos menos una entrada, no me gusta ver lo que hay, y no puedo hacer nada y tengo miedo, y quisiera gritar pero no hay nadie que me escuche…

Muchas veces me he sentido así, y como no sentirlo si en realidad soy una muñeca, y así me tuvieron por muchos años, dentro de un aparador por dónde sólo veía el exterior a través de un lujoso cristal y los vértices que unían esas vitrinas eran de lámina de oro… yo sentada.. inmóvil viendo todo pasar y sin poder hacer nada… sin poder hablar ni siquiera moverme, pero era parte del encanto, ya que era una “pieza” muy especial porque no había otra igual, de porcelana, tan blanca, tan brillante y a la vez tan frágil, tan bien cuidada que había pasado por generaciones, incluso cambiando de continentes.. mis ojos, mis ojos negros con unas profundas y enormes pestañas brillaban, lo recuerdo muy bien….

Pero siempre quise salir de ahí y no podía, me tenían atrapada y yo estaba cada vez más desesperada, los años pasaban y a mi frente veía destrucción, cómo las personas cambiaban, como el entorno y los adornos iban pasando de moda, sin embargo, sin embargo yo pertenecía ahí, era una forma sofocante el sentir como me limpiaban la piel con telas tan suaves para ni siquiera dejarme un rayón, como tenía cantidades enormes de vestidos y los cambiaban en fechas especiales o cuando alguien venía; era como una especie de “Trofeo” y yo no entendía por qué… Y me dolía, me dolía mucho, ya que no tenía un igual con quien hablar y aunque lo intentaba quienes me tenían encerrada lo único que hacían era cuidarme para que yo siguiera en condiciones “Perfectas” así empecé a marchitarme, pasaron más y más años, los vestidos de encaje estaban cada vez más desgastados y ya no eran las épocas de lujo y de reuniones, ya no estaban las mismas personas, estaba cada vez más y más triste.

Decidí cerrar los ojos para no saber de más, ya no lo quería, ya no lo soportaba, quería ser alguien que caminara, que pudiese reír, que se sentara en los bailes esperando que algún hombre misterioso y galante se acercara dándome la mano para así tener la invitación a la pieza… esos bailes tan bellos y tan alegres que había visto a través de mi cristal…

Todos decían que yo era de una belleza sin igual, que me tenían muy bien cuidada, que esas manos blancas demostraban algo y muchas veces me miraban fijamente y se asustaban al creer que mi mirada se movía, y puede ser que así haya sido, porque a través de mis grandes ojos negros gritaba que me sacaran de ahí en realidad no era lo que todos veían, no era esa muñeca perfecta.

Ya me había cansado de tanto sufrir y de no poder hacer nada al respecto, mi belleza, mi belleza para mí no era nada, sólo algo que los demás adulaban y yo ni siquiera creía y me molestaba ya que sabía que en mi interior, frío y hueco había mucho, mucho para dar, y decidí no saber más.

Y ahora que despierto me encuentro en una caja, gris, llena de polvo de telarañas, con partes de mi cuerpo rotas, mis rizos enredados, el encaje de mis vestidos está carcomido por alimañas y me doy cuenta que estoy encerrada y ahora no puedo ni ver el exterior, ahora no soy ni la sombra de lo que fui antes, la muñeca, la muñeca más bella, con esa piel porcelanizada brillante, labios carmesí y sus vestidos de encaje, ahora rota, empolvada, con telarañas y en una caja dónde yazco acostada y atemorizada por lo que vendrá, y veo que antes me cuidaban y ahora no hay nadie, antes veía el exterior, sin vivirlo pero lo veía, ahora sólo estoy entre paredes de cartón con polvo y rota, vacía y sin la belleza que tanto presumían.

muneca.jpg

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3 Responses to “La Muñeca”

  1. Fran Says:

    Antes me cuidaban y ahora no… y tengo miedo por lo que vendrá: para mí, la muñeca ha descubierto la libertad. La libertad siempre conlleva miedos y desazones.
    Los valientes sienten tanto o más miedo que los cobardes, pero aman la libertad. Aman ser ellos mismos.

  2. Fran Says:

    A veces, cuando nos halagan, nos están diciendo en realidad que no nos movamos, que no cambiemos, que nos quedemos extáticos como un muñeco de porcelana porque así no daremos problemas… Y si hacemos caso nos convertimos en esclavos del criterio ajeno, y nunca llegaremos a descubrir como somos por miedo a “que no nos quieran”. Y sentiremos ira y tristeza porque en el fondo sabremos que nos hemos traicionado a nosotros mismos.

  3. Vampiresa Says:

    Fran: Cuanta razón tienes, el tener ese mismo miedo, ese miedo que te empuja hacia la vida, hacia lo que vendrá, el mismo que nos da la libertad, a los que nos atrevemos a buscarla, para así atraparla.

    Un Beso

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