Sin título

noviembre 27, 2007

Los días son grises, la lluvia es triste, los días son noches y cada vez más cerca la fecha que esperara que nunca llegara, la propia ausencia presente, qué grato fuera que estuvieras a mi lado para así tener nuestra completa imperfección, perdidos en nosotros mismos, yo en tu mirada, en ti mismo y tú en mi esencia que ha reemplazado ya a tu sangre.

Te extraño, te extraño tanto que la extrañez es tan indiferente a lo que siento…. y lo único que me hace estar de pie… por momentos… son esos recuerdos, tu imagen, tu perfume, tus besos, tus caricias, con esas manos que me han encantando por su letra, por su sentir, por esos dedos que me provocan ese éxtasis al escribir.

Hoy en este amanecer que en realidad no sé si lo es, me encuentro, pensándote, necesitándote, y aclarándome; porque todo parece igual…las gotas de lluvia caen y los libros siguen en el mismo lugar, porque cerré los ojos en un iluso creer que podría dormir, sin embargo sólo fue un parpadeo y aquí sigo, en mi cama una y otra vez volteando hacia esa ventana que es mi prisión que no me deja salir a volar, que no me permite tantas veces respirar, porque ahora me he confundido, y no sé si pueda salir a que la lluvia moje mi rostro, me siento atrapada en mi misma y los pedazos que quedaron los sigo buscando, pero lo que tengo ya no lo quiero romper ni perder.

Sí, lo sé soy una contradicción, un encanto y un rechazo a la vez, estoy dividida no en dos, tal vez en tres… no puedo discernir entre pensamientos y sentimientos, pero si estoy segura de algo…te quiero y te quiero a mi lado, como tantas ocasiones, quiero que tú seas mi felicidad, que tú seas mi razón para ya dejar de llorar, quiero que tú seas quien me defienda de esos demonios, estar tranquila y así dormir de nuevo entre tus brazos, bajo el clima frío de un casi diciembre, pero entre el calor de nuestros cuerpos.

Simplemente te necesito, me haces falta. Ya no rechazaré la no soledad ante la presencia etérea de ti…ante mí.

Más Espirales

noviembre 27, 2007

El vacío cada vez consumía más y más, en realidad las lágrimas me estaban secando, por dentro e inundándome por fuera.

Mi mente parecía por lo menos para mi, aunque en realidad no creía que así fuera, solo me sentía algo más “lúcida” en realidad ya volvía a escribir, ya podía leer, pero no podía salir, seguía hundiéndome de nuevo en esas espirales, de momento los mareos estaban presentes y cerrando los ojos ante un grito despavorido vi un torbellino, cual si fueran aspas de un molino a punto de sesgar con unos filos que significarían la muerte y me jalaban con tal fuerza, tanta como la gravedad hacia un abismo en una forma horizontal… esas aspas que eran grises y de un metal frío y duro, el fondo era negro.

Me tenían de nuevo atrapada y yo, no podía hacer nada más que tratar de moverme en ese espacio que era ingrávido, pero en realidad no me veía, sólo sentía el caer, el llamado hacia esa espiral ahora deformada que significó un desmayo.

Cuando desperté sólo tuve odio y coraje y vi las paredes blancas llenas de manchas, de manchas que escurrían, un líquido rojo y viscoso que en realidad era sangre, era mi sangre y el sufrimiento de haber sido cortada por el filo de un tipo de espiral que ahora ya me estaba consumiendo.

Y casi terminó conmigo.

Un Despertar

noviembre 27, 2007

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Desperté dentro de la oscuridad, el frío era poco, pero se sentía tan bien, yo estando bajo esas frazadas que calentaban mi piel, desnuda dentro de sábanas y rodeada por almohadas.

El olor, un olor delicioso fue el que hizo moverme… ese humo proveniente de un incienso de rosas rojas…me movía tanto hasta que por fin abrí los ojos y escuché tras la ventana como la lluvia caía gota por gota de una manera que parecía que tuvieran un peso tan profundo desgastante que las atormentaba y sólo querían caer, para así salir de esas nubes cerradas en un cielo abrumado por lluvia que pareciera un llanto casi estallante, las gotas de lluvia querían caer ante el asfalto gris, sucio y frío. Era lo único que buscaban.

 

 

De nuevo el tiempo pasaba y pasaba, se escuchaban los “tic tacs” de aquellas manecillas pertenecientes a ese reloj tan inexistente que sólo yo veía y conocía el sonido del pasar del mismo. De nuevo con los ojos cerrados y boca abajo entre mis almohadas y cojines, sólo daba vueltas entre las sábanas, queriendo que se detuviera, porque era como un martirio que esto siguiera y esos sonidos en mi cabeza eran intolerables, todo, excepto el frío y la lluvia que hacían calmar si no mis nervios, por lo menos mi angustia.

 

La lluvia y los días grises me ponían feliz o por lo menos eso creía, era una sensación muy placentera. Así lo sentía, eso me reconfortaba como las lágrimas escondidas entre las almohadas que se parecían a las gotas de lluvia cayendo en el vacío de una ciudad perdida. Una ciudad ensoñada y triste, llena de lágrimas, gris y con un olor a rosas…

 

Y con eso me quedo, esa sensación tan placentera que me vuelca hacia el esperado sueño tantas veces reclamado un sueño nuevamente, hacia una lluvia gris, un piso de asfalto frío, sucio, de tantas ciudades, que tan solo son una ensoñación, esos días nublados y grises que hacen que cierre mis ojos envuelta en una atmósfera de humo con olor a rosas rojas y es así como vuelvo a mi sueño, a mi eterno sueño para escapar de la realidad.