Por la blanda arena que lame el mar
su pequeña huella no vuelve más,
un sendero solo de pena y silencio llegó
hasta el agua profunda.
Un sendero solo de penas mudas llegó
hasta la espuma.
Sabe Dios que angustia te acompañó
qué dolores viejos calló tu voz
para recostarte arrullada en el canto
de las caracolas marinas.
La canción que canta en el fondo oscuro del mar
la caracola.
Te vas Alfonsina con tu soledad,
¿qué poemas nuevos fuiste a buscar?
Una voz antigua de viento y de sal
te requiebra el alma y la está llevando
y te vas hacia allá como en sueños,
dormida, Alfonsina, vestida de mar.
Cinco sirenitas te llevarán
por caminos de algas y de coral
y fosforescentes caballos marinos harán
una ronda a tu lado.
Y los habitantes del agua van a jugar
pronto a tu lado.
Bájame la lámpara un poco más,
déjame que duerma nodriza en paz
y si llama él no le digas que estoy
dile que Alfonsina no vuelve.
Y si llama él no le digas nunca que estoy,
di que me he ido.

¿Hacia dónde mirar?

diciembre 22, 2007

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Recordé que había atravesado ese gran y profundo océano, ahora el resplandor se veía en un ocaso, pero aún se notaba el brillar… llegué a mi presente, y ahora sentada, me giro y veo el camino que recorrí dos veces, mi pasado, si, mi pasado ahora quedó en su propio lugar, ya no necesito ir hacia él, lo viví, lo recordé y lo comprendí. Podría parecer que observo un horizonte que es el camino que ahora debo de seguir, pero no, veo el pasado, con un poco de melancolía.

Con nostalgia veo el mar, apacible y entre sus aguas tranquilas trato de fundirme para así aceptar lo que es, lo que hay, que no es si no el presente. Se funden en el mismo lugar, un atardecer y a lo lejos se ven estrellas que empiezan a aparecer, estrellas que alguna vez guardé dentro de mi misma para tener luz y resplandor a través de la oscuridad en la noche, cuando la Luna no se atrevía a acompañarme, ni a mostrarme su resplandor para orientar mis pasos, como la guía que era en esos momentos, la guía que ahora mismo es; los árboles se encuentran donde siempre, en el bosque, callados y sometidos ante los crueles rayos que en tormentas los atacan, ya no hay frío, no hay neblina, está el sol con su luz que lastima, lastima mucho, los ojos no resisten tan fuerza en su proyección y su calor hiere la piel, causando llagas que se secan incluso hasta llegar a convertir lo vivo en cenizas, pero ya casi termina para ceder su turno y darle paso a la Luna, no siempre estará llena, pero es tan difícil comprender que no hay perfección en lo sublime… Tal vez -pienso- si no fuera así no sería realmente perfecto como ya lo es…

En aceptar la Imperfección está la Felicidad. He aquí el porqué de no poder conseguir en realidad la verdadera felicidad o cuán difícil es de alcanzar.

La soledad vuela y se pierde entre los aires de este cielo surcado por nubes, por aires que hacen volar mi cabello como si estuviera bailando al compás de una canción que pareciera un poema. El Amor, el amor, en realidad no sé en dónde se encuentre, pero sé muy bien por quien lo podría sentir. Disfruto de incluso haber sabido de su existencia, ya que no creía en él, ahora sé que existe y eso (por el momento) me basta, más no me es suficiente.

Cierro los ojos y disfruto de una brisa en medio de una nada, en medio de mi, sintiendo los susurros de aquellas voces de un pasado en mis oídos que cada vez se hacen más y más débiles, hasta volverse silencio, hasta desaparecer. La tranquilidad se apodera de mí y yo ahora me siento en paz. Viviendo y perdida, pero sabiendo de dónde vengo y hacia dónde me dirijo.