Recuerdos

enero 15, 2008

Cómo te recuerdo, cómo les recuerdo…

Sí tintero y pluma tanto tiempo atrás, cuando me acompañaban en esas noches de luna, en una vieja mesa de madera pegada a la ventana y yo, con los dedos manchados por tinta negra chorreante, confundida con mi piel, blanca, siempre blanca sin darme los rayos del sol, y así parecía un ligero pero muy siniestro color índigo.

Esas noches en las que abría aquella ventana en la torre, y entonces sentía el frío atemorizante, y las palabras recorrían esa mesita, escondiéndose de las gotas hirvientes de cera que iban cayendo sobre ella, una y otra vez, pareciera que al mismo ritmo, al compás de alguna imagen que hubiera creado una melodía. Eso se veía, las imágenes provocaban esos sonidos en mi mente, ahora recuerdos en mis pensamientos.

La noche era siniestra y tétrica, no había nadie, pero yo estaba acompañada por ellos, por tintero y pluma, por hojas de papel, de varios tipos, incluso en algunos cajones guardaba pergaminos enrollados de lo que ahora serían mis borradores y mis sellos, tan notables con las iniciales de mis apellidos. Pero nadie sabía que yo estaba ahí. Todos pensaban que hacía mucho tiempo había muerto.

Y en realidad así había sido y lo que eran los lujos y las fiestas en aquellos salones de espejos como las demás ilusiones se habían convertido en añoranzas. Como todo lo demás. Los palacios se habían destruido por guerras, por luchas, y yo siempre escondida sin poder alcanzar la luz del sol.

Todo había quedado deshecho, las paredes se habían venido abajo y lo que antes era opulencia ahora estaba reducido a cenizas maltrechas.

Había pasado ya mucho tiempo y me dolía tanto ver la destrucción que estaba a mi alrededor, que no podía con ello, mi laúd tenía las cuerdas rotas y estaba en un rincón de esa torre, negra, mohosa, con una sola ventana, abandonada, sin una puerta, en realidad no sabía como había llegado ahí, supongo que cerraron todo lo que vieron que no tenía destino alguno.

Desperté en esa noche, cuando el viento abrió de par en par las corroídas ventanas y el frío me abarcó toda entera.

Fue entonces cuando caminando tambaleándome, llegue hasta esa mesa y vi todo aquello que era mi vida, que ahora es mi pasado, vi mis manos todavía manchadas por esa tinta y restos de polvo de zinc, para secar los escritos que mandaba. Y ahora lloraba y no lo podía detener, me dolía tanto recordarlo, ver lo que me hacía tan feliz, la música, mis escritos, aquellos viejos libros que estaban en otra recóndita esquina, formaron una etapa de mi vida, eran regalos de alguien que fue importante en esa época, ahora no había luz, todo era resquebradijo, gris, negro, con mucha humedad y frío y el viento helado no dejaba de golpear una y otra vez.

Todo dolía, dolía el despertar y encontrarme con aquello, que fuera mi gran ilusión, que fuera mi felicidad, que fuera mi vida entera, dolía, dolía mucho a pesar de ser simples recuerdos.

Me dolía estar muerta en vida, no poder salir y ver que en dónde me encontraba era una habitación en circulo, sin una salida, mas que esa vieja ventana, donde tantas veces estuve en aquella mesita, escribiendo, sólo inspirándome en lo que veía, en lo que sentía, en la pasión y amor que tenía, a todo y a todos, cuando había flores en aquellos jardines, esos rosales sembrados sólo para mi. Ahora la tierra negra y estéril.

De repente entró el viento más fuerte y con él se llevó varias hojas que estaban a medio escribir, de las cuales no se notaba ya casi nada, a causa de las lágrimas que habían manchado el propio papel mezclándose con la tinta.

Ya no me dolía tanto, me dolía más el recordar, el vivir ese presente que no sentía mío, sin embargo sentía que pertenecía a ese lugar más que a ninguno, porque hacía mucho, mucho tiempo, eso había sido mi felicidad, pero estando encerrada, sin poder salir a la luz del sol que era mi muerte y habiendo perdido tanto tiempo, ¿cómo podría recuperar una felicidad de tal magnitud?

Estando sola, sin apoyo, sin fuerzas, pero queriendo salir adelante…

Ya viviendo, despertando, entre recuerdos y con miedo, con las ruinas de un castillo dónde solo se erguía una torre, en la que parecía había una maldición, en la que me encontraba yo, de nuevo.

Viva

Porque bien dicen que recordar es vivir, aunque muchas veces es tremendamente doloroso.

en-el-olvido.jpg

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6 Responses to “Recuerdos”

  1. avellanal Says:

    Me gusta mucho este blog, porque encuentro todas tus reflexiones -en las que transmitís parte de tu interioridad-, verdaderamente muy sinceras. Y eso, de por sí, ya es valorable.

    Sobre los recuerdos, como dijo alguna vez Schopenhauer, lo ideal es tener un máximo de memoria para lo que nos interesa (para lo que nos hace feliz recordar), y un mínimo para lo que no nos interesa (para lo que nos acongoja).

    Por supuesto que podés linkear mi blog; muchas gracias por tal honor. Procederé a hacer lo mismo con el tuyo.

    Saludos.

  2. carla Says:

    linda como siempre me dejas sin palabras , me gusta leerte por que me transportas en tus historias, en tus poemas , tienes mucho talento , y quiero la 1er copia de tu libro autografiada para tu amigita la de los amores imperfectos desde londres…… un besito y ya te veo famosa princesa.

  3. Freddy Says:

    Me gustó mucho este sitio, pero entre tantas cosas no supe donde dejar un comentario tan general. Lo descubrí recién y me interesó bastante. Lo leeré cuando pueda… la verdad leo bastante los blogs y los posteo cuando tengo algo que decir, y este me encantó con sus historias.

    Saludos y nos leemos.

  4. hipogrifos Says:

    hola, no sé nada de ti, llámame…

  5. gabadennis Says:

    Siempre he creido que recordar es morir, es ahogarnos de nuevo en esa vorágine de sentimientos y de imágenes que se suceden una otra vez, volver de nuevo a las preguntas sin respuestas, volver a las lágrimas.

    Enterrar el pasado no funciona porque tarde o temprano volverá a nosotros con más fuerza para derrotarnos.

  6. ulic Says:

    siempre lo es (el doloroso recuerdo). Eso de que dicen que el tiempo sana no es tan cierto. Lo que hace el tiempo es hacernos olvidar. Olvidar cuánto nos duelen esos recuerdos.

    El problema es cuando nos abrumamos con ellos y no creamos nuevos recuerdos, recuerdos felices. Nos encerramos y hacemos de nuestras vidas una serie de acontecimientos poco memorables. Ese es el problemas, nos dejamos llevar por los recuerdos.

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