Cartas Intimas II

febrero 8, 2008

Mis noches parecen interminables, son secas y vacías, tan solitarias como yo. Esperando en cada movimiento (lento, pausado y sádico) de aquellas manecillas pertenecientes al reloj de pie en ese rincón olvidado por los suspiros, esas manecillas que a su andar sólo me miran y me atormentan.

Escucho música que ya sólo son recuerdos de vidas pasadas, leo cientos de hojas que tienen plasmadas palabras a forma de diálogos o monólogos que de tanto, ya me se de memoria.

En esas madrugadas me recuesto, porque ya no estoy en el bosque, ya no quiero salir, enciendo las velas que no iluminan mi oscuridad, sino acrecentan las llamas de un infierno consumiente y calcinante. Percibo un aroma a rosas, siempre el intenso aroma a las rosas rojas que no existen más que en mis memorias que no tienen recuerdos.

Doy vueltas en la cama, tan grande y tan vacía, me retuerzo entre las mismas sábanas, hundo mi cara una y mil veces entre aquellas almohadas rellenas con las mismas plumas de cisnes, las mismas que han estado empapadas por el sudor de una agonía, por el sudor de un deseo, por las lágrimas de una felicidad, por el despojo de la misma vida para así obtener la eternidad; pero ¡NO! no lo consigo.

No os consigo apartar de mi, os pienso sin yo quererlo, os veo sin tener vuestra presencia, os noto en la misma ausencia, os recuerdo en la misma memoria inexistente ya. Os siento mi señor sin teneros junto, veo vuestras caricias sin sentirlas y soy más que vuestra por instinto, por horas, que son ya tan inexistentes como en ese momento en el que me entrego a vos, que sos ya el dueño de mi tiempo.

Entonces de un estrépito, de una súbita e infame caída, es cuando abro los ojos y me provoca un impacto tan fuerte, como lo es el caer a la realidad y ver que ya está amaneciendo, que sigo con mi soledad y ahora sin vos, y ya lo único que noto es que aquella música no me ha dejado, nuestra música no me ha dejado.

Tiro las sábanas que poco me cubren, me incorporo y camino en dirección al ventanal, para así contemplad la primera estrella, esa que es de la mañana, aún antes de que el Sol se asome en esta efímera realidad y con mis dos brazos me sostengo de los frágiles cristales y así os pienso mío, os siento mío y las lágrimas vuelven a brotar, incontenibles una vez más; me siento desfallecer, porque no estoy a vuestro lado, porque esto no es vida y ya la cama no es la misma sin esa tonada y esa piel tostada por la que moría cuando con unas cuerdas en aquella lira entonaba notas y cantaba para mi, como en otras madrugadas, mientras vos mi señor te deleitabas viéndome desnuda, recostada de lado, como lo he sido tan sólo para vuestros ojos.

Sentado en esa orilla desgarrando por deseo, por un igual, con mis ojos brillantes y mi sonrisa cadenciosa que sin vos no es igual, con unos labios carnosos, sedientos y hambrientos, ya vuestros al igual que los deseos que me invadían hacia nuestros cuerpos.

El cabello caía sobre los hombros, sobre la piel, mis rizos flotaban sobre mi espalda, sobre vuestra piel y vos me veíais jugar, entre sábanas, entre cojines y almohadones con una sonrisa siempre escondida tras un rizo que no dejaba penetrar tu fuerte mirada, pero sí tu inminente llegada; porque era cuando no podíais más y en un grito os avalanzabais hacia mi, sobre nuestra antigua cama barroca y conformábamos uno solo, y me hacías reir, me hacías sudar, mientras jugábamos una y otra ves más.

Esas eran nuestras noches de Luna Llena Eterna, tan eternos como lo somos, y así ebrios de éxtasis, con aliento a sudor sabor a sal, vos con mi olor como un rastro que te marcará (como lo has dicho mi señor) perteneciéndonos, amándonos, así estábamos. Disfrutando de como el tiempo se detenía, hasta ver nuestra rendición en una lucha sangrienta, encarnizada y con placer, pero con pasión y eso que le llaman AMOR.

Y sin saber cómo, quedando fundidos, en uno sólo hasta llegar el amanecer, el ver el comienzo de un nuevo día, dónde ya no estuvimos juntos, donde nos perdimos, porque el tiempo volvió de nuevo y nos separó.

Y entonces estas, ahora son mis tonadas, las de aquella nueva canción que con profunda devoción pienso, cuando estoy de nuevo aquí ante vos y ya sin pensar, ya sin sentir, sólo puedo o ni siquiera discernir – ¡ay! De mi-

¿Qué haré? No lo sé.

En esta noche sólo sé que os quiero a mi lado en esa cama, con aquella máscara en la cabecera.

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Amor Realista

febrero 8, 2008

“Ir sin amor por la vida es como ir al combate sin música, como emprender un viaje sin un libro, como ir por el mar sin estrella que nos oriente.”

“Las gentes propensas a la melancolía son las mejor dotadas para el amor.”

STENDHAL

Nada como el realismo para muchas veces superar la vida misma.