Arboles Nacidos en el Mar

febrero 11, 2008

La oscuridad se mece entre las olas del profundo y abismal mar, la luna lo acompaña siendo la ejecutora de sus movimientos, de esas tempestuosas subidas como calmas bajadas, que siendo a veces tardías provocan muertes inusitadas.

La luna es quien provoca como sigila aquel malestar, aquellos movimientos del oleaje, en dónde ha crecido o descendido, ese… el mar.

La noche reina en su silencio, se siente el frío, el mismo frío del silencio invadiendo todo en derredor.

Se escucha una alegre tonada que evoca la dulce voz de una melancolía, abandonada, gris, temerosa como frágil y asustada.

A lo lejos de aquella estación se escuchan rumores, entre el viento y su pasar, que van diciendo algo sobre árboles con sus copas colgadas en el mar, aquella voz, siniestra como elocuente, de la que nadie conoce el mismo acento, ni siquiera su acertividad, es perteneciente a ella, su diosa enterrada viva entre las más furiosas olas, dentro de la más profunda arena, dentro del mar, una sirena errante, buscando un bosque y su llanto, más no su canto, son ciertos susurros que se escuchan en el lejano pasar, como cual tristes gaviotas en un majestuoso y tenso volar, sin alas, sin vista ya.

Entonces se denotan ellos que se han cruzado con el viejo, el triste y muchas veces furioso mar. Pero ellos no pertenecen a él, pertenecen a los mismos árboles, que han nacido del vientre de aquella mujer ya acaso inexistente.

Los ríos siguen su cause, siguen pasando por esos conductos, aunque desde mucho atrás estén secos y no tengan ya nada que otorgar. Aún persisten y los árboles en sus ecos los reconocen, cuando son iluminados por las luces de aquellas luciérnagas escondidas en esos bosques, junto al mar; árboles nacidos en la temida oscuridad, palidecen cuando de sus ramas cuelgan cabezas que ya no han de pensar más, pero que sigilan a los cuervos, cuervos de la noche, gaviotas del día; mientras esos ojos de mirada retorcida los ahuyentan clavando dagas y puñales para que no los coman, y así puedan liberarse de su agonía: el poder todavía observar, sin ya poder ser, mucho menos estar.

2 Responses to “Arboles Nacidos en el Mar”

  1. Mckbra Says:

    Wow mi Vampi, excelso, mi parte favorita la última de los cuervos d enoche, gaviotas de día y los ojos de mirada retorcida ahuyentan y clavan dagas y puñales… para evitar su agonía… Me vuelves a encantar. Excelente lunes linda. Besos. Iluminas mi día, te lo he dicho?

  2. Vampiresa Says:

    Las Miradas retorcidas, como cierto tipo de muecas, son inevitables en muchos casos, como en muchos otros agradables o dado el caso escalofriantes.

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