Misterio

abril 10, 2008

Y si el velo me oculta

Como yo me oculto tras él…

Tras su seda oscura y misteriosa

Que da placer a quien se sumerge en la profundidad de mis ojos

Cuando escuchan todas las palabras que salen de mi interior

De mi misma, de mi otro Yo, de mi Mente

¿Y qué si ese es el velo que es mi oscuridad?

¡¡¡¿Y qué si es lo que me da felicidad?!!!

Alas Rotas

abril 10, 2008

Las alas daban una invitación a volar, pero esa invitación invocaba a una inminente caída, a un inminente final. No quiero mi final caída, no ya no.

Estoy en el mar, no me gusta, sin yo quererlo me convertí en un ángel, en un ángel negro desfigurado en una sombra gris, resignada a lo que no es vida, a lo que no he podido ni podré recuperar, un ángel caído, un ángel con espíritu de demonio, por no dejarme gobernar, por ser yo y esa es mi condenación.

Así que decidí, frente al mar, quitarme esas alas que tenía y que ya me estaban haciendo demasiado daño, porque no quiero volar, porque no quiero caer, no quiero caer una vez más, las heridas son demasiado graves para tener de nuevo esa luz, iluminando las tinieblas en dónde me he encontrado, esas alas que significaban los sueños que los humanos tienen para estar arriba y más arriba una y otra vez…

Ahora frente al mar, en un acantilado, he decidido, junto a el gran estruendo que provoca el viento, y el remojo de las olas entre las nubes, con un cielo gris, las arrebato de mi ser, para poder llegar hasta donde tendré que llegar, en mi camino, pero no volando.

Sin alas y duele, el dolor sale de mi espalda, como lo ha salido siempre desde esta terrible e infame transformación, el aire, el frío, se siente su furia y yo me estoy quemando por estas lágrimas que me hacen pensar en el que será un presente de aquí en adelante que se convertirá en mi futuro o por lo menos eso quiero imaginar mientras sólo veo al mar que ha sido tan atacado y está tan solo o más desolado que esta pobre alma.

Un ángel negro, ahora ya gris con los parpados cerrados ha decidido, arrebatar sus alas, en la oscuridad de un día, que no parece más que un minuto más. Y así frente a estos acantilados digo adiós.

Y ahora comprendo el porque no volar, el significado de las alas que nunca me gustaron, el llegar a la cima a través de un vuelo ilusorio, como lo son nuestros propios sueños y la caída, tan fuerte y dolorosa como el despertar.

El tener alas sólo implica tener sueños rotos, desear algo que jamás se logrará conseguir, sin darme cuenta, yo tenía alas, pero estaban escondidas, estaban atadas y de repente con tal fuerza como voluntad del propio espíritu, se desprendieron para así volar, y ver todo desde arriba, ver mis sueños realizados sin cristalizar todavía, frágiles y pensando en el futuro de lo que no sería jamás…

Al caer dentro del mar, de las escolleras, me lastimé profusamente y así fue como me separé de mis alas, para ya no seguir soñando, ya no seguir creyendo, porque creer significa tener fe, y ahora no puedo ni tener fe en mi misma, porque lo he tratado todo y nada me ha funcionado, las palabras de lo más conocidos suenan como ecos en los horizontes que son los años, que son tantos años y ahora los escucho a lo lejos, casi desfigurándose como mis propias ideas o mis incluso ideales de una vida insignificante que no fue, que no existió desde siempre.

Se escucha el sonar de ecos que me indican que todo pasará y que todo mejorara, pero si ellos no han podido ayudarme y yo he sido la única que me he podido levantar, ahora para que levantarme más, si no he conseguido nada de lo que nunca tuve, si lo que tuve me lo dieron ellos y así caigo dolorosamente a la realidad y manifiesto mi dolor, al rasgarme la cabeza con ideas ya sin ser confusas y mientras las palabras toman forma de lágrimas yo veo que en realidad no hay nada y me convertí en lo que no quería.

El ángel negro se ha ido, sus alas se arrancaron de su espalda para ya no ser una más de ustedes, que es lo peor.

Las alas se han ido, se fueron ya, la marea y las olas se las han llevado y yo, sólo siento el dolor en mi espalda llorando con sus lágrimas rojas recorriendo mi espalda, viendo lo que será que no fui y que se que no recuperaré, pero quiero pensar que podré tener.

Viajes

abril 10, 2008

Estuve ausente por mucho tiempo, en realidad no me sentía a gusto con lo que pasaba a mi alrededor, con lo que pasaba en mí interior.

Es muy difícil adaptarse a estar en ciudades que son desconocidas y que en realidad han estado ahí desde hace mucho tiempo y después de media vida o quizás más, las encuentras.

Estaba fuera de mí, fuera de lo que era yo y tenía mucho miedo, era una vacío en el cual no me podía sostener, porque en realidad no había nada, más que el pasado, los recuerdos y eran demasiado dolorosos para estarlos viviendo de nuevo en algo que era lo mismo pero ya sin serlo.

Todos habíamos cambiado, y lo que más me hería era ver que seguía sola. Cómo me encontraba.

Las mesas y el olor a café seguían en el mismo lugar, el sonido de las voces que nos seguían con miradas estaban dispuestas con sus flashes a cegarnos y nosotros reunidos de nuevo, reencontrándonos, siguiendo con nuestra esencia, los libros, la historia, el arte, los años, las remembranzas y todo lo que había quedado atrás que estábamos recuperando en esos efímeros instantes.

Sólo escuchaba sobre una desaparición, sobre alguien que ya no existía, y en retórica pienso que por eso era la extrañeza de esos momentos.

El recorrer calles vacías, el escuchar el pasar del viento y sentirlo en mi piel, a veces con calor, con furia, otras veces frío, helándome, triturando mis huesos casi. El poder escuchar esas imágenes reflejadas en mi memoria como recuerdos a los que me he querido aferrar pero que sé que no regresarán, ya no, no regresarán jamás. Es difícil, muy difícil de aceptar y duele.

Regresé y de nuevo a mi encierro, sin ventanas, sin sol, sin penumbras, sin oscuridad, sin ser yo, sin ser alguien más, sin nada, con todo lo que ya había perdido y me hundí. Ya no quería más.

Hasta que decidí dejar al pasado, y no olvidarlo ya que me ha dejado unos aprendizajes tan profundos y sublimes como dolorosos que no los cambiaría por nada, ni siquiera por un momento de felicidad. Sólo caminar junto a él y estar en lo que soy, en mi presente y nada más.

Por un momento lo pensé así… ahora ni siquiera puedo pensar, ya no puedo sentir, todo se ha agolpado en el cerebro como la sangre que brota de mi corazón ya inhumano, sin discernir, sin estar, sin ser, extrañando lo que fui y lastimada por quien murió, por quien soy…

Sólo sé que estoy sufriendo y mucho.