Los Girasoles

mayo 16, 2008

Una noche te pregunté por los girasoles y me respondiste que casi estaban terminados, Otra noche te pregunté qué como iban ya y me respondiste que ya estaban mirando hacia otro lado.

Tenías razón y no me di cuenta, el invierno estaba por terminar y el sol ya estaba saliendo, el sol los había cambiado de dirección, una dirección en la que no estábamos tú y yo.

Nos perdimos, nos hemos perdido tantas veces que la fe que sostenía en ti se ha ido, conforme han ido cambiando las estaciones y la fases de la luna, ya no puedo creer en ti, ni en lo que me dices, no puedo ni creer en lo que alguna vez fuiste o fuimos.

Tomamos distintas direcciones, en primera porque yo lo decidí, en segunda porque así debió ser, en final para al mismo tiempo irnos separados y supuestamente felices, éramos tan, pero tan parecidos que hasta ahora veo que en verdad sólo éramos los ecos de un pasado, un pasado de un presente que no existió jamás.

Sé que en las noches me buscas, se que hace mucho te dejé de buscar, las pinturas de Goya, y de Van Gogh, no hacían más que recordarme tu justa ingratitud, no hacían más que viera en realidad lo que no quería ver, aquel que era más físico e instinto, aquel con quien compartí mis días y mis noches, aquel que me hacía llorar por días enteros como lo hago ahora al pensarte.

La última vez que nos vimos, nos vimos diferentes, seguíamos en nuestros cambios, en los que sin darnos cuenta teníamos a la vez, al percatarnos de lágrimas que no podrían ser de alegría sino de un odio enfermizo, o un amor ya odiado, en verdad no lo sé.

Por las noches, cuando estoy sola, por mucho, en una desesperación agobiante y contrastante sigo saliendo de la torre, de aquella torre en la que he estado por tanto tiempo y mientras bajo las escaleras en forma de caracol, esas escaleras de piedra, me doy cuenta de que salgo a buscarte, aún cuando mi destino me enseñó a dejarte, ahora busco un recuerdo, entre el bosque negro, mientras el aire helado refresca mi cara y con una vela chorreante por la cera me va quemando la piel, voy sujetando mi vestido para no caerme, veo el claro de luna que resplandece sobre ese lago que fue el primero, donde ya no hay cisnes, donde los cisnes ahora están muertos y encuentro recuerdos de lo que era un estudiante, de lo que era un monstruo que descubrí, al hacerte llorar sangre por el dolor que te partió al yo irme y dejarte para convertirte en lo que eres y cobrar tu venganza.

Pero ya no quiero más salidas en esas noches, ya no quiero buscarte, ni quiero sufrir, ya no quiero recordar tantas y tantas veces cómo te esperé, como posé para esas pinturas, ya no quiero correr, quiero estar en mi castillo y si me tengo que encerrar con candados y cadenas lo haré, porque ya no te perteneceré y sé por todo que no me buscarás más.

Tus palabras son lo más vano que tengo ahora en mi vida, en lo que digo que era mi vida, ya no las creo y sólo me laceran como dagas filtrándose por mi cerebro para así herirlo y en forma de una lobotomía inhumana haciendo lo imposible para olvidarte y no sé como lo haré, no sé como hacer que no me lastimes si ya no estás, en realidad no lo sé.

Pensé que me hacías falta y ahora sólo veo que por tantos años, por vidas y muertes que hemos compartido, por una misma cama y una máscara comprada en un viaje ahora rodante en el fango, veo que no fue real, o así lo quiero pensar, para poder algún día salir al mismo bosque negro y ver la luna, entre la lluvia y ese lago donde yacen los cisnes muertos, y sentir el goteo de esa lluvia en mi rostro, pero ya no pensar en ti, ni extrañarte más.

Para así tener el recuerdo de los Girasoles y la Maja Desnuda en mi habitación, pensando que ya no hay nada, ni hubo nadie detrás, porque es lo que quiero. Mirar el sol y dejarte pasar, como esos girasoles que te dejaron de mirar.

La Tarde

mayo 16, 2008

La tarde de hoy era gris, había un fuerte viento que hacía estremecer a las nubes, y hacerlas correr, como huyendo de él. Siempre huyendo.

El día se mostró gris, el Sol ahora estaba escondido y por más que esperé la lluvia, llegó la noche y con ella unas gotas, al escuchar recuerdos entre los que ya no quería existir, unos recuerdos que me dolían todavía.

La noche por primera vez iluminándome con su luna en el cielo, y yo mirándola desde aquel viejo y polvoriento balcón hacían que esas gotas cayeran al suelo, y tronaran como si de pesadas rocas se trataran.

Pensaba en ti, y me sentía desfallecer, serán las fechas, será la noche y su luz en medio de la oscuridad, la que ahora no me da felicidad, en realidad no sé porqué, creo que tampoco me interesa saberlo, creo que ya no puedo con más carga.

Estaba en ese balcón lleno de polvo, telarañas, hojas secas de árboles muertos de muchos siglos atrás y mi cabello estaba recogido en un moño, yo tenía una bata de seda negra que hacía ver mi piel todavía más luminosa y entonces levanté la mirada y vi que esas tonadas emitidas por el caer de aquellas piedras, no eran más que ríos que ya salían por mis ojos, por el recordar, por el querer olvidar y por no poder hacerlo.

Vi el jardín, detrás de él el bosque, aquel bosque negro en dónde había un lago con cisnes, aquel dónde te llevé y fuiste el primero que conoció ese lugar secreto.

Tomé mi bata con una mano, sequé esas lágrimas de rencor y con despojo las tiré hacia un vacío, al que no volteé más.

Mis pies descalzos siguieron el camino que debía de tomar, y me dirigí a mi habitación, las horas habían pasado, sin darme cuenta y esa tarde como los recuerdos se habían terminado.

Mis Lagunas

mayo 16, 2008

Esos ojos se transforman, se siguen transformando con el tiempo, de un azul, a un verde, por momentos, por instantes constantes.

Esos ojos son dos lagunas, en las que me quiero perder, en las que me quiero hundir para ya nunca salir. Nadar entre esos nenúfares y rodearme de las miradas de quienes se sienten ninfas, que son inexistentes para los demás, incluso para ti, al no verlas jamás.

Adoro esas lagunas que por fuera son verdes como si estuviera ante un cuadro de Monet, son verdes por el moho que provocan las lágrimas de tanto dolor y de tanto sufrir, por tanto amor.

Tengo los ojos cerrados por tu misma mirada, ya no veo, y ya no me importa, me has cegado con el resplandor y la magia de tu mirar, porque no necesito palabras, tan sólo fundirme en tu mirar y ser lo que necesito ser para ti y de nadie más.

Esas lagunas que son mi muerte, que son mi última sonrisa, dentro de las cuales desaparecí.

Y ahora dentro de ti, veo a la gente pasar y como se clavan en tu mirar, y lo entiendo muy bien, porque tú antes lo dijiste, de tanto verme, me he quedado grabada en tu retina, pero no sabes, que ahora ya desaparecí, que me fuí, pero sólo para fundirme en ti, y para estar más cerca de ti, para que los demás vean la magia de lo que se ha convertido lo que somos ahora, en uno solo.

Porque cuando te ves en el espejo, ahora sabes que me tienes tuya y me ves nadando entre esas profundas y frías aguas, brillando en tu pupila al hacerme parte de ti.

Porque ahora se quieren apoderar de esa mirada, porque es una bella mirada que refleja lo que es el amor, y la unión de quien está y de quien desapareció.

Tu mágica mirada que es en la que me quise perder, para no saber más, ni huir jamás.

Esas lagunas fueron donde ya no me importó perder, incluso perder mi ser.

Mi última morada, porque tu mirar es mi muerte, mi muerte por un deseo ya consumido entre dolor y fatiga, cansancio y desasosiego, en dónde quise estar porque ya no podía más con un vivir y menos sin ti.

Porque me quise fundir en aquella mirada, dulce como atormentada, como vibrante y deslumbrada, siempre melancólica, pero así lo quise porque me lo dictaminó un eco yaciente del porvenir, ya que no sabía que decir, ni pude hacerlo; no quedaba más que fundirme en ti, hundirme en tu mirada y nadar para siempre en ella, para así ya no separarme de ti jamás.

Y por los años ser tuya y ser quien forme parte de ti, tú en tu mundo y yo sumergida en esas, en aquellas mis lagunas, de las que no quiero salir porque son de ti y fueron ante mi, mi rendición, ante este mundo, ante el cual no quería pertenecer.