Hambre de Sofía

mayo 28, 2008

Furia intempestiva que arrancabas mis pensamientos, cual filosas dagas yacientes en los subconscientes de quienes no pensaban o se negaban a ello.

La mente ahora buscaba, quería, no se cansaba, pero dolía y en arrebatos se reencontraba con un pasado del que a poco se acordaba, como del presente que ahora mismo resucitaba.

El alimento estaba infestado de fuerza, rencor y venganza, de querer y de poder, de ansias.

El fuego se encrispaba en flamas procedentes de velas ya incendiadas, de cera que ahora ya escurría por esas cornisas formando estalactitas de pensamientos, una lluvia, si una lluvia de ideas.

La tempestad había comenzado y ya no se podía detener, el aire avivaba las masas de nubes en las que entraban palabras, aforismos, silogismos y fórmulas de las que no se había hablado jamás, de las que apenas se estaban formando entre renglones de un libro que no existía, de lo que yacía dentro del gnosticismo.

Pensamientos huecos basados en una nada, ahora eran todo, todo lo que me rodeaban.

Podía más, lo sabía, más el alimento decantaba y se hacía menos denso, con un sabor dulce y tormentoso que era un desgano y unas lágrimas, con un grito desgarrador y ahogado como agonizante que hacía a la garganta resecarse y arder, tras verse hundida en sangre, ahora seca, con unas cuerdas mudas.

Hastío, Fastidio, Perfección

Imperfección, Odio, Recuerdos

Maldición y una Rendición

Ante lo que sería… ante lo que será.

Partícipe en ello, sin dejarme envolver entre hilos de una telaraña, más siendo presa de una red filtrada por la noche convertida en resplandor, en una red que formaban las estrellas, las constelaciones… sin mi guía y escuchando lo que no se oía.

El temblor persistía, el hambre por ella, por Sofía, me consumía.

El tiempo me deshacía y yo ya no hablaba, nunca he hablado…

Más siempre lo he dicho de mi propia voz:

“YO NO HABLO, SOLO ESCRIBO…”