Es Junio

junio 4, 2008

Las horas parecían incalculables, en realidad no se sabía cuánto tiempo había pasado.

Los relojes habían explotado en ellos mismos por no soportar tanto y tanto, como el dolor que significaban esas maneceillas que se incrustaban entre lo que fueran unas golondrinas.

El verano ya estaba aquí, se demostraba con un aire impávido, un viento que estremecía las olas que se veían desde esa ventana que daba hacia el mar. Aquel sucio, negro y traicionero mar.

La luna estaba escondida, las nubes que parecían unos halos de fuego que la seducían y así, ya no se pertenecía a ella misma; el cielo lloraba desconsolado, como a alguien que ya no tiene lo que nunca ha tenido pero siempre ha deseado.

Esa lluvia llena de lamentos con tanta fuerza, y tal estremecimiento que hacia hilvanar deseos de una ilusión, ya en un vacío, desde aquel, en el que una vez se vio la luz, aquel del que nunca más se pudo salir, ni escapar. En el que permanecía en soledad y oscuridad.

De nuevo era junio, y los despojos de los restos que eran no más sino destrozos se dejaban ver, ante ti, ante mi, ante nadie, ante los árboles meciéndose, ante las ramas de las hojas volando al viento… llegando al suelo.

Ella se preguntaba mientras veía el pavimento, porqué se sentía eso… si acaso significaría la llegada o si era la despedida de lo que nunca quiso. Si acaso se estaba percatando de lo que era la vida, ahora por sí misma.

Pateando charcos, fundiendo imágenes de pensamientos en los reflejos borrosos, como fangosos que impregnaban ese aire con su olor fétido, ya podrido… un agua estancada…cuando se sabe que el agua es libre… que el agua debe de correr.

Aún cuando corra entre las manos y como el tiempo se nos vaya, y no sepamos en dónde ni cuántas lágrimas derramamos…Eso es simplemente lo que se siente. Lo que los sentidos ante los demás perciben.

Porque el tiempo sigue, y el agua no se estanca, las manecillas siguen girando (aún sin ellas ni nosotros quererlo), y esa agua se transforma en gotas grises en lluvia, en aguas que dan a los ríos, al mar, en aguas que tarde o temprano, de una u otra forma desaparecerán.

Como lo hicimos, para siempre, pero también para volvernos a reencontrar.