Surrealismo en Verano

julio 14, 2008

Vivaldi no podía ocultar la fuerza que un verano trae

Más la premura se percibe en sus notas

Como una desesperación

De algo que acaba o que acabó

No todos los veranos son iguales

Los hay con huidas y desolaciones

Tras desapariciones

Entre bosques, y sin colores

Colapsando entre su verdugo

Uno que viene para quitárselo

El que es gris y por el que

Las hojas como otros seres caen

Con lluvias de fuego

Con lágrimas hacia un desapego.

Un ímpetu de fuerza

Llevado tras el viento

Destrozado por su fuerza…

Verano II

julio 14, 2008

Iba caminando por un sendero que no tenìa rumbo ni camino despejado. Sus pies denotaban temor como aflicción, pues en cada paso que daba, ella se tambaleaba, y miraba hacia atrás, queriendo escapar de algo, con una fuerza que hacía que el dolor la sucumbiera ante muchas, muchas caídas.

La noche era negra como ninguna otra y el frío de una muerte se sentía en el revoltijo de sus bucles, ahora ya marchitos, despojados de belleza, ahora nudos por el viento que la tenía como su presa, dominándola y sintiendo rasguños de esas varas secas que iba tronando al pasar, que la iban marcando, ya que su piel era cubierta de sangre por unas afiladas uñas que salían de entre las hojas secas, de unas manos que no podían sino estar ya muertas. Ella corría, sin saber a dónde iba.

Habiendo dejado todo atrás por querer tener algo, que sabía, pero que bien, no lo podría obtener, ni le pertenecía.

Los árboles susurraban a gritos que esto tenía que acabar, no les gustaba su prescencia que era lo que los hacía segundos protagonistas y entre enredaderas como hiedra venenosa, la dejaron fuertemente sujeta, aprisionando sus huesos, casi triturándolos, y en su blanca piel aparecían las llagas y un tono rojizo, entre espinas y veneno.

Más ella con sus dientes afilados entre aflicción y coraje, destruyó esas cadenas que no le permitían seguir,  que la lastimaban y la herían, que poco a poco envenenaban más su alma, a través de los porros de su piel y así, rompió ataduras y con dolor, con sangre y en una noche dónde había sido perseguida, ahora se encontraba en un rincón que para muchos parecería un claro, en el cual recordó mucho de su pasado.

Sus ojos eran brillantes, reflejaban un brillo inigualable, más parecían de sangre, ya que esas lágrimas no eran pertenecientes a un ser humano… esos ojos demostraban rencor, furia, dolor, miedo, nostalgia, melancolía, impotencia y soledad…

Ahora sentada bajo una oscuridad, envuelta por el halo de una bruma de verano en el bosque, sabía lo que debía de obtener como encontrar. Y no se daría por vencida, no en este intento, que ella misma tenía que cobrar.

Ella ahora tenía que matar.

Despertar

julio 14, 2008

Y entonces lo sentí

Estando todavía cubierta

Con mi total desnudez

Estiré la mano hacia un vacío

Y fue cuando percibí

El blanco frío

Y el dulce sabor de la Muerte.

25 de Marzo/2008