Un Naufragio

julio 15, 2008

A la deriva, entre peñascos y riscos, mientras la lluvia de mayo, y junio se convirtió en una tormenta, una tempestad que no dejó ver la noche, ni el día, siendo que todo lo volvió gris y triste, sin poder desaparecer esas gotas.

Mirando hacia un vacío que tenía más de lo que pudiera imaginar, una libertad.

Había frío y sólo lloraba con mi rostro marcado por gotas secas y negras que ensombrecían mi piel blanca, casi de porcelana, enmarcando las cuencas de los ojos llenos de sangre y los labios carnosos, a punto de reventar, mientras el mar se enfurecía más y sus olas atropellaban a esas rocas con rencor, como queriendo recuperar lo perdido.

En mi garganta ardiente, se escuchaba un alarido, que era del que me quería despojar, más no había nadie.

Ya me había ido, me lancé hacia ese abismo, hacia esa caída, no importándome ya nada, sabiendo que abriendo los brazos y sentirme caer por metros y metros tendría libertad y no me perseguirían más.

Todos ellos, los pensamientos, los ecos, las voces, mi pasado, mi vida, mi futuro, mi presente, yo misma.

Y al caer vi que el agua no era azul, tampoco gris, pero mis ojos seguían derramando líquidos que se confundían y ahora no eran negros, eran rojos… mis lágrimas eran sangre seca, reseca entre mi faz, cuágulos acumulados por tanto llorar, por el querer vivir y el recordar. Sin poder hacer nada y siendo una carga más.

Fluídos salían por mi nariz y por mis oídos, sabiendo que era mi final, que mi cuerpo por dentro estaba destrozado… más no sentía nada. El dolor me tenía totalmente entumecida y no me podía levantar.

Me había dado cuenta de que ese mar era provocado por mis lágrimas, esas que no me dejaban ver, y en las que me estab hundiendo sin yo saberlo. Sin querer nadar o siquiera flotar para así rescatarme. Sólo quería hundirme, tocar fondo de una vez, o una vez más y no renacer ni reaparecer jamás.

Era tanto el odio que provocaban esas olas, que quemaban y hacían que barcos se volcaran, los marinos a lo lejos veía que morían y mientras el cielo se oscurecía, veía que esas, que antes eran gaviotas, comían su carne muerta y sacaban sus ojos dentro de un naufragio provocado por mi ira, maldad, coraje y mucha tristeza.

De repente un remolino se formó a mi alrededor y sin fuerzas me sumergió en él, en sus entrañas, para así desaparecer, eran espirales y sólo saba vueltas y vueltas respirando dentro del agua, sintiéndome presa de un ser anónimo, que quizá era lo que buscaba.

Un rescate (sin darme cuenta) dentro de ese naufragio; ahora ya no pensaba, pero tenía miedo, puesto que no había alcanzado mi objetivo y no sabía cual era mi destino. Ahora no sabía qué hacer, pues ya no tocaba fondo, ni me enconraba a la deriva, pero era una cautiva y tenía que salir de ahí.

Al costo que fuera y luchando contra quienes amaba y a quienes odiaba.

Pues este naufragio lo había provocado yo, y sin morir, sin sentir, lo único que quedaba en mi ser era una sed, aplacada por mis propias lágrimas y por mi propio caer, por ilusa, por creer, por desear, por amar y querer crecer, cuando ni siquiera me podía ver.

Era lo más triste que pasaba por mi mente, cuando sólo daba vueltas y entre mares, provocando mareos y fiebres en aguas heladas, recordaba que preguntaba cómo era y me decían que bella, que era preciosa… más no podía creer, sólo quería ser yo, la que murió antes, la que ahora no se podía ver, la que estaba atrapada entre espirales, llorando sangre y dejando muertos a cada tanto… sin saber en realidad en dónde estaba.

Si en su mente o en su tormento… sus recuerdos y su presente.

4 Responses to “Un Naufragio”

  1. kiram Says:

    Buf… Muchas cosas por comentar y poco tiempo…
    Seré breve, a veces se ha de morir para renacer, ya que el sufrimiento es tal que sin quererlo, llevas al fondo a la gente a la que quieres, y ésta por querer rescatarte, sólo consiguen que te hundas más.

  2. Vampiresa Says:

    Toda la razón, a veces por querer ayudar, nos hunden y nos atrapan más.

    Lo de morir para renacer… creéme, lo tengo bien aprendido, grabado en carne viva…

    Gracias por leerme!

  3. Daemonicus Imprimatur Says:

    ¿Acaso no morimos todos los días? ¿Acaso no renacemos todos los días? ¿Acaso no es la vida la antesala de la muerte?

    Esupendo post, bebiendo de los clásicos románticos, pero con tu sello inconfundible.

  4. Vampiresa Says:

    Los clásicos se llevan en la sangre… perteneciente a muchas generaciones…. ficción, historias, realismo, magia… vida, muerte y quizá en un rincón oscuro esté yo 😉

    Gracias por todos tus elogios!!!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s