Hoy

octubre 21, 2008

Desperté dos veces, una para darme cuenta de que estaba sufriendo y cómo me dolía.

Otra para darme cuenta de la realidad, cruel sucia y bastarda realidad.

Cuando pensé que no pensaba… la mente racional vino a mí y dije algo que quizás no tendría que haber dicho… mis huesos están adoloridos y no me puedo mover, el estómago no es un órgano, es una masa de tejidos sangrando, sólo eso.

Me quebré de nuevo, me quebraron, una, dos, tres, cuatro veces y más… me perdí en un abismo de oscuridad y ahora no tengo nada… quedé en dónde no me puedo mover y enferma, ocultándome de los demás… callando mi dolor en gritos de desesperación, refugiándome en libros, en cuentos y en leyendas.

Me dijeron poeta… me dijeron amor, me prometieron y yo creí, caí en una vil trampa… la peor, la de los sueños… volar para después caer.

No hablo de un amor, como lo podrían considerar la mayoría, no hablo sólo de un hombre, hablo de mí y de lo que aprendí, de lo que quiero y en lo que me esmero…

Nunca vi que esa rosa tan bella estaba llena de espinas… me cegué y mis manos apenas y pueden escribir… no tengo voz y en la noche, como en el día, todo es gris, oscuro y se está con soledad… con recuerdos.

Con voces que no tienen nombre, con castillos sin pilares, con fuentes secas, con angustias y congojas… con dolor y amor que nadie acepta…

Fuerza incalculable que pasas ante mí, déjame, déjame en paz y ya no me tortures… sí, desata mis cadenas… no soy tu esposa ni mucho menos tu esclava…

Devuélveme a mi mundo y no me dejes en este… en la realidad que me lastima tanto, envuélveme y dame consuelo, mata a quienes me han hecho daño, tortúralos, dáñalos, que yo, sólo he hecho una sola cosa para que me odien…

Ser yo misma y no alguien de los demás…

Cronos a ti te hablo y sé que me escuchas…se benévolo conmigo y malo con ellos… despójalos de lo que tienen y dales dolores interminables y a mi, llévame a un descanso… no una tregua, déjame en la oscuridad y el frío, con tu aliento guíame y llévame a dónde quiero estar… no me dejes en este podrido y asqueroso lugar, dónde las alimañas carcomen ya mis restos, mientras enterrada en vida ya me encuentro… cierra mis ojos y haz que como hoy despierte, una vez más, en mi mundo, no en este, con rencor y hastío… sólo pensando en el “qué será”…

Dame otra, otra oportunidad…

Muerte por Amor

octubre 21, 2008

En una oscura y húmeda callejuela a altas horas de la entrada noche, una mujer muy bella iba caminando sola, por esas calles empedradas en las que sumergía sus pensamientos y en las que quería ver su reflejo; iba ataviada con un gran vestido de gala, con bordados, y piedras preciosas que se cubrían por una capa negra, que ocultaba desde el color de  su cabello hasta la punta de sus pies.

No importaba si pisaba un charco y ese lodo la ensuciaba, no pretendía nada. Sólo caminaba y pensaba. El frío del otoño hacía que se perdiera entre la húmeda neblina que oscurecía más su cabello, como las lágrimas que iba derramando al hacerce presa de un pasado, de un dolor… su cara (ella pensaba) era cómo una máscara, un disfraz, como si en alguna ópera hubiera estado, enmarcando sus labios rojos y sus lágrimas negras causadas por su mismo maquillaje.

Lo único que se escuchaba esa noche era el eco de sus pasos… y en eso, dentro de un parque, voló un ave,  un ave de color negro y salvaje;  era un cuervo y su aleteo, despabiló su mirada y descubrió su faz, al quitarse la capucha de esa capa, dejando enmarcada su blanca y mortecina piel al reflejo de la luna…

El cuervo croaba, pero ella no sabía lo que decía, no le entendía, la veía con recelo, lujuria y pasión, como un ardor enfermizo… y ella hipnotizada por esa mirada encarnada en el propio fuego del averno lo miró y se enamoró de él, sin saber el cómo, ni el porqué.

Su  misma mirada brillante lo atrajo hacia ella y él se posó sobre su hombro izquierdo, ya no se escuchaba nada más que el silencio en esa noche oscura y fría de otoño.

En ese instante, el cuervo, con su afilado pico, le quitó la capa, haciéndola trizas y acabando en el suelo, vió sus lindos hombros desnudos, blancos como la leche y quiso darle un beso; más no pudo,  y así enterró su pico en su cuello, y  mientras la sangre salía a borbotones, el mismo cuervo se estusiasmó más y con su mismo instinto animal y sin piedad, clavó sus garras en ella, y su pico en una de sus clavículas, para así, alimentarse de la sangre de una mujer que lo amaba, penetró en su carne, y con tanto dolor, ella murió, sin decir una sola palabra…

Ya que el cuervo se alimentó con su sangre y se comió su corazón, lleno de amor por él… la dejó muerta y sola. Nadie supo que pasó con ella, pero si pasan por esa antigua avenida de Londres, todavía se escuchan los pasos de aquella dama que se conjugan con el aleteo de un ave nocturna, una que desapareció también, una que se fue a su mismo infierno, dónde se confundió con el fuego de sus ojos y la oscuridad de esa noche, en la que mató, a la única mujer que amó, por desesperación y ambición.

Aquella a la que se unió y con la misma que en un charco de sangre desapareció.