En la Tempestad

noviembre 21, 2008

La tempestad susurra a gritos desesperados…

El eco de las miradas distantes que ya no dicen nada

Se vuelcan en un vacío que es inundado por vértigo.

Miedo, deseo, frustración…

Te he llamado con mi mirar

Te has ido y he visto unos labios regresar.

Noche inmaculada que conviertes el día

Y la luz en un sueño

No, no nos abandones más.

Una enfermedad contagiosa que nos une

Que nos separa y que nos hace presa

de la misma ansiedad.

Te echo de menos y ahora

Veo que no hay nada, nada más…

La noche nos ha cubierto con su manto negro

Dejándonos unidos bajo una irrisoria lluvia

En el mismo bosque dónde no se ve más que la silueta

De una pareja, queriendo escapar

Para así desaparecer juntos por una eternidad

para estar ya fundidos y que ni la muerte

nos separe jamás.

Recuerdos III

noviembre 21, 2008

Despierto de madrugada… todo está en tinieblas, hay frío y por la ventana no se ve nada, más que la bruma de un otoño, gris y muy intenso.

El sonido de la lluvia es grave, apenas y puedo abrir los ojos… no hay calefacción, la leña de la chimenea extinta está y la vela que tenía se ha apagado…

Mi vestido cuelga a un lado de mi cama, los encajes y demás artilugios hacen ruido al moverse, mientras en mi mesita de cabecera están mis aderezos y brillan sin ningún reflejo; el eco de esas gotas no me permite, tener paz, veo sombras que hablan de lo que no es, o de lo que fue; un encuentro, el estar, el irme, navegar, cruzar, viajar.

Me incorporo y veo una botella de vino tinto casi vacía; no es un recuerdo, es un recordatorio, los nervios carcomen mis entrañas y la misma paranoia hace que en un estrépito levante las sábanas que me cubren y abra de par en par el ventanal que da hacia el balcón.

La soledad entra como una ráfaga de aire, mientras me sostengo de las propias puertas hechas con madera y de las que cuelgan cadenas oxidadas, mi cabello es batido por el aire y mi cuerpo desnudo es empapado por esa tormenta, los rayos no se ven, pero se sienten en la tierra con cada trueno; yo, tengo los ojos cerrados.

Recuerdo, pienso, busco y no veo ninguna puerta, sólo esas cadenas que rechinan al moverse, cuando con pocas fuerzas apenas y me puedo sostener, no quiero, no, no quiero que me vean caer…

No lo permitiré, me digo a mi misma…

Mientras veo que el tiempo sigue pasando y la tempestad se ha calmado… me viro y busco más velas, entre que las busco, veo que esa botella tiene no más que restos de lo que fue, de lo que será, pero no está rota como las demás, encuentro un cigarrillo, una bata apenas para cubrirme de los casi 2°C que hacen y descalza salgo al balcón, para respirar, mi cabello ahora se ha extendido y mientras fumo, voy pisando las hojas secas y muertas, ya húmedas que ha dejado esta estación.

Lo más extraño es que disfruto ese aire, es una nostalgia rica, se podría decir… y más extraño aún es que mientras iba saliendo al balcón vi una imagen, en uno de mis tantos espejos, pero no había luz, ni siquiera el reflejo de la luna…

Se reflejaba a una mujer menuda, con cabello largo, ojos que parecían cuencas y una boca roja,  ella muy delgada y en las manos llevaba un ramo de rosas rojas… fue un instante pero lo ví y me pregunto si acaso habré sido yo…

No tiene importancia, la costumbre de no verme, y mucho menos reconocerme se ha dado con comfort, mientras pasan los años…

Mientras seguiré en el balcón, sin pensar, queriendo sentir el frío embriagante y ¿por qué no? Esperando a un… a mi caballero errante, que cruce ese bosque para llegar, de nuevo.

Quizás el frío lo traiga de vuelta al calor de mis brazos y de mis besos y así, una angustia y una sinfonía de lágrimas ya no me hará despertar de un sueño, que no tuve, ni quise jamás.