Una Novia

diciembre 19, 2008

Bajo el manto de la lúgubre noche se escuchaban pasar esos tacones, que no dejaban sino más que una sombra, un despojo, una ilusión, algo de lo que muchos querían.

Ataviada con un velo negro, la novia iba de luto, sesgando vidas a su paso, quitando marcas de las heridas, sintiendo las gotas derramadas por la lluvia y cómo, tras el frío, los árboles pronunciaban su propio nombre.

Por los antiguos castillos se le veía rondar, por esas noches en sigilo, que eran su pesar, un penar…

Guantes que fueron blancos con esperanzas, se tornaron en un negro envoltorio de muerte, mientras iba llorando por esas calles que no eran ya sino destrozos de recuerdos, de una vida no naciente.

Se escuchan esos pasos en su andar, como si los tacones fueran los únicos que existieran… ya.

Escrito el 31 de octubre de 2008

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