Añoranza

enero 30, 2009

Quemé recuerdos de una vida pasada, cuando me encontré entre las frías leguas del infierno despoblado, con soledad, abatimiento y tristeza.

Mismo año en que tus ilusiones se rompieron; mis huesos se deshacían y los tuyos se quebraban. Mil esperanzas desamparadas nos acogían, en aquel verano de muerte y frío.

Una mañana de insomnio me volviste a encontrar, después de que vimos los años por centenares pasar, desde la primera letra en aquella frase ya borrada, mi corazón se agitaba, bombardeaba sangre que no se oxigenaba lo suficiente y me ahogabas como no lo habían hecho nunca; con una letra, con unas palabras, con una frase que hasta ahora siento en llagas, colapsando en una mísera e insufrible muerte.

Tantos años han pasado que es ya un tormento el seguirte pensando, el añorarte como lo hago.

¿Cuántas veces no me he alejado? Cuántas más he regresado.

Por que una risa es mi penar, tu sonrisa mi fuente de laúdano, y tus ojos, las estrellas que iluminan el sendero de oscuridad en el que vivo, mi reflejo en el más puro de los cristales, tu mirar… Ese, no lo apagues ya jamás, que no podría estar sin tus pupilas entre mis manos, cegándote por mi, dejándome no más entre las sombras, sino en la más amarga oscuridad de todas. La Soledad.

Negación

enero 22, 2009

Regresar el tiempo, hacer que los relojes colapsen, incendiar todos los calendarios de mi memoria, desfigurando los nombres, recordando lo inexistente, esperando lo inexplicable, un círculo que se volvió una espiral en la que se flota desde hace mucho. Una danza de sentimientos marchitos. Márcaras en una fiesta de fantasmas que se dijeron amigos, una prueba de la más dulce amargura, un abrazo a mi compañera. Sangre que se agita en el corazón hasta que este se detiene súbitamente para dar tregua a una tristeza provocada por la desolación. Una salida que se encuentra entre el laberinto en el que no se halla una entrada. Letras que no cohabitan en ningún abecedario, Babel es la tierra de los mudos, los ciegos entran a Sodoma para encontrar a leprosos en Gomorra y los dioses se encuentran bajo sus fétidas tumbras convertidos en cadáveres, restos mortales. Desesperación y huida vertida en colores que en una paleta con óleos dibujan sueños y deseos que no se convertirán en realidad.

Armas que se utilizan para matar, con sed de amor, con fuerza de venganza, con años que son más pesados que la propia distancia y el acontecer del mísero con un intrínseco presente. Pararse de entre las luces que ensombrecen un puente, ver el vacío que sólo existe en un infierno y caer en él, una y mil veces, en un minuto. Maleficios con belleza llamados demonios han acudido a la cita y los talones de la función son abiertos por títeres que miden más de 33 metros, función ensordecedora, con un aliento metal y música que sale de un arco que viola, violín o violoncello han quedado en un pasado; reencuentros atesorados a los que no se quiere volver ya.

Místico camino que haces pregonar en cada paso tus cantos en mi penar, no , no… no.

No se tiene que mirar atrás, lás lágrimas carcomen lo profundo de los huesos y hacen que la carne viva ];arda, con sal y vinagre en esas heridas que tienen forma de mutilaciones, esas mutilaciones que dejaron invalidez, ingravidad. La vida no se consume porque vida ya no hay. El cabello queda por los rincones y en aquella casa vieja, la grande, los agentes piden como acosan y acusan a un sentenciado.

Jurado a no ser más que eso, una alucinación, que los medicamentos mal dosificados hicieron su efecto y así, un suspiro de lo que en algún momento fuera felicidad, se convierte en la esencia ya desmoralizada por la torpeza de quien la poseía y como en todo caso, se pierden los momentos en los que se olvidó todo esto, se pierde lo que nunca se ganó.

Las rosas en la copa se secaron, dejando moho, unas siendo arrastradas por el viento de un sollozo, en el panteón están, un cofre vacío hay, una vida entre cristales y ríos de sangre es la que perdió. No hay que nombrar a los que no están y pasar a la siguiente caja, al siguiente abismo para tocar fondo en un pozo que es un torbellino, que agita las arterias al torcer los miembros y ver como a 1 km. de distancia se prende fuego y llega a quemar la espalda, querer veneno para ratas y que mueran, sentir de nuevo, sentir y con una navaja cortar y sacar las balas que lastimaron. Pero ¿ Cómo sacarlas, sino hay heridas y los miembros fueron separados?

No hay nadie alrededor más que tú y yo, un vaso vacío y píldoras con temor de lo que pueda pasar en un mañana, que se piensa, cuando no hay presente y se vive en el pasado, cuando los alambres de los elecktroshocks se vieron amordazados en un siglo, cuando los ataques tenían imágenes de piel en tono púrpura, cuando el vino no se descorchó y el sabor amargo de fierro sigue entre los dientes, cuando no se puede respirar.

No, no… no.

¿Quién eres y por qué así?

No, NO!

Me niego, pero no sé si despierte algún día de esta pesadilla, es demasiado cómodo vivir en las tinieblas del más crudo dolor, es mejor que vivir en una montaña rusa de la que algún día (quizás) espero escribir.

Cierren el telón que la función ha terminado por el día de hoy, ese día que ha durado años, áquel que invita al teatro nuevo, al que nadie fue a ver una función de estreno, ya que la única habitante era la que desdeña a cualquiera y la que siempre es una grata acompañante en el camino,  se puede ver, se escuchan sus pasos cuando caminas, la ves en tu sombra, es tu única acompañante y es la protagonista.

La que han dejado siempre por otra, acércate a lo gris, no son medias tintas, es un complementos del radicalismo en la primera fase, son los cuentos que escuchabas para dormir mientras los pies se congelaban de frío, mientras las alimañas carcomían ese pedazo de cuerpo cuando estabas en un deshecho.

Refléjate y no, ya no mires atrás.

Si no te encuentras en ninguna parte es porque sólo es y será un producto de la propia imaginación; tuya o de alguien más, en un efecto colateral o en un mundo que no existió jamás.

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Dos siglos han transurrido ya, entre los que has vivivo a través de tus propias letras, poemas e historias, cuentos salidos de las más infames alucinaciones embebidas por la amargura de la soledad, de la muerte, del amor y de un frío que no se apaga nunca, por más cognac de mala muerte que se consuma en una banqueta, en la más gris de las alcantarillas.

Se siguen escuchando los gritos desesperados por detrás de las paredes, se recuerda a tu misma persona, cada vez que un gato negro pasa por mi camino, como la angustia de desaparecer y que se recupere de una enfermedad dentro de un ataúd, creyendo, como lo creen los demás, que se ha muerto.

Los dientes se siguen guardando en aquella vieja cajita que sobresale por su frescura en áquel escritorio, las hojas de un papel periódico revolotean por todas las ciudades en las mañanas sin sol del crudo invierno, los novios se han quedado en la puerta de la iglesia esperando que redoblen las campanas, pero sólo hay silencio.

No hay ni una sola paloma en los jardines, las estrellas se apagaron y por el cielo se ve la luna que va decresciendo; las imágenes de un delirio tremens da paso a una barranca, en la que sólo hay vacío, en la que muchos nos hallamos, en la que muchos no se han sabido encontrar.

La belleza sigue en aquel cuadro que un esposo pintó para su bien o mal amada, la muerte sigila los pasos cadentes pero silenciosos, el romanticismo surge de entre copas de los árboles que de repente sueltan escarcha que alguna vez fue parte de una tormenta de nieve.

4o años de existencia y apenas 200 de vida, en lo que muchos encuentran negro y terror, se encuentra una bóveda en la cuál se va por vino, por vino para beber y después llegar a matar.

Un culto, respeto, benevolencia, y claridad en lo que no se podría representar mejor. Al abrir un libro el día de hoy veo que son cuentos, y me pregunto si no es un diario. Las imágenes representan siempre el matiz de un negro con un letal contraste en blanco centelleante. Uno que calcina. Como el de los ojos de áquel cuervo que se presentó en tu puerta para como nosotros decirte que no te abandonaremos NUNCA MÁS.

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Para Edgar Allan Poe.

De todo lo que se escribe, sólo me gusta lo que un hombre escribe con su propia sangre. El que así escribe máximas no quiere ser leído, sino aprendido de memoria.

NIETZSCHE, Friedrich

Arcoiris Nocturno

enero 7, 2009

¿Qué es un arcoiris nocturno? – Me han preguntado-

Un arcoiris nocturno, es cuando en medio de la más absoluta y silenciosa oscuridad, se pueden ver los excelsos y sublimes colores en forma de un caleidoscopio.

Es cuando la tormenta ha pasado y aún sin sol se puede ver el resplandercer de los centelleos de cascabeles que resuenan en almas desoladas.

Es una imperfección que no se podría entender, porque no somos iguales, si sentimos lo mismo… pero al aceptar y observar palabras como objetos desde el punto de vista contrario al que estamos acostumbrados es lo que nos hace una mezcla homogénea y a la que pertenecemos.

Un arcoiris nocturno es lo que me haces sentir al verte.

Un arcoiris nocturno es felicidad, sin tener que ser lastimado por los rayos del sol.

Un arcoiris nocturno es el que se ve reflejado a través de la luz que irradia la luna a través de nubes borrascosas.

Un arcoiris nocturno es más que regocijo.

Un arcoiris nocturno es volar.

Un arcoiris nocturno no es sólo una falacia, es una realidad.

Un arcoiris nocturno eso, eres tú.

Un arcoiris nocturno es mi verdad.

Pasos o Pisadas…

enero 7, 2009

Una noche salí… y una vieja verja cortó mi presuroso caminar.

Salió a mi paso y me dijo que hacía mucho, mucho tiempo me quería conocer. Ya que siempre escuchaba mis tacones al pasar, ya fuera en la lluvia o en un huracán. Que eran sonoros y firmes siempre.

Que tenía mucho de qué charlar conmigo, mientras yo entre asustada y halagada contemplaba sus ojos; una mezcla que daba un matiz de azules y grises. Me tomó de la mano y me dió una bendición.

Me dijo que era muy guapa, y que mis pasos le habían hecho recordar su juventud.

Mis ojos brillaron en ese instante y entonces fue que me dió las gracias, por así recordarle lo que había sido parte de su vida, una tremenda fuerza; le dije entonces que tenía que irme (no quería ser descortés, pero llevaba prisa) y quedamos en tomar un té alguna tarde para conversar más.

No la volví a ver ya.

Es ahora un recuerdo… pero con el paso del tiempo veo que mis pisadas dejan huella, van marcando territorio y así voy labrando mi propio camino, en el que encuentro figuras conocidas y en el que conozco a entes fascinantes, en el que me doy cuenta de quien vale la pena y quien no… en el que estoy ahora, en el que me encuentro, firme y decidida…

Como esa tarde nublada, en el que una Srita. de 82 años me hizo ver, lo que mis piernas hacen y lo que voy dejando en cada paso que doy, aún sin que los demás me vean…

Epifanía

enero 6, 2009

Amaneció y no vi las estrellas. Mis ojos se habían; se han eclipsado en un tormento, en un torbellino de cristal labrado. Mi mente divaga entre dolor, desesperación y rencor. No hay nada más por aquí, ya lo he dicho. Las constelaciones para mí se han apagado, como cuando apago la luz de una vela con un suspiro y  para así quedar en la oscuridad.

No sé si este día habrá magia, no lo sé; no sé si la encontraré como encontré a una mano quemada, a la mano de una mujer joven que perteneció a una niña, a una que he querido buscar para en estos tiempos encontrarla y que me diera sus cuentos, sus dibujos y su felicidad; pero… no sé si en realidad me atreva a buscar o a la niña perdida; quizás ya la haya encontrado sólo que no me ha dado respuesta alguna desde hace mucho, en realidad no lo sé. Esa niña perdida que es viva imagen de una vida, de una risa, de una tristeza escondida en forma de un fantasma blanco. Aquella que se quedó en el incendio de un viejo castillo, cuando las escaleras se iban deshaciendo y caían a pedazos, y ella subía con una suma desesperación escapando de la muerte y así sin saberlo iba hacía un mismo vacío, en el que quedó triste y desconsolada.

Hoy por hoy ya no me importan los regalos, creo que la vida ya no existe en mi. Y sin embargo siento que me confundo con el presente y los recuerdos, con las letras y  los laberintos.

Una fuga en una espiral, en un juego de cartas que no dice nada ya. Fichas de colores, que grises se vuelven ante mi mirar.Recuerdos de aquellos juegos que en una infancia, ya no, quiero, ni pensar, ni recordar.

Me duele profundamente, el percatarme de que no vi las estrellas, me duele pensar que esa pequeña ilusión que quedaba en mi alma se ha ido, o me duele pensar que la he perdido, aunque la quisiera tener. Año con año siempre salía a ver las constelaciones y pensaba no en los regalos, no en una religión, sino en la magia de la inocencia, de la que se sigue teniendo. La inocencia que se mezcla con maldad y coraje, con venganza y odios, con lágrimas y frío desolado.

La inocencia de la que se han burlado muchos, de la que al paso del tiempo se ha mezclado con sentimientos que son su total contraste.

Este día quisiera tener conmigo a esa niña, quisiera sonreír, quisiera despertar y dirigirme a una chimenea, junto al reloj holandés de aquel salón, sentarme en el frío piso de mármol y sentir por una pequeña ventanita las ráfagas de aire helado que recorren mi rostro, mientras juego con palabras, con cartas, con libros y con música.

Tal vez nunca encuentre a esa niña, y nunca tenga esta oportunidad de nuevo. Ahora duermo cuando sale el sol, en medio de una profunda tristeza y el único consuelo que me queda es creer que alguna vez pueda compartir todo esto que plasmo y siento con otra niña, con una dulzura, con un pedacito dónde vea mi esencia, que juegue cartas y a la que le lea cuentos sobre lobos, como hacían conmigo cuando iba a dormir…

Quizás este es el tiempo de darme cuenta que nunca voy a recuperar años perdidos y nunca voy a volver a lo que se tuvo alguna vez; quizás es tiempo de darme cuenta que he crecido y ver que a lo que me he negado por siempre es ahora lo que busco; sí, también dentro de mí, pero esta vez no en un pasado, sino en un futuro.

Y espero que si la magia persiste, esa niña con la que sueño y la que pienso ahora; la que quiero, esté conmigo pronto y me devuelva lo perdido, pero de una forma renovada y así compartir este día como tantos otros y en la noche ver las estrellas tomadas de la mano y contarle cuentos, para despertar y verla jugar, como me veo a mi.. todavía.

Espero que no sea tarde para un deseo…Deseo que esa niña, juguetona, inteligente y bellísma aparezca pronto en nuestras vidas. Como nosotros estamos ya unidos. Ya la adoro. Y ya la esperamos.fl225madre-e-hijo-posters


Y me pregunto…

enero 5, 2009

¿Cómo dormir sin tus brazos envolviéndome como una cálida manta?

¿Cómo fingir que todo está bien?

¿Cómo creer en un futuro incierto?

¿Cómo ver la vida con tanta luz como la ves tú?

Mientras te miro en el ocaso, en un casi anochecer, cuando el manto negro nos cubría entre reflejos de estrellas, cuando de tus manos resultó el prodigio de mi llanto, cuando de tus labios brotó el único, el único aliento que me dió vida. El de tus besos que sin igual, me hacen elevar y hasta en el aire flotar.

Ahora he despertado y lo primero que veo es a ti… yo creyendo que no me veías, cuando me has dicho:

” ¿Cómo no verte?, Si tengo a mi Princesita enfrente”

“¿Cómo no voy a quererte?”

“¿Cómo no voy a adorarte?”

¿Quien lo dijo primero?

¿Quien se resiste ante ese encanto?

¿Cómo no pensar en ti, cuando no duermes?

¿Cómo no querer cantarte una nana y arroparte entre mis labios?

¿Cómo no querer estar debajo de esta nuestra manta cuando el frío nos apresa?

Como cuando me comías a bocados, deslizando tu lengua por mi contorno, por mi perfil mágico intangente, por esa cintura con tal quiebre que te hacía perder los estribos…

¿Cómo olvidar estos días de tanta y desmesurada alegría?

Cuando entre las luces veo que resbalan gotas cayendo a las palmas de mis manos y se confunden con el brillo de tus ojos; aquel brillo que tanto y que por mucho he extrañado, y cuando al abrir mi mano veo tu resplandor, como el de un diamante, tan fuerte y luminoso, centelleante al colapsar con el hechizo de lo que no te gusta mirar; esas mis lágrimas de felicidad.

¿Cómo despedirme sin sentir esto que me agobia?

¿Cómo he de pensar en el mañana si no estás ahora?

Cuando nos vimos en esas calles abrazándonos tan fuerte, cerrando los ojos por una sonrisa compartida en carcajadas por los dos; cuando caímos al piso y un beso no bastó. Cuando mi cuello fue tu presa, cuando me reconocí en ti.

Pensando en tu alma, en tu espíritu, en ese que me acompaña a dónde quiera que vaya, a dónde quiera que esté, ese, que se apoderó de mi, por noches y días. Cuando te siento y rozo tu cabello con la yema de mis dedos, cuándo mis uñas te dicen lo que mis piernas encierran; como un secreto, uno de mis valiados tesoros.

Cuando el sol del amanecer resplandece en mi piel y son tus manos las que dibujan mi cuerpo.

Cuando me pierdo en las sonatas de cuerdas y adagios, de pianos y guitarras, cuando por la ventana veo la lluvia recorrer tu cuerpo, entumecido por el frío de una nostalgia, y de nuevo me pregunto:

¿Cómo podré vivir sin tu dulzura?

¿Quien más me hará reír con una locura?

¿Quién provocará en mí, esa, una loca pasión desbordada?

Y  es cuando amanece de nuevo y veo que de una pesadilla despierto, angustiada y agitada, y aún así, no, no te encuentro, pero sé que estás conmigo, como yo contigo y que los relojes se detuvieron para darnos este espacio, para encontrarnos, no importa qué día sea, o cuántos años hayan pasado, veo que seguimos juntos y que cada vez falta menos y es cuándo puedo pensar y creer por fin en un Mañana, porque se qué tú estás en él y en cada paso que yo de, estarás a mi lado y no dejarás que a mi vida se le corten más las líneas y me liberarás de cadenas y seré por fin, la mujer que veas en cada anochecer y en cada amanecer, la que te llena de dulzura y de besos, la que te da buena fortuna y empuje, la que se desmorona ante cada palabra tuya, la que te encanta con una sonrisa, la que es tuya y lo será incluso más allá de nuestra Luna.

TE AMO

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Re- Inicio

enero 2, 2009

Inicia la cuenta de nuevo. Las calles están vacías, no se escucha más que el eco de mis pasos por esos angostos callejones, todavía en la madrugada, todavía en la oscuridad.

Todas las puertas y ventanas están cerradas. Parece que no existe nadie, que esto que veo está despoblado. No hay basura. Sólo veo hojas color ocre que truenan con mis pisadas y que de momento en momento se hacen un pequeño remolino cuando el aire las levanta.

Llevo una falda negra y unos zapatos que recuerdan los tableados de Sevilla, mis piernas se deslizan sobre pensamientos; cabizbaja, mientras voy recordando lo que en esas calles vacías hace mucho, mucho tiempo se pasó y se vivió.

Las lágrimas brotan de mis ojos y salpican mis hombros, escurren hasta dejar manchas en el asfalto, hasta mojarlo, mientras ya no veo nada más; entré en la tierra del pasado y giro, una y otra vez, hasta quedar mareada y perdida, sin encontrar una salida, sin encontrar lo que fue mi casa, sin encontrar lo que se esperó, pero que jamás se buscó.

El mundo está estático y yo giro en su derredor, viendo a una pareja… queriendo distinguirlos, pero entre las copas de los árboles y la oscuridad, en un abrazo, tal vez un beso se pierden y cuando me acerco no veo nada más.

Encuentro un parque de diversiones abandonado, un quiosco desmoronándose y el césped crecido, no sé cuánto tiempo lleva esto así – pienso-

Veo las cadenas con su sonido chillante, con ese implícito en el óxido del que cuelgan los columpios, que se mueven al compás de lo que fueran unas risas entre una fiesta, bebiendo vino y en el césped con rocío en alguna madrugada helada, de aquellas en mi juventud feliz; veo hojas de libros desprendidas y amarillentas, no entiendo las palabras y veo que son diferentes cultos.

Sigo caminando y en una banca me siento, mientras veo que está amaneciendo y tengo que volver, aunque no quisiera. El Sol no ha salido, me encierro en un frasco con un contenido ámbar que bebo para no ahogarme y caigo entre una espiral.

Cuando despierto veo que el Sol ha salido y me lastima los ojos, veo que estoy en mi hogar, con botellas de vidrio verde vacías y vestida de gala… todavía, miro hacia abajo y veo mis piernas, están descubiertas, no por completo, la falda es diferente, es más corta y veo que estoy en el ahora, no en el pasado, en el que reencontré en esa madrugada, en el que me lastimó y al que le di la espalda hace mucho, al que no tengo que voltear a ver, al que no tengo que recordar, al único que culpo de lo que siento en estos momentos, veo los cambios y sigo pensando, que en esa caminata nunca miré hacia atrás, y así tendrá que ser de ahora en adelante, no mirar atrás… ya no más.

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