Re- Inicio

enero 2, 2009

Inicia la cuenta de nuevo. Las calles están vacías, no se escucha más que el eco de mis pasos por esos angostos callejones, todavía en la madrugada, todavía en la oscuridad.

Todas las puertas y ventanas están cerradas. Parece que no existe nadie, que esto que veo está despoblado. No hay basura. Sólo veo hojas color ocre que truenan con mis pisadas y que de momento en momento se hacen un pequeño remolino cuando el aire las levanta.

Llevo una falda negra y unos zapatos que recuerdan los tableados de Sevilla, mis piernas se deslizan sobre pensamientos; cabizbaja, mientras voy recordando lo que en esas calles vacías hace mucho, mucho tiempo se pasó y se vivió.

Las lágrimas brotan de mis ojos y salpican mis hombros, escurren hasta dejar manchas en el asfalto, hasta mojarlo, mientras ya no veo nada más; entré en la tierra del pasado y giro, una y otra vez, hasta quedar mareada y perdida, sin encontrar una salida, sin encontrar lo que fue mi casa, sin encontrar lo que se esperó, pero que jamás se buscó.

El mundo está estático y yo giro en su derredor, viendo a una pareja… queriendo distinguirlos, pero entre las copas de los árboles y la oscuridad, en un abrazo, tal vez un beso se pierden y cuando me acerco no veo nada más.

Encuentro un parque de diversiones abandonado, un quiosco desmoronándose y el césped crecido, no sé cuánto tiempo lleva esto así – pienso-

Veo las cadenas con su sonido chillante, con ese implícito en el óxido del que cuelgan los columpios, que se mueven al compás de lo que fueran unas risas entre una fiesta, bebiendo vino y en el césped con rocío en alguna madrugada helada, de aquellas en mi juventud feliz; veo hojas de libros desprendidas y amarillentas, no entiendo las palabras y veo que son diferentes cultos.

Sigo caminando y en una banca me siento, mientras veo que está amaneciendo y tengo que volver, aunque no quisiera. El Sol no ha salido, me encierro en un frasco con un contenido ámbar que bebo para no ahogarme y caigo entre una espiral.

Cuando despierto veo que el Sol ha salido y me lastima los ojos, veo que estoy en mi hogar, con botellas de vidrio verde vacías y vestida de gala… todavía, miro hacia abajo y veo mis piernas, están descubiertas, no por completo, la falda es diferente, es más corta y veo que estoy en el ahora, no en el pasado, en el que reencontré en esa madrugada, en el que me lastimó y al que le di la espalda hace mucho, al que no tengo que voltear a ver, al que no tengo que recordar, al único que culpo de lo que siento en estos momentos, veo los cambios y sigo pensando, que en esa caminata nunca miré hacia atrás, y así tendrá que ser de ahora en adelante, no mirar atrás… ya no más.

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