Dos siglos han transurrido ya, entre los que has vivivo a través de tus propias letras, poemas e historias, cuentos salidos de las más infames alucinaciones embebidas por la amargura de la soledad, de la muerte, del amor y de un frío que no se apaga nunca, por más cognac de mala muerte que se consuma en una banqueta, en la más gris de las alcantarillas.

Se siguen escuchando los gritos desesperados por detrás de las paredes, se recuerda a tu misma persona, cada vez que un gato negro pasa por mi camino, como la angustia de desaparecer y que se recupere de una enfermedad dentro de un ataúd, creyendo, como lo creen los demás, que se ha muerto.

Los dientes se siguen guardando en aquella vieja cajita que sobresale por su frescura en áquel escritorio, las hojas de un papel periódico revolotean por todas las ciudades en las mañanas sin sol del crudo invierno, los novios se han quedado en la puerta de la iglesia esperando que redoblen las campanas, pero sólo hay silencio.

No hay ni una sola paloma en los jardines, las estrellas se apagaron y por el cielo se ve la luna que va decresciendo; las imágenes de un delirio tremens da paso a una barranca, en la que sólo hay vacío, en la que muchos nos hallamos, en la que muchos no se han sabido encontrar.

La belleza sigue en aquel cuadro que un esposo pintó para su bien o mal amada, la muerte sigila los pasos cadentes pero silenciosos, el romanticismo surge de entre copas de los árboles que de repente sueltan escarcha que alguna vez fue parte de una tormenta de nieve.

4o años de existencia y apenas 200 de vida, en lo que muchos encuentran negro y terror, se encuentra una bóveda en la cuál se va por vino, por vino para beber y después llegar a matar.

Un culto, respeto, benevolencia, y claridad en lo que no se podría representar mejor. Al abrir un libro el día de hoy veo que son cuentos, y me pregunto si no es un diario. Las imágenes representan siempre el matiz de un negro con un letal contraste en blanco centelleante. Uno que calcina. Como el de los ojos de áquel cuervo que se presentó en tu puerta para como nosotros decirte que no te abandonaremos NUNCA MÁS.

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Para Edgar Allan Poe.