Añoranza

enero 30, 2009

Quemé recuerdos de una vida pasada, cuando me encontré entre las frías leguas del infierno despoblado, con soledad, abatimiento y tristeza.

Mismo año en que tus ilusiones se rompieron; mis huesos se deshacían y los tuyos se quebraban. Mil esperanzas desamparadas nos acogían, en aquel verano de muerte y frío.

Una mañana de insomnio me volviste a encontrar, después de que vimos los años por centenares pasar, desde la primera letra en aquella frase ya borrada, mi corazón se agitaba, bombardeaba sangre que no se oxigenaba lo suficiente y me ahogabas como no lo habían hecho nunca; con una letra, con unas palabras, con una frase que hasta ahora siento en llagas, colapsando en una mísera e insufrible muerte.

Tantos años han pasado que es ya un tormento el seguirte pensando, el añorarte como lo hago.

¿Cuántas veces no me he alejado? Cuántas más he regresado.

Por que una risa es mi penar, tu sonrisa mi fuente de laúdano, y tus ojos, las estrellas que iluminan el sendero de oscuridad en el que vivo, mi reflejo en el más puro de los cristales, tu mirar… Ese, no lo apagues ya jamás, que no podría estar sin tus pupilas entre mis manos, cegándote por mi, dejándome no más entre las sombras, sino en la más amarga oscuridad de todas. La Soledad.