Ausentes en Presencia

mayo 11, 2009

El sonido de tus besos son memorias.

Tú eres más que mi vida ya vivida.

El Sol, el martirio, el asesino.

La noche y la mañana.

Extraño como yo;

Te conocí alguna vez

Y sin verte ahora, sé que me reflejo en tus ojos.

Porque tu mirada es mi cristal.

Ese que me lastima, demonio.

Ese que no quisiera ver nunca ya.

Porque te quiero a mi derecha.

Porque tu maldad es mi miseria.

Simplemente porque copio tus palabras

Y cada día te amo más y más.

Ella

mayo 9, 2009

Se escuchaban la teclas de una antigua Remington, en un papel que estaba en blanco… en ese escritorio había un vaso con whiskey, las aspas del ventilador de techo rodaban como si de un remolino se tratara, todo estaba en una completa desolación. El hielo se había deshecho ya, la máquina de escribir seguía sonando, la alfombra denotaba que unos tacones la habían pisado, muy fuertemente.

La ducha estaba lista, se escuchaba al fondo del pasillo en aquel apartamento; las dos puertas de los dormitorios estaban entreabiertas y unos susurros se dejaban escuchar cuando se acercaban más.

Ella estaba hecha un lío, no sabía que hacer con ese trabajo, con la soledad que carcomía sus entrañas, por su edad, por no querer saber más acerca del “que dirán”. Estaba en posición fetal, sentada en ese solitario cuarto de baño, desnuda, llorando, por un bloqueo, por una máquina de escribir que no servía, por su vida que estaba perdiendo.

Todo lo había abandonado para ese instante, ya nada le importaba, dejó que la pequeña aguja del tocadiscos saltara sobre áquel disco de jazz que tanto le gustaba. Se sentía perdida, ya nada valía para ella.

Era la vida de una escritora -pensaba para sí-

No quiero más preguntas, no quiero estar aquí, quiero más libertad, me quiero a mí – gritaba, mientras lloraba bajo el agua de esa ducha tibia que se tornaba fría ante sus nervios-

Estaba estancada en un lugar que no le pertenecía, al que no sabía cómo había llegado, ni por qué.

Siguió por horas llorando por lo que era, más no por lo que fue, ya que no lo recordaba.

De repente se escuchó de nuevo el rasguido de ese ventilador y las teclas de esa máquina de escribir sobre una hoja en blanco, eran más fuertes que sus gritos y un estallido rompió la monotonía del ambiente. Una mancha cayó sobre la alfombra… alguien había tirado el vaso de whiskey al suelo y  había roto en pedazos el vaso.

Se vieron unas llaves que ciertas manos dejaron caer sobre el escritorio y unos pasos caminaron directamente hacia el baño, la luz estaba apagada. Había sangre derramada en la tina pero ya no había nadie; nadie excepto Ella que estaba harta de llegar desde la calle y volver a la rutina de siempre. Esa agonía que poco a poco la estaba matando. No se sorprendió por lo que había visto, estaba realmente furiosa y era más que una mujer para ese lugar y esa época.Sabía que no era la primera vez que pasaba, su mente era muy fuerte y le jugaba esas malas pasadas, eso de lo que no podía acordarse más tarde, su llamada ezquizofrenia.

Se lavó las manos con agua fría y su cara con jabón de olivo, se miró al espejo mientras se secaba con una toalla, vio sus ojos y sus ojeras, su palidez, no había comido; ahora sólo escuchaba esa tonada con ese trompetista que tanto le gustaba Miles Davis; decidió ir a su dormitorio y así encontrar una nueva historia, una nueva imagen, quería descansar de esa vida, tomó sus medicamentos, se desvistió tratando de conservar la calma, primero los zapatos, la falda, su saco, y mientras seguía con su blusa de seda, fue quitando poco a poco sus medias, cuidando que no se rasgaran, todo bajo la luz de su lámpara de noche, se deshizo de todo lo demás y  ya en la cama quedó sumergida entre las sábanas mientras  se ocualtaba tras la oscuridad de aquellas cortinas, la máquina; la vieja Remington dejó de escribir. El tocadiscos siguió sonando y las lágrimas en la ducha siguieron corriendo.

Habían pasado ya varios días… Ella no se había percatado de ello. Se había suicidado y ya estaba muerta… su alma rondaba en ese apartamento y ella pensaba que era sólo uno más de sus transtornos psicológicos; No podía descansar, nunca podría hacerlo más.

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Te sueño

mayo 9, 2009

Te sueño cuando duermo, aún cuando despierto entre calosfríos y fiebres en medio de un lugar desconocido.

Te sueño cuando estoy caminando con la soledad y las lágrimas cayendo de entre mis mejillas.

Te sueño en recuerdos. En pasados en fotografías y cartas deshechas.

Te sueño en vivencias. En palabras y promesas, en anhelos suspendidos por el aire.

Te sueño en la realidad que vivimos.

Te sueño en los significados secretos y cuando escucho tu voz.

Te sueño en señales, es dogmas…

Te sueño como el más real en mi existencia…

Te sueño como la Vida; que es lo que me has dado.

Te sueño en cada paso y en cada minuto que pasa.

Te sueño en carne, sangre y huesos…

Te sueño y siento tus manos. Siento tu abrazo, tu calor y ternura.

Te sueño en mi vida renaciente.

Te sueño Despierta…

Te sueño sin verte. Tengo miedo a dormir de nuevo.

Te veo

mayo 7, 2009

Tengo un ojo dibujado, que te ve en un remolino, mientras yo te veo atrapado.

Mis pestañas alzan el vuelo, te quieren alcanzar, en un tiempo, quizás; te quisieron salvar.

Con mi propio mirar te busqué más y más, hasta que ya no te veo… cuando en la niebla desaparecieron tus despojos, mientras yo decía : No, no quiero volver  la mirada hacia atrás.

Te intento olvidar, pero el ojo en el papel enmarcado te sigue viendo, como yo no lo quiero ya hacer.

Rompiste los recuerdos, rompiste lo poco verdadero que quedaba, y ahora ya ni siquiera ha quedado la mitad. Es muy pronto, pero el huracán no ha parado todavía, has hecho destrozos, quitado vidas y espero que no los haga por más.

Me duele, pero te tengo que olvidar, tengo que romper el papel dónde se encuentra ese ojo dibujado que no te deja de mirar, para que así quedes en mi mente como un recuerdo, tan sólo uno más, que no duela, que no singnifique nadie, como ahora se está, un recuerdo, una imagen, un pensamiento al que no eche de menos ¡JAMÁS!

Deseperación

mayo 7, 2009

Con un corazón en las manos, con un corazón inexistente; en las manos de un cuerpo ya sin vida, con el dolor punzante de un vacío que se había dejado atrás…

Con unas lágrimas negras, marcadas en pañuelos, sentí el dolor de esa herida de la que pensé, nunca me podría recuperar.

Incierto es el presente, incierto es el futuro que nos hizo presas de juegos y trampas de enemigos, a los que creíamos amigos.

Mi muerte ya es inevitable, porque aún cuando te empecé a amar, yo de ese cofre no me podía levantar… mis labios eran pálidos y mi cabello marchito por tanto abandono en la oscura soledad.

Cuando llegaste, como si de un cuento de hadas se tratase, rescataste mi existencia de ese pozo, y colmada de sonrisas y de gozo hiciste que mis pupilas brillaran, que mis ojos a ti mismo te iluminaran y sonrisa a sonrisa, mis labios por la corriente sanguínea, rojos se tornaran, con tus besos, con tu calor, con tu apego, con tu fervor y amor.

Las últimas palabras fueron un “TE AMO” y hoy cuando desperté, sabiendo que estabas ahí, no quise saber más, y volqué mis ojos, mi mirada hacia esa almohada para de nuevo sumergirme en esa oscuridad, para darme cuenta de que cuando en realidad despertara, te habrías ido ya y nunca más te vería, ni siquiera en mis sueños, que convertiste en pesadillas en la sublimación de un amor que se convirtió en una descontrucción.

No habrá más días de sol, ni habrá más sonrisas… no mi amor, quédate en dónde estás, pero no me digas: “Corazón” no me llames Bella… cuando creíste más en quien te defraudó, cuando a mis espaldas hablaste mal de mí sin ninguna razón. Te fuiste cuando todavía hoy tenía esos regalos para ti, esos corazones y esas pinturas, esos poemas y unos labios que deseabas… Te fuiste, pero aún así, cuando las lágrimas rueden por mis senos sé que acabaste con esta desesperación.

Mi Sombrerero Loco

mayo 5, 2009

Y fue así, justo así, cuando los peones del juego de ajedrez se coronaron victoriosos y triunfantes; cuando la sangre derramada y fresca pintaba las rosas blancas en un tono carmesí y el cricket se jugaba con las cabezas rodantes , con los mismos ojos que nos veían. Yo bebía el té con la corte – o ¿en la corte?-

Saliendo del laberiento vi un reloj que marcaba las 6, un reloj que seguía marcando el tiempo, más no las horas, ni los días que habían pasado, un reloj salido de una explosión, uno que recordaba mi pasado.

Mientras tomaba más pimienta para calmar mi alergia, vi un sombrero rodante en la mesa, vi que unas manos; las manos más encantadoras que había visto lo buscaban, mientras él iba girando por lo largo del camino de mesa hacia dónde yo me encontraba. Tomé el sombrero y lo coloqué en mi cabeza, seguí bebiendo el té y repentinamente un beso asustó a mi mejilla. El sombrero era el dueño de este personaje salido de un cuento de hadas, era como si lo viera en el mismo espejo que me encontré una vez, cómo si lo hubiera perdido y ahora NOS hubiésemos encontrado de nuevo.

Chesire sonreía desde el cielo, como la figura de una luna en cuarto creciente y Venus resplandecía a su lado, centelleando como uno de sus dientes en esa blanca y enorme sonrisa; estaba amaneciendo o por lo menos de eso me percaté mientras me veía hundida en un mar de lágrimas que por desesperación no podía contener. Felicidad, temor, angustia, era ¡miedo! lo que sentía en esos momentos. Era una ensoñasión, pero no era irreal.

Calmó mis afligidos sentimientos y él me hizo comer un bizcocho con un poco de mermelada de fresa, me sirvió una gran taza de té con miel y un poco de whiskey. Me hizo sentir reconfortada en el mundo más extraño en el que podía estar pero en el que me había sentido mejor en toda mi vida.

Tomó mi mano y me invitó a bailar, mientras el sombrero me decía cosas que no podía entender, él besó mi mano y me dió las gracias, por haberlo encontrado. No sólo al sombrero, sino a él. Que estaba perdido sin saber por tantos años quien era yo.

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Deborah

mayo 5, 2009

¿Dónde estás?

mayo 5, 2009

¿Dónde estás?

Saliste de caza en estos calurosos días de mayo… hiciste un repliego de sentimientos y dijiste que ibas al mar, a los acantilados para sentir un poco de esa brisa… No; fuiste para sentir el vértigo de esas olas estallando contra las rocas en la misma costa, la que no te pertenece, de la que quieres escapar…

No quieras sumergirte en aguas saladas por las noche, la sangre marcaría tu final, dejando tu cuerpo inservible, y viendo sólo desechos entre las blancas olas, que encaje de ataúd, pudieran en ese instante parecer ya.

¿Dónde estás?

-Te pregunto-

Y no me sabes responder; es que ni siquiera el eco de tu voz escucho ya, el sonido de tus palabras se ha ido, has silenciado las ilusiones y apagado la pasión.

Quisiera que estuvieras aquí, pero, ¿cómo decírtelo? Si no se en dónde estás…

Ruego por una plegaria y así es como te hago llamar, diciéndote:

Vuelve, vuelve, vuelve…

A mis brazos y a mis pensamientos, no me dejes, nunca más.

Lágrimas

mayo 5, 2009

Voy guardando lágrimas en mis bolsillos.
La soledad es el reflejo de la sombra delante mío.
Soy una adicta y tengo delirios.
Necesito embriagarme para así ya no pensar.

No pensar más en ¡ti!
Es una locura, es una enfermedad.
Sólo dejaste dentro de mí, gotas…
Y ahora caminando, voy regándolas en el frío suelo.
Gotas de amarga tristeza.

La soledad mi  acompañante perpetua

No te sigo más, sino te veo más que en una surrealidad

Si estuvieras aquí y empañaras los vidrios con tu calor

No necesitaría hincar mi mirada en esa.

Aquella copa de vino vacía.

Sí, soy adicta, soy adicta a ti…

A tus besos regados en esas calles

En los que te entregabas y el reflejo

De millones de estrellas se veían en tus ojos.

Los ojos que provocaban aquella mirada asesina.

Los que ahora mismo me lastiman.

Los que no veo, y los que recuerdo; incluso

Aún, todavía…

Noviembre 2008