El Ancla

diciembre 2, 2009

Naufragio de soledades en la tempestad que causaba tremendos relámpagos como centellas. Un diluvio que causó un mar, un mar de lágrimas en dónde un barco o barcaza se situaba enla lejanía luchando contra la furia de un oleaje que se presumían eran pensamientos, recuerdos, ilusiones.

Con la noche cayó y con ella se escucharon los gritos ahogados en el mar de lágrimas; el barco desapareció, se hundió y una niña había quedado prendada de su vestido a un ancla; no podía safarse de ella, y la hundía cada vez más y más. Estaba a punto de ahogarse, cuando decidió romper su lindo vestido de encajes rosas y dejar caer el ancla, dejarla que se oxidara, en el olvido y así sobrevivir.

Un ancla que pensó que la salvaría de un diluvio en el que todavía se veían las estrellas en el cielo, cuando la luna era roja, cuando la boca no dio un beso más, un ancla que sería su perdición si seguía atada a ella.

Septiembre 6, 2009

Y hoy…

diciembre 2, 2009

Y pasa otro año, otro lleno de recuerdos. Uno que no ha sido amargo, uno que no ha tenido sinsabores. Uno en el que se han derramado lágrimas de felicidad y de infortunio. En el que no ha llovido. En en cual vi hadas en el rabillo de mi ojo derecho, tras lágrimas y conocí a duendes.

Me he escondido entre árboles y he escuchado al silencio, he sentido el palpitar de su corazón y he visto las más crudas decepciones.

He rechazado a la soledad y he sonreído mientras camino sola, por calles que parecen vacías; sin escuchar voces, ni siquiera susurros. He visto florecer y he visto crecer.

He evitado lo inevitable y sigo pensando, sigo escribiendo, y a pesar de todo lo malo, no puedo tener porcentajes o arrepentirme de algo. Lo he probado, y su sabor no ha sido malo, pero su efecto ha sido como veneno en ciertas ocasiones.

Perdí a la Luna tras el correr de esas nubes y me perdí en la carretera sin ver esos bosques, sin escalar aquellas lejanas montañas. Me alejé de ti, y te sigo recordando. Duele ser o estar hoy… y al mismo tiempo es un orgullo, porque no soy la mujer de ayer y sé que nunca más lo seré.

Se que tengo compañía, encontré a gente fabolusa, y traté de olvidar a dos amigas; Melancolía y Soledad, pero han vuelto a mi. No, no escribo sobre ellas, ni para ellas, ni por ellas. Escribo porque lo necesito, porque para mi es respirar y ya me estaba ahogando en un vacío lleno de tartas y falsificaciones.´

Ahora sólo deseo, sólo deseo… y no espero a Esperanza, pero pienso en ella y deseo, deseo y por momentos… creo.