No me había percatado.

abril 25, 2010

No me había percatado. En realidad no me había dado cuenta.

Fue hasta que me pidieron un curriculum para una ponencia.

Me preguntaron si era “Estudiante” y dije que no.

Alguien por otro lado se había entusiasmado y me había dicho que en una ciudad en dónde no conocía a nadie ya había entrado a un círculo.

Pero en esas horas, yo sólo veía los libros, escribía y estudiaba. No pensaba en nada más.

Cuando me presentaron ante el público, simplemente; no leyeron mi curriculum completo. Ni expusieron mi material visual como lo había preparado. Es más, ni siquiera lo mostraron.

Alguien que tiene casi el triple de mi edad me quería dejar en ridículo con sus preguntas, pero no pudo.

(Lo siento si sueno muy petulante con esto)

Me di cuenta en el primer momento de su bagage cultural al decirme que uno de los mejores libros que había leído y que me recomendaba era “MENOS PROZAC Y MAS FILOSOFIA” o algo así.

Después me dicen que tengo que reforzar mi voz, cuando no hicieron las cosas bien, ni hubo difusión y ni siquiera me pusieron un micrófono aparte de que no me habían dicho el tiempo que duraba esto (y llegaron todos tarde y sin el material) porque yo era ponente, no era representante.

Lo más curioso de esto es que antes, de saber quien era yo y todo lo que hacía, me habían invitado a escribir en una antología, a ser invitada de honor en un supuesto círculo de lectura y de repente, con los teléfonos que me dieron antes y las direcciones de e-mail veo que son; en efecto un círculo. Bastante cerrado y sin ninguna tangente.

De las convocatorias abiertas, no se recibió ninguna que fuese mía (y eran abiertas) ni siquiera me contestaron el teléfono o me llamaron para otras ponencias en las que querían que participara.

No me creían mi nombre, no creía nadie que alguien como yo fuera lo que es. Incluso los textos o mis fotografías pensaban que eran robadas (sí, de ese tamaño tienen la mente) ¿Querían pruebas? Pues las tienen y por lo que veo no les ha gustado en nada lo que vieron.

Envidia, celos, coraje, competencia… mil indicativos de lo que yo sentía o he sentido.

Es una pena, pero no lo digo por mí, sino porque hablaron tanto del ego, egocentrismo, egoísmo hacia las artes y que no se daba difusión a estas y están cayendo en lo mismo.

Bien dicen que “Más pronto cae un hablador que un cojo”

Pues aquí están y me siento feliz de haber demostrado lo que soy y de lo que soy capaz, porque nadie de esta ciudad daba el ancho para hacerlo, porque sé que me buscaron en la última hora por desesperación tal vez, pero yo estoy contenta.

Leo, veo lo que escribo y yo misma me sorprendo. Y me alabo. Me comprendo y con eso basta.

Con eso basta para que sea feliz. Con percatarme de lo que soy capaz y de lo que logro concebir en gente que no tenía idea que existiera.

La cultura de los demás no está en mis manos, así como no lo está su educación.

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