No es otra carta

septiembre 10, 2010

Y escucho un trueno; me asomo a la ventana y veo mil rayos; el cielo es una mezcla de tonos púrpuras y rosas; las estrellas se esconden tras esas nubes.

Mi pensamiento te pertenece, mientras siento el pequeño goteo en mi rostro, y todavía percibo sensaciones de tu cuerpo en el mío; y cómo ríes y cómo muerdes, cómo brillan tus ojos.

Y te veo, te veo en ese cielo desde el cual se desprende la lluvia, te veo en mí.

Y recuerdo la lluvia de días anteriores, mi falda, mis tacones y mi cabello suelto, tus manos, mis abrazos y una copa de vino tinto. Una cajetilla de cigarros.

Ahora kleenex, resfriados y una sonrisa febril; un sentimiento indescifrable, al verte en el jardín, y después de ti ver cómo los rosales se renuevan. Y ver a un sol, y después a la niebla. Y ser tuya, y que seas mío.

Y escribir sobre un tormento, sobre hambre, sobre ansias, escribir una historia, un cuento, falacia, mentira, ficción, fantasía.

Más de una sonrisa traen esos truenos, como las estrellas cuando te miro cielo.

Cuando llueve, cuando estoy a tu lado, cuando estás a mi lado, cuando duermo con tu aroma, cuando despierto en tu ser. Cuando me caigo de la cama, cuando no quiero mañanas.

Y los relojes me cuentan las horas, los días, mientras el calendario marca el tiempo. Y me hace ver que soy feliz. Que no te cuento, que no te lo digo. Yo te lo escribo. Aunque no lo leas.

Porque arrancas las hojas en blanco de mi memoria y las llenas con tu pensar, y yo revuelvo tu cuerpo.

Te escribo, te leo, te beso y te quiero.

Y no sé qué más digo, pero sé muy bien lo que siento. Y así lo expreso.

Te veo, te siento.

Y más; más que una noche de tormenta, más que un amor romántico, más de lo que perciben…

Ya soy libre, pienso, mientras veo el cielo oscurecer, y te extraño y deseo que estés bien.

Tomo una taza de té y mi pendiente en la otra mano, veo los rayos y siento la lluvia.

La que te enloquece,  y veo que esto no tiene sentido y no me importa, porque sonrío.

Y sin saberlo, lo hago porque tú eres quien abre mis labios, en un beso, con un gesto, al hablar.

Y veo al cielo y ya no pregunto. Sólo quiero esperar.

Y volver a la cama, con un libro o dos, o con hojas en blanco y desnudarme por completo; hablar, cantar, reír y por supuesto; soñar más.

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