Muerte

febrero 28, 2011

Peso casi 50 kilos, no sé si estoy por debajo de ellos o si estoy por encima. La primera vez me dio miedo verme ante un espejo, las costillas se hacían presentes. De eso han pasado muchos años y con los años muchas cosas.

Ahora no estoy en donde estaba, ni siquiera hay espejos. Pero sé que mis ojos ya no son los de antes, las cuencas negras han sido reemplazadas por sombras rojas; presión, presión, presión… mi cerebro va a explotar. Mis oídos no te escuchan, mis labios ya no son míos.

Yo ya no estoy aquí, me han reemplazado, el sueño terminó en pesadilla.

Mis huesos están tan fragmentados por abrazos tan hipócritas y mi sonrisa se devela en el brillo inocuo que no existe en mis pupilas.

Tarde, la tarde está aquí y yo no voy.

Logré lo que quise, permanecí y me he ganado un regalo; ¡qué va! un trofeo.

La música suena, el ballet recuerda mis pies rotos, los libros traen consigo esos años en los que no pude leer, en los que hubo una muchacha que me leía y a la que yo le enseñaba historia  y pintura… desde una cama.

Esos días están por regresar, el cuello me sangra, los ojos ven borrones y mi memoria vive en el pasado.

Me estoy quedando ciega. Ya no hay Sirenas, tampoco encuentro a Morne, ni a la bailarina. No veo teatros y no puedo escribir, sigo con fiebre. Mis lágrimas son de odio, de resentimiento, de soledad, de ansiedad, de enfermedad.

Para mí hay cosas peor que morir. Y estoy viva y duele.

Duelen tantos años y tanto esfuerzo para que al final, desde una cama, viendo distorsiones, me percate de que esto no ha servido de nada.

¿Sirvió de algo?

Escribo y escribí antes… leo y leí desde hace mucho, soy una romántica. Lo sé.

¿Qué he aprendido?

¿Qué he aprendido?

¿Qué he aprendido?

Tengo fiebre y mi muerte se ríe de mí.

La veo en esa puerta, sus huesos son los míos… el haz está cubierto con mi sangre.

Veo mis dientes, escupo saliva con sangre seca. Mi cama está deshecha.

Por todos lados hay libros de filosofía, de poesía, mis pinturas están en el suelo, Dalí carga con mis arrugas, con mis años y con mi memoria.

El sueño se fue, el dolor regresó, la espalda, el cuello, el sol… la luz.

Abro los ojos y respiro: pero eso pasó hace casi diez años. Quizá hace más. No sé en dónde estoy. El miedo, la ansiedad y el stress de no saberme en un lugar POR PRIMERA VEZ hace que me hunda en una espiral y que retome apuntes sobre epitafios, sobre arte, sobre teatros… sobre quien soy.

No soy yo sino leo, no soy yo sino escribo.

¿Soy yo dentro de ese hospital?

No me veo. Me desangro entre decepciones, ante las imperfecciones, ante el incumplimiento y el rigor categórico del que estoy siendo presa y por el que estoy perdiendo lo que tuve.

Hoy veo a la muerte; hoy no estoy.

Hoy ya estoy muerta.

One Response to “Muerte”

  1. Daniel Says:

    Te felicito por este ejercicio literario, está lleno de poesía, impregnado de la esencia de una mujer que vive en la desolación, pero que está lamentablemente consciente de que está al borde del abismo, y sin embargo, no parece haber nada que hacer al respecto.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s