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marzo 10, 2011

Inicio; de nuevo.

Dicen que errar es de humanos y que de entre las cenizas surge el fuego.

Yo ahora estoy encendiendo mis velas ya apagadas, las cenizas vuelan con el viento, las llama el fuego mismo de una incineración, los fragmentos rotos están siendo recogidos. Se va a reconstruir algo, no lo mismo.

En esta noche escucho  los árboles murmurar sobre la soledad, la tristeza que proyecta el que se vaya el invierno, la tristeza que impregna las habitaciones llenándolas de primavera.

El humo entre mis ojos ya no me ciega, he dejado recuerdos, personas, ciudades y sigo con un paso fatuo, pero por momentos imperceptible. No soy una sombra, ni fui un fantasma.

No estoy muerta, no como crees. Ni como quieren. Esta soy yo y me levanto.

Perdida y caída entre espirales y saliendo de laberintos, ahora escribo, veo hacia atrás por última vez, tomo mi cabello y decido que es hora de darle cuerda a los relojes y enfrentar a los calendarios.

Ya no pienso en los recuerdos, ni el el presente que acaba de ocurrir.

Rompo temas, objetos, pensamientos, arquetipos y relaciones; rompo cadenas.

Duele ser libre, duele el peso de tanto, duele la vida, duele ver el contenido de la caja de Pandora.

Pero ya no, ahora, mi concepción del ahora hace que tome estas decisiones, tan mías, tan estrictas y tan secretas.

El grito, las lágrimas, los besos, la extrañez,  la otredad, el no sentido, la niebla. Todo vuelve pero no como antes, ahora lo veo, veo mis errores, veo qué puedo hacer y qué no. Y me sorprendo cuando el espejo me habla, cuando tomo fragmentos de mi memoria para ya no recobrarlos más.

No perdí el control, perdí abrazos hipócritas, besos fríos, palabras mudas y miradas vacías que en un momento creí. Las pierdo por decisión propia. Las paredes hablan, la música se escucha. Las lágrimas se han secado.

Mi único pensamiento es el seguir, de una forma que sólo yo entiendo.

De nuevo renazco y conmigo la fortaleza, la imaginación, mi instinto,  mi propia voz más fuerte y clara.

ESTOY AQUÍ -me digo y les grito-

Mi perfume incendia el jardín y las estrellas queman con su resplandor, los árboles me claman.

Y yo, con tantos viajes, me he reencontrado en una nueva habitación y en una nueva ciudad.