septiembre 4, 2011

Te extraño y regreso 🙂 (Taken with instagram)

septiembre 4, 2011

Morrissey – Everyday is like Sunday 

Trudging slowly over wet sand
Back to the bench
Where your clothes were stolen
This is the coastal town
That they forgot to close down
Armageddon – come Armageddon!
Come Armageddon! Come!
Everyday is like Sunday
Everyday is silent and grey

Hide on the promenade
Etch a postcard:
“How I Dearly Wish I Was Not Here”
In this seaside town
That they forgot to bomb
Come, come, come Nuclear Bomb!
Everyday is like Sunday
Everyday is silent and grey

Trudging back over pebbles and sand
And a strange dust lands on your hands
And on your face
On your face..

Everyday is like Sunday
“Win Yourself A Cheap Tray”
Share some grease-tea with me
Everyday is silent and grey

septiembre 4, 2011

NIN – Everyday Is Exactly The Same 

septiembre 4, 2011

This is how philosophers should salute each other: ‘Take your time.’

Ludwig Wittgenstein 

septiembre 4, 2011

Taken with instagram

¿Te cuento un cuento?

septiembre 4, 2011

Supe de alguien; de una mujer que no encajaba en nada, ni con nadie.

Era bastante extraña, pero no era excéntrica.

Pasó por muchas circunstancias en su vida que la llevaron a un estado en el que se conviertió en una roca.

No pensaba en tener amistades, en construir una relación, menos en tener hijos o una familia. Todo eso era una falacia.

Llevaba el mejor promedio, desde que la conocí. Le gustaban los espejos, la noche, la luna, el frío, y soñaba con tener los ojos azules, como hielo. Y el cabello negro como el plumaje de un cuervo; pero sus ojos eran casi negros y su cabello (decían) que era color miel, rojizo, aunque ella se lo tiñera siempre.

De pronto entre su horario de doce horas en la facultad, una hora para comer al día, cuatro horas para estudiar, tres para leer y no sé cuántas más para escribir se presentó un ¿hombre?

A ella siempre le había llamado la atención, pero nunca le habló, le tuvo miedo, desde que lo veía en los corredores o en las oficinas.

Pero se le pasó, no tenía tiempo para eso, estaba publicando en España y en Estados Unidos, iba al súper a comprar despensa y se encargaba de que su departamento siempre oliera a lavanda, y que nunca faltaran los inciensos.

Pasaba horas acomodando sus libros que terminaban como amantes, en su cama, regados, o en el piso, caídos del buró, del librero, de que eran tantos que ya no cabían y se resbalaban unos con otros, me imagino que peleando un lugar en los estantes.

Algunos eran viejos, otros eran nuevos, otros eran regalos, otros ella los había comprado, unos más eran premios, otros eran dedicatorias y algunos más tenían su nombre en los índices. Como la autora.

No se consideraba políglota, pero hablaba inglés, francés, latín, alemán, entendía el alfabeto ruso y también las letras clásicas como el griego.

Era una piedra que sangraba constantemente, los recuerdos y el pasado no la dejaban en paz, no podía estar llena. Lo único que la hacía feliz eran sus libros, sus lecturas.

No era fea, su cintura medía cerca de 60 cm. y tenía un cabello ondulado y largo bellísimo, que yo le envidio, siempre se maquillaba y sus ojos eran enormes, pero sobre todo muy expresivos.

Este “hombre” que llamaremos OSCAR se prendó de ella, porque le dijeron que sabían de una mujer inteligente que era muy parecida a él.

Oscar la empezó a buscar, a invitarla a salir, la buscaba en casa de sus amigas (extranjeras y con títulos de doctorados y él se refería a ellas de “USTED”), todos los días hablaban, él la buscaba en la facultad.

Incluso alguna vez le dijo que su curriculum lo había seducido.

Ella le empezó a tener confianza, le contó sobre la historia de cómo es que se convirtió en roca, un domingo en que él la esperaba en un café al aire libre con libros y una rosa natural. El lloró. La abrazaba y ella no comprendía el sentido de eso.

Pero le gustaba, le gustaba estar con él y debatir acerca de lingüística, y que él la buscara, que tuviera detalles, que le regalara libros. Que le regalara té y que no la criticara por lo que había pasado, por su enfermo corazón. El la cuidaba.

Así pasó algún tiempo y todo era sonrisas, claro; menos tiempo para dormir, porque hablaban mucho, pero ella seguía con sus doce horas en la facultad y estudiando, escribiendo y proyectando. Dando clases, aprendiendo, gestionando.

Se hicieron ¿novios? ¿pareja? pero de una forma seria. El la presentó con toda su familia, incluso se querían mudar juntos. Iban a comprar al súper, la cena de un sábado o un domingo por la noche, bebían té, él le daba masajes para que durmiera.

La cama no era algo de modo connotativamente sexual, se acostaban, y leían, ponían la laptop entre sus piernas y cada uno se sumergía en el trabajo. De repente se bebían litros de jugo de uva, o ella tenía dulces de miel para seguir despierta.

Si ella se dormía, él se iba a la sala a seguir trabajando, y le apagaba las luces de la habitación para que ella siguiera durmiendo. En las mañanas que ella se sentía mal, él le dejaba dinero en el buró, medicamentos, teléfonos de emergencias, agua, y cubría las ventanas para que no la molestaran los rayos del sol y descansara.

Ella, a pesar de lo que pasaba y lo que pasó, se sentía feliz. Nunca había conocido a alguien así, y pensó que lo quería. Ella llevaba años sin una pareja, pero no le importaba, aunque todas sus amigas estuvieran casadas, divorciadas, o por la tercera vuelta.

Ella amaba sus libros y su libertad. Pero haber compartido esa libertad con Oscar era algo nuevo y algo que la hacía sonreír, algo que la complementaba y le daba una seguridad que nunca había buscado ni había sentido antes.

Pero no todo fue miel sobre hojuelas.

Desde el primer momento su tía, la amenazó de muerte, la insultó, la humilló.

Con el paso del tiempo esa tía de Oscar se metió más y más, no la dejaba verla con el pretexto de que ella lo manipulaba, y Oscar tenía que prestarle el coche o llevarla con su hijo y otro tipo que llamaremos Josué, a pagar el agua, a los juzgados, a defender a vecinas (de ella) y ni siquiera le permitía ir a la Universidad, todo con tal de que ya no se vieran.

Cuando ya quedaban en ir a comer juntos, él pasaba por ella y hasta después, era cuando le decía que había comido con su tía.

Empezó a no creer en ella. Y ella se enojó. Demasiado. Ya no toleraba que se hubiera desequilibrado tanto su vida, que ahora sintiera dolor, inseguridad, miedo.

Y lo dejó. Pero Oscar no la dejaba a ella.

Sabiendo que la tía de Oscar amenazó a la muchacha y la insultó, la injurió y demás situaciones nada agradables, le comentaba todo. 

En la última comida, la tía le dijo que en media hora tenía que ir por ella, y la novia de Oscar en ese momento ya se sentía muy mal, ya no toleraba nada de eso.

Estaban en un frío Burger King, le gritó, tiró un litro de Seven Up, y le dijo:

-Eres igual a o todos

Pero Oscar respondió:

-No es verdad, soy diferente.

Ese es el punto, eres igual que todos los que se creen diferentes. ¿No te das cuenta de lo que estás haciendo? Y me dices que me quieres, que me amas… que nunca habías amado a nadie. Mira cómo nos tienes.

Y cayó desmayada, cuando despertó estaba en su cama, y un brazo le temblaba, después de minutos empezó a convulsionarse, casi.

Oscar la tomó en brazos y la llevó al hospital a Urgencias, pero había mucho tráfico y el coche lo había estacionado lejos.

Tomaron un taxi. Ella iba desmayada, no se enteró de nada. Sólo le dijo que le hablara a su madre.

Cuando despertó de nuevo, estaba en el hospital, en la cama, cubierta. Tenía hipotermia, y tenía puntas de oxígeno puestas en la nariz.

La presión sanguínea le había subido a 130/190, sentía algo raro en la boca, eran pastillas sublinguales.

Sonó un teléfono, era su celular. Su mamá le estaba llamando, estaba preocupada, estaba en otra ciudad. La tía de Oscar la había llamado preguntando por ella misma y queriendo averiguar si estaba enferma. Oscar ya no le creía.

La tía llegó al hospital y a esta muchacha la cercaron entre las enfermeras y el doctor para que no entraran a verla, estaba muy grave y no tenía a nadie, sólo tenía a Oscar y Oscar la había traicionado de la peor manera, sabía que su tía había amenazado a su novia, se lo dijo a la madre de su novia.

Se arrodilló ante ella en el hospital, pero no recuerda bien qué pasó. Sólo que él le dijo que se morirían si él los dejaba. Pero ¿a quién? A su familia.

-Pero ¿no te das cuenta que en realidad quien está a punto de morir soy yo? Y me estás rematando con esto.

Lo siento, pero son mi familia y me han dicho que decida entre tú o ellos.

Cuando ella salió del hospital, él se encargó de que no hubiera nadie para que ella estuviera tranquila.

Llegarían a su casa, y Oscar prepararía té para los nervios.

Pero de repente cambió por una llamada, no ayudó a su novia a subir las escaleras y le robó su carnet de citas, si ella no le grita y todavía mal del corazón, se quedaba con su agenda.

Oscar dijo que arreglaría problemas y cerró la puerta.

No supe más de esa muchacha. Creo que murió.

Dicen que nadie muere de un corazón roto, pero la presión de todos lados y las impresiones, los cambios y las enfermedades hacen que los corazones se rompan y que las personas mueran.

Hoy escribo esto en memoria a ellos dos.

Sé que en un punto se amaron, se quisieron y se cuidaron y me apena mucho saber que no se tuvo el coraje, la fuerza y la determinación para que una relación tan bonita continuara.

Lloro por ella. Apenas disfrutaba de otro lado de la vida, algo que era desconocido para ella y está muerta. Perdió su carrera, su salud, su amor, su vida.

Y eso me llena de desconsuelo y de desesperanza.

Sé mucho más de ella, pero lo iré contando poco a poco.

El comienzo ha sido su muerte, la última y la peor.

Hoy vi su retrato, y no se parecía a la última vez que la vi, estaba muy delgada y demacrada, sus ojos estaban opacos, estaba fría. Ya era presa de la muerte.

Escribo esto porque quiero que se enteren de un poco de su historia, a ella ya no le importa, ella ya está muerta. La mataron. La aniquilaron.

La soledad y la desolación.

Esto es para ti, con lágrimas en los ojos te escribo, tú pudiste, tú puedes seguir, en donde estés. No pierdas ese encanto. Vuélvete etérea, corpórea, y aprende a volar, ya no llores, ya no serás un alma en pena.

Te extrañaré, pero si esto fue lo mejor, lo respeto. Conozco el sufrimiento. Lo siento. Eres valiosa y hablando en presente, quiero que los demás sepan, cuán valiosa fuiste y sigues siendo.

Apoyo

septiembre 4, 2011

Hoy mi madre, antes de irse de viaje me ha dicho:

– Hija, no estás vacía. No necesitas a una religión.

La filosofía se ha convertido en  tu forma de vida, y si eso es bueno o malo; no importa.

Importa que te ha ayudado. Porque eres inteligente y no cualquiera toma ese camino.

Tu vida es diferente, tú eres diferente y complicada.

Pero eso te hace feliz, eso y tus libros, tus escritos.

No dejes de escribir.

Consejos a los jóvenes literatos

Charles Baudelaire

Los preceptos que se van a leer son fruto de la experiencia; la experiencia implica una cierta suma de equivocaciones; y como cada cual las ha cometido –todas o poco menos-, espero que mi experiencia será verificada por la de cada cual.

***

I

DE LA SUERTE Y DE LA MALA SUERTE EN LOS COMIENZOS

Los jóvenes escritores que hablando de un colega novel dicen con acento matizado de envidia: “¡Ha comenzado bien, ha tenido una suerte loca!”, no reflexionan que todo comienzo está siempre precedido y es el resultado de otros veinte comienzos que no se conocen.

…creo más bien que el éxito es, en una proporción aritmética o geométrica, según la fuerza del escritor, el resultado de éxitos anteriores, a menudo invisibles a simple vista. Hay una lenta agregación de éxitos moleculares; pero generaciones espontáneas y milagrosas jamás.

Los que dicen: “Yo tengo mala suerte”, son los que todavía no han tenido suficientes éxitos y lo ignoran.

***

Libertad y fatalidad son dos contrarios; vistas de cerca y de lejos son una sola voluntad.

Y es por eso que no hay mala suerte. Si hay mala suerte, es que nos falta algo: ese algo hay que conocerlo y estudiar el juego de las voluntades vecinas para desplazar más fácilmente la circunferencia.

***

II

DE LOS SALARIOS

Por hermosa que sea una casa es ante todo -y antes de que su belleza quede demostrada- tantos metros de frente por tantos de fondo. De igual modo la literatura, que es la materia más inapreciable, es ante todo una serie de columnas escritas; y el arquitecto literario, cuyo sólo nombre no es una probabilidad de beneficio, debe vender a cualquier precio.

Hay jóvenes que dicen: “Ya que esto vale tan poco, ¿para qué tomarse tanto trabajo?” Hubieran podido entregar trabajo del mejor; y en ese caso sólo hubieran sido estafados por la necesidad actual, por la ley de la naturaleza; pero se han estafado a sí mismos. Mal pagados, hubieran podido honrarse con ello; mal pagados, se han deshonrado.

Resumo todo lo que podría escribir sobre este asunto en esta máxima suprema, que entrego a la meditación de todos los filósofos, de todos los historiadores y de todos los hombres de negocios: “¡Sólo es con los buenos sentimientos con los que se llega a la fortuna!”

Los que dicen: “¡Para qué devanarse los sesos por tan poco!” son los mismos que más tarde quieren vender sus libros a doscientos francos el pliego, y rechazados, vuelven al día siguiente a ofrecerlo con cien francos de pérdida.

El hombre razonable es el que dice: “Yo creo que esto vale tanto, porque tengo genio; pero si hay que hacer algunas concesiones, las haré, para tener el honor de ser de los vuestros”.

III

DE LAS SIMPATÍAS Y DE LAS ANTIPATÍAS

En amor como en literatura, las simpatías son involuntarias; no obstante, necesitan ser verificadas, y la razón tiene ulteriormente su parte.

Las verdaderas simpatías son excelentes, pues son dos en uno; las falsas son detestables, pues no hacen más que uno, menos la indiferencia primitiva, que vale más que el odio, consecuencia necesaria del engaño y de la desilusión.

Por eso yo admiro y admito la camaradería, siempre que esté fundada en relaciones esenciales de razón y de temperamento. Entonces es una de las santas manifestaciones de la naturaleza, una de las numerosas aplicaciones de ese proverbio sagrado: la unión hace la fuerza.

La misma ley de franqueza y de ingenuidad debe regir las antipatías. Sin embargo, hay gentes que se fabrican así odios como admiraciones, aturdidamente. Y esto es algo muy imprudente; es hacerse de un enemigo, sin beneficio ni provecho. Un golpe fallido no deja por eso de herir al menos en el corazón al rival a quien se le destinaba, sin contar que puede herir a derecha e izquierda a alguno de los testigos del combate.

Un día, durante una lección de esgrima, vino a molestarme un acreedor; yo lo perseguí por la escalera, a golpes de florete. Cuando volví, el maestro de armas, un gigante pacífico que me hubiera tirado al suelo de un soplido, me dijo: “¡Cómo prodiga usted su antipatía! ¡Un poeta! ¡Un filósofo! ¡Ah, que no se diga!” Yo había perdido el tiempo de dos asaltos, estaba sofocado, avergonzado y despreciado por un hombre más, el acreedor, a quien no había podido hacer gran cosa.

En efecto, el odio es un licor precioso, un veneno más caro que el de los Borgia, pues está hecho con nuestra sangre, nuestra salud, nuestro sueño ¡y los dos tercios de nuestro amor! ¡Hay que guardarlo avaramente!

IV

DEL VAPULEO

El vapuleo no debe practicarse más que contra los secuaces del error. Si somos fuertes, nos perdemos atacando a un hombre fuerte; aunque disintamos en algunos puntos, él será siempre de los nuestros en ciertas ocasiones.

Hay dos métodos de vapuleo: en línea curva y en línea recta, que es el camino más corto. (…) La línea curva divierte a la galería, pero no la instruye.

La línea recta… consiste en decir: “El señor X… es un hombre deshonesto y además un imbécil; cosa que voy a probar” -¡y a probarla!-; primero…, segundo…, tercero…etc. Recomiendo este método a quienes tengan fe en la razón y buenos puños.

Un vapuleo fallido es un accidente deplorable, es una flecha que vuelve al punto de partida, o al menos, que nos desgarra la mano al partir; una bala cuyo rebote puede matarnos.

V

DE LOS MÉTODOS DE COMPOSICIÓN

Hoy por hoy hay que producir mucho, de modo que hay que andar de prisa; de modo que hay que apresurarse lentamente; pues es menester que todos los golpes lleguen y que ni un solo toque sea inútil.

Para escribir rápido, hay que haber pensado mucho; haber llevado consigo un tema en el paseo, en el baño, en el restaurante, y casi en casa de la querida. (…)

Cubrir una tela no es cargarla de colores, es esbozar de modo liviano, disponer las masas en tono ligero y transparentes. La tela debe estar cubierta -en espíritu- en el momento en que el escritor toma la pluma para escribir el título.

Se dice que Balzac ennegrece sus manuscritos y sus pruebas de manera fantástica y desordenada. Una novela pasa entonces por una serie de génesis, en los que se dispersa, no sólo la unidad de la frase, sino también la de la obra. Sin duda es este mal método el que da a menudo a su estilo ese no se qué de difuso, de atropellado y de embrollado, que es el único defecto de ese gran historiador.

VI

DEL TRABAJO DIARIO Y DE LA INSPIRACIÓN

(…)

Una alimentación muy sustanciosa, pero regular, es la única cosa necesaria para los escritores fecundos. Decididamente, la inspiración es hermana del trabajo cotidiano. Estos dos contrarios no se excluyen en absoluto, como todos los contrarios que constituyen la naturaleza. La inspiración obedece, como el hombre, como la digestión, como el sueño. (…) Si se consiente en vivir en una contemplación tenaz de la obra futura, el trabajo diario servirá a la inspiración, como una escritura legible sirve para aclarar el pensamiento, y como el pensamiento calmo y poderoso sirve para escribir legiblemente, pues ya pasó el tiempo de la mala letra.

VII

DE LA POESÍA

En cuanto a los que se entregan o se han entregado con éxito a la poesía, yo les aconsejo que no la abandonen jamás. La poesía es una de las artes que más reportan; pero es una especie de colocación cuyos intereses sólo se cobran tarde; en compensación, muy crecidos.

Desafío a los envidiosos a que me citen buenos versos que hayan arruinado a un editor.

(…)

¿Por lo demás, qué tiene de sorprendente, puesto que todo hombre sano puede pasarse dos días sin comer, pero nunca sin poesía?

El arte que satisface la necesidad más imperiosa será siempre el más honrado.

VIII

DE LOS ACREEDORES

(…) Que el desorden haya acompañado a veces al genio, lo único que prueba es que el genio es terriblemente fuerte; por desgracia, para muchos jóvenes, ese título expresaba no un accidente, sino una necesidad.

Yo dudo mucho que Goethe haya tenido acreedores (…). No tengan acreedores jamás; a lo sumo, hagan como si los tuvieran, que es todo lo que puedo permitirles.

IX

DE LAS QUERIDAS

Si quiero acatar la ley de los contrastes, que gobierna el orden moral y el orden físico, me veo obligado a ubicar entre las mujeres peligrosas para los hombres de letras, a la mujer honesta, a la literata y a la actriz; la mujer honesta, porque pertenece necesariamente a dos hombres y es un mediocre pábulo para el alma despótica de un poeta; la literata, porque es un hombre fallido; la actriz, porque está barnizada de literatura y habla en “argot”; en fin, porque no es una mujer en toda la acepción de la palabra, ya que el público le resulta algo más preciosos que el amor.

(…)

Porque todos los verdaderos literatos sienten horror por la literatura en determinados momentos, por eso, yo no admito para ellos -almas libres y orgullosas, espíritus fatigados que siempre necesitan reposar al séptimo día-, más que dos clases posibles de mujeres: las bobas o las mujerzuelas, la olla casera o el amor.

-Hermanos, ¿hay necesidad de exponer las razones?

15 de abril de 1846