No sé

mayo 3, 2012

No, no sé qué pasa conmigo.

Al contrario, sé muy bien lo que me conviene. Pero es difícil. Y más en estos momentos. Odio las etiquetas, los nombres y situaciones falsas. 

¿Inmadurez? ¿Tuya o mía?

Tuya por no poder aceptar las circunstancias que transgreden a nuestro presente y mía por no poder alejarme y tener este fuego que me quema, por dentro y por fuera, pero que no se consume.

Te extraño, quiero estar contigo, pero tengo una negación que no puedo controlar a pesar de que estoy consciente de ello.

No quiero que me veas mal, quiero reírme, quiero salir contigo, quiero que me des un beso cuando dices que hablo mucho. Quiero que me escribas como lo haces o lo hacías.

Aquel día que me abrazaste no necesitaste decir algo, pero lo sentí tanto y tan fuerte que sólo te dije un: “YO TAMBIÉN”

¿Por qué hemos tenido estos problemas?

Quiero borrar fantasmas, recuerdos, miedos y quiero que te des cuenta de lo que en verdad tienes conmigo, que pongas en perspectiva que a pesar de todo lo que hemos pasado soy lo que por toda tu vida has deseado.

Tu ego, tu egoísmo y tus complejos no te han dejado disfrutar de una vida plena a mi lado y te lo he demostrado; lo más importante es que lo has aceptado cuando te lo he dicho.

No quiero que seas mi “salvavidas” y tampoco quiero que seas “mi ancla” porque no me quiero hundir y no quiero que seas mi rescate.

Me cansé de estar en una montaña rusa, con las entrañas que no me dejan respirar y con el corazón sumergido en lágrimas, me cansé de planear contigo y de creer en tus falacias.

Pero quiero estar a tu lado… todavía. Quiero que salgamos y me tomes de la mano, que me prepares té y me lo lleves a la cama, que comamos juntos, que tengas la llave de mi casa.

Hemos pasado por mucho pero no hemos superado todo, ojalá y pudiésemos, pero ahora no podemos ni hablar. Elegí el trabajo, y los viajes y me alejé de tus invitaciones, para después entrar en un conflicto y arrepentirme. Pero no hay nada seguro, y eso nos molesta. No tenemos estabilidad.

¿Qué hago? Ya no quiero críticas y no me puedo ir de aquí, siento mucho que me veas como alguien que te lastima sólo por ser quien soy, y lo dices “inocentemente, me lastimas.”

He pasado las lágrimas más amargas y el miedo más feroz a tu lado, pero también los días felices, las noches inagotables y sabes lo que casi nadie sabe de mí. Pero no puedes saber más.

Estás enojado y yo también, pero ya no sé con quién o contra qué.

Creo en el destino cuando miro hacia atrás y veo que desde el primer momento que nos peleamos por la plaza de cine ya nos habíamos anclado.

Te recuerdo de rodillas, amarrando mis botas grises. Quemando mis fotocopias por celos. Y cuando estaba dormida y decías que no hicieran ruido porque me despertaban. Te recuerdo preparándome te. Y en el hospital conmigo. Y cuando estuve a punto del coma y esas llamadas que nos destrozaron.

¿Te quiero?

Quiero estar contigo, quiero besarte, quiero ser feliz y si soy feliz contigo ¿Por qué no lo intento?

No lo sé.

 

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Tu Ausencia

mayo 3, 2012

Tu Ausencia

mayo 3, 2012

It’s a funny thing about the modern world. You hear girls in the toilets of clubs saying, “Yeah, he fucked off and left me. He didn’t love me. He just couldn’t deal with love. He was too fucked up to know how to love me.” Now, how did that happen? What was it about this unlovable century that convinced us we were, despite everything, eminently lovable as a people, as a species? What made us think that anyone who fails to love us is damaged, lacking, malfunctioning in some way? And particularly if they replace us with a god, or a weeping madonna, or the face of Christ in a ciabatta roll—-then we call them crazy. Deluded. Regressive. We are so convinced of the goodness of ourselves, and the goodness of our love, we cannot bear to believe that there might be something more worthy of love than us, more worthy of worship. Greeting cards routinely tell us everybody deserves love. No. Everybody deserves clean water. Not everybody deserves love all the time.

Zadie Smith