Escribo

octubre 4, 2013

Hace mucho tiempo que no escribo.

No soy de esas que escriben en un blog porque sí y nada más. Siempre he tenido un porqué.

Pero ahora no encuentro un porqué. Sólo quiero escribir.

 

 

No sé qué he escrito a través de tantos años, no sé si han sido ficciones, o poemas hechos una metáfora de lo que vivía en esos momentos.

Quisiera escribir como alguien que no soy, y a la vez quisiera escribir lo que soy, no perder mi esencia.

 

Ayer me reflejé en la pantalla de mi laptop, sólo vi mi cintura y mi cadera; ¿Esa soy yo? -Me pregunté.

No veía mi rostro, noté que estoy mucho más delgada que hace años, cuando tenía espejos y me sacaba fotos con mi cámara reflex de Sony, ahora mi cámara está en su estuche y no suelto mi iPhone, eso me causa tristeza.

Antes no utilizaba teléfono celular, siempre caminaba por calles desconocidas y sacaba fotos con mi cámara, siempre cargaba un libro, una libreta y muchos bolígrafos.

Ahora mis viajes se han convertido en desastres, cada vez que viajo hay un ciclón, tormenta, inundaciones, pierdo cosas… 

Y sigo preguntándome 

-¿Soy yo?

-¿Es el tiempo que me ha cambiado?

Y tengo que dejar de llorar, de recordar lo que fui; tengo que enterrar cenizas y darle la sal de mis lágrimas al mar.

No quiero mirar atrás y sin embargo todo lo que soy conlleva mi pasado, algo de lo que quiero escapar, un laberinto más.

Aquí no se trata de etiquetas de edades, de posiciones.

Esto es una crisis; ver muertos, ver sangre, esconderme entre salones a 3°C cuando por afuera se están matando, estar sola en las salas de urgencias, todos los viernes de dos años.

Llevando un ritmo de vida que antepuse a mi vida social.

Ir a pubs, a restaurants gourmet, comida deli, Coca Cola, Dr. Pepper, Starbucks, Apple.

Más y más consumismo.

Quiero volver a ella, a esa chica que tomaba fotos y a la que veían raro por su soledad en cafés, la que no usaba teléfono celular, pero no quiero ser ella de nuevo.

Todo se convirtió en un círculo, es lamentable ver que mis intentos de relaciones (amistosas y amorosas) han sido un fracaso, desde que casi me caso y dije que no. Lo extraño y a la vez no quisiera estar con él, de nuevo.

Mis mejores amigas están fuera, hemos perdido contacto, todas somos unas extranjeras, unas gitanas, aunque la única que lo lleve grabado en el nombre sea yo.

Extraño mi país, extraño el no sentir dolor y el no tomar medicamentos… Pero, volvemos a la interminable pregunta de secundaria.

“¿Cambiarías lo que fuiste?”

-No, no lo haría, no cambiaría nada.

Esto es quien soy, es lo que soy, lo quiera o no, lo acepte o no.

Lo odien o lo amen.

Es mi vida y nadie más que yo puede saber realmente por lo que he pasado, por lo que paso, lo que se siente, lo que se percibe es la superficie y tal vez sonría, pero mis ojos ya no brillan.

Por primera vez en toda mi vida tengo ojeras, a pesar de que siempre me he desvelado.

Dicen que es por el sufrimiento, yo pienso que es por la edad.

Sin embargo sigo usando mis Converse rosas y quiero patear almendras en este otoño, como hice años atrás.

¿Podré?

Es demasiado el dolor, la angustia y la fatiga.

A veces siento que no puedo más.

¿Cuál es el incentivo para la vida?

 

Supongo que en mi caso, es escribir, y quienes me conocen me han dicho siempre: “NUNCA DEJES DE ESCRIBIR”

 

Extraño escribir en libretas, extraño un beso, extraño lo que tengo, y no lo quiero perder.

Extraño mis aceites, extraño caminar con mis botas negras.

Pero pienso que estoy aquí sentada escribiendo, y que en este inesperado cambio, puede ocurrir algo mejor.

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