Las Mentes

septiembre 15, 2008

Digamos que existen dos tipos de mentes poéticas: una apta para inventar fábulas y otra dispuesta a creerlas.

Galileo Galilei

Paréntesis

septiembre 4, 2008

No sé en lo que me he convertido… ni en lo que ha sido de mi pensamiento racional… me dejé llevar por demás en el Romanticismo y he olvidado el Realismo… ahora todo gira en forma de Dadá… es demasiado y no sé ni cómo encontrarme, porque sólo veo los reflejos formando ecos y ya desdibujando la realidad.

Las palabras se encuentran dentro de las propias letras, en los libros y en las pinturas que siguen ahí, que aún no se desechan.

Sólo sé que tengo que volver a mí y no dejar que Eros o Afrodita dominen a mi amada Psyché.

Tengo miedo de no ver lo que hay… no sé cómo abrir los ojos o si en realidad los tengo abiertos y lo que no acepto es la realidad; parece un círculo con forma de cubo, del que en las esquinas sobresalen uñas en forma de espinas que lastiman, porque sólo señalan…

Me encuentro desconocida y en un paraje que me es extraño… las dunas desaparecieron y el mar se volcó en un negro… los bosques se incendiaron y las escaleras se han destrozado, la niña murió y la mujer se perdió. Una extranjera en un país extraño, en dónde no encuentra nada y como nada, encuentra todo, pero no lo que quiere, lo que quiere no lo puede obtener y sus pensamientos son fragmentos de un puzzle, que no engranan en ninguna pieza…

Estoy sola y ahora lo único que me acompaña es la historia de un inframundo, como las leguas de fuego consumientes, las llamas ardientes de un averno, y sé que lo es, porque un día casi alcancé el paraíso y esto que hay, que es apenas algo o para alguien tal vez sea demasiado, más yo que sé.

Extraños; muchos y yo misma como lo que soy, lo puedo decir, no sé ya cómo vivir así.

Es mi mente que no deja de girar y de pensar en el laberinto, oscuro y profundo de la soledad.

Sólo repite esta frase una y otra vez:

“Turn, Turn, Turn, Fall Deep and Down… and now all is Torn

Un profundo Temor

septiembre 3, 2008

“Es tan misterioso el país de las lágrimas.”

Le Petit Prince

Antoine de Saint-Exupéry

El Viento

agosto 29, 2008

Hace mucho tiempo, en una noche iba caminando, sólo siendo acompañada por mis pensamientos; recorriendo calles que me parecían conocidas y de un momento a otro sin quererlo me sentí bien, probablemente feliz… pero cuando tomé consciencia del lugar en el que me encontraba, esa sensación desapareció  y las lágrimas brotaron llenando aquel silencio en mi inconsciente.

Me estaba percatando de mi presente y me di cuenta que estaba atrapada por unas ventanas que no me dejaban siquiera mirar el exterior. No sabía cómo escapar de ese lugar.

Sin darme cuenta, de repente me vi de nuevo caminando, en la oscuridad de un callejón, de uno que no había visto hacía mucho, mucho tiempo… el suelo con tierra y las casonas abandonadas a su alrededor me sacudieron dentro de un estremecimiento, el velo de un aire me envolvió en una ráfaga y así fue cuando abrí los ojos y me percaté de que ese viento se había llevado mis lágrimas.

Ese viento no era más que el recordatorio y la aceptación del presente… por lo menos en ese instante.

Volver

agosto 19, 2008

La vitalidad se revela no solamente en la capacidad de persistir sino en la de volver a empezar.

Francis Scott Fitzgerald

Es inútil volver sobre lo que ha sido y ya no es.

Frédéric Chopin

Es tan difícil verse a uno mismo como mirar para atrás sin volverse.

Henry Davis Thoreau

La Durmiente

junio 10, 2008

Era la medianoche, en junio, tibia, bruna.
Yo estaba bajo un rayo de la mística luna,
Que de su blanco disco como un encantamiento
Vertía sobre el valle un vapor soñoliento.
Dormitaba en las tumbas el romero fragante,
Y al lago se inclinaba el lirio agonizante,
Y envueltas en la niebla en el ropaje acuoso,
Las ruinas descansaban en vetusto reposo.
¡Mirad! También el lago semejante al Leteo,
Dormita entre las sombras con lento cabeceo,
Y del sopor consciente despertarse no quiere
Para el mundo que en torno lánguidamente muere

Duerme toda belleza y ved dónde reposa
Irene, dulcemente, en calma deleitosa.
Con la ventana abierta a los cielos serenos,
De claros luminares y de misterios llenos.
¡Oh, mi gentil señora, ¿no te asalta el espanto?
¿Por qué está tu ventana, así, en la noche abierta?
Los aires juguetones desde el bosque frondoso,
Risueños y lascivos en tropel rumoroso
Inundan tu aposento y agitan la cortina
Del lecho en que tu hermosa cabeza se reclina,
Sobre los bellos ojos de copiosas pestañas,
Tras los que el alma duerme en regiones extrañas,
Como fantasmas tétricos, por el sueño y los muros
Se deslizan las sombras de perfiles oscuros.

Oh, mi gentil señora, ¿no te asalta el espanto?
¿Cuál es, di, de tu ensueño el poderoso encanto?
Debes de haber venido de los lejanos mares
A este jardín hermoso de troncos seculares.
Extraños son, mujer, tu palidez, tu traje,
Y de tus largas trenzas el flotante homenaje;
Pero aún es más extraño el silencio solemne
En que envuelves tu sueño misterioso y perenne.
La dama gentil duerme. ¡Que duerman para el mundo!
Todo lo que es eterno tiene que ser profundo.
El cielo lo ha amparado bajo su dulce manto,
Trocando este aposento por otro que es más santo,
Y por otro más triste, el lecho en que reposa.

Yo le ruego al Señor, que con mano piadosa,
La deje descansar con sueño no turbado,
Mientras que los difuntos desfilan por su lado.
Ella duerme, amor mío. ¡Oh!, mi alma le desea
Que así como es eterno, profundo el sueño sea;
Que los viles gusanos se arrastren suavemente
En torno de sus manos y en torno de su frente;
Que en la lejana selva, sombría y centenaria,
Le alcen una alta tumba tranquila y solitaria
Donde flotan al viento, altivos y triunfales,
De su ilustre familia los paños funerales;
Una lejana tumba, a cuya puerta fuerte
Piedras tiró, de niña, sin temor a la muerte,
Y a cuyo duro bronce no arrancará más sones,
Ni los fúnebres ecos de tan tristes mansiones
¡Qué triste imaginarse pobre hija del pecado.
Que el sonido fatídico a la puerta arrancado,
Y que quizá con gozo resonara en tu oído,
de la muerte terrífica era el triste gemido!

Edgar Allan Poe

Hambre de Sofía

mayo 28, 2008

Furia intempestiva que arrancabas mis pensamientos, cual filosas dagas yacientes en los subconscientes de quienes no pensaban o se negaban a ello.

La mente ahora buscaba, quería, no se cansaba, pero dolía y en arrebatos se reencontraba con un pasado del que a poco se acordaba, como del presente que ahora mismo resucitaba.

El alimento estaba infestado de fuerza, rencor y venganza, de querer y de poder, de ansias.

El fuego se encrispaba en flamas procedentes de velas ya incendiadas, de cera que ahora ya escurría por esas cornisas formando estalactitas de pensamientos, una lluvia, si una lluvia de ideas.

La tempestad había comenzado y ya no se podía detener, el aire avivaba las masas de nubes en las que entraban palabras, aforismos, silogismos y fórmulas de las que no se había hablado jamás, de las que apenas se estaban formando entre renglones de un libro que no existía, de lo que yacía dentro del gnosticismo.

Pensamientos huecos basados en una nada, ahora eran todo, todo lo que me rodeaban.

Podía más, lo sabía, más el alimento decantaba y se hacía menos denso, con un sabor dulce y tormentoso que era un desgano y unas lágrimas, con un grito desgarrador y ahogado como agonizante que hacía a la garganta resecarse y arder, tras verse hundida en sangre, ahora seca, con unas cuerdas mudas.

Hastío, Fastidio, Perfección

Imperfección, Odio, Recuerdos

Maldición y una Rendición

Ante lo que sería… ante lo que será.

Partícipe en ello, sin dejarme envolver entre hilos de una telaraña, más siendo presa de una red filtrada por la noche convertida en resplandor, en una red que formaban las estrellas, las constelaciones… sin mi guía y escuchando lo que no se oía.

El temblor persistía, el hambre por ella, por Sofía, me consumía.

El tiempo me deshacía y yo ya no hablaba, nunca he hablado…

Más siempre lo he dicho de mi propia voz:

“YO NO HABLO, SOLO ESCRIBO…”

Los Girasoles

mayo 16, 2008

Una noche te pregunté por los girasoles y me respondiste que casi estaban terminados, Otra noche te pregunté qué como iban ya y me respondiste que ya estaban mirando hacia otro lado.

Tenías razón y no me di cuenta, el invierno estaba por terminar y el sol ya estaba saliendo, el sol los había cambiado de dirección, una dirección en la que no estábamos tú y yo.

Nos perdimos, nos hemos perdido tantas veces que la fe que sostenía en ti se ha ido, conforme han ido cambiando las estaciones y la fases de la luna, ya no puedo creer en ti, ni en lo que me dices, no puedo ni creer en lo que alguna vez fuiste o fuimos.

Tomamos distintas direcciones, en primera porque yo lo decidí, en segunda porque así debió ser, en final para al mismo tiempo irnos separados y supuestamente felices, éramos tan, pero tan parecidos que hasta ahora veo que en verdad sólo éramos los ecos de un pasado, un pasado de un presente que no existió jamás.

Sé que en las noches me buscas, se que hace mucho te dejé de buscar, las pinturas de Goya, y de Van Gogh, no hacían más que recordarme tu justa ingratitud, no hacían más que viera en realidad lo que no quería ver, aquel que era más físico e instinto, aquel con quien compartí mis días y mis noches, aquel que me hacía llorar por días enteros como lo hago ahora al pensarte.

La última vez que nos vimos, nos vimos diferentes, seguíamos en nuestros cambios, en los que sin darnos cuenta teníamos a la vez, al percatarnos de lágrimas que no podrían ser de alegría sino de un odio enfermizo, o un amor ya odiado, en verdad no lo sé.

Por las noches, cuando estoy sola, por mucho, en una desesperación agobiante y contrastante sigo saliendo de la torre, de aquella torre en la que he estado por tanto tiempo y mientras bajo las escaleras en forma de caracol, esas escaleras de piedra, me doy cuenta de que salgo a buscarte, aún cuando mi destino me enseñó a dejarte, ahora busco un recuerdo, entre el bosque negro, mientras el aire helado refresca mi cara y con una vela chorreante por la cera me va quemando la piel, voy sujetando mi vestido para no caerme, veo el claro de luna que resplandece sobre ese lago que fue el primero, donde ya no hay cisnes, donde los cisnes ahora están muertos y encuentro recuerdos de lo que era un estudiante, de lo que era un monstruo que descubrí, al hacerte llorar sangre por el dolor que te partió al yo irme y dejarte para convertirte en lo que eres y cobrar tu venganza.

Pero ya no quiero más salidas en esas noches, ya no quiero buscarte, ni quiero sufrir, ya no quiero recordar tantas y tantas veces cómo te esperé, como posé para esas pinturas, ya no quiero correr, quiero estar en mi castillo y si me tengo que encerrar con candados y cadenas lo haré, porque ya no te perteneceré y sé por todo que no me buscarás más.

Tus palabras son lo más vano que tengo ahora en mi vida, en lo que digo que era mi vida, ya no las creo y sólo me laceran como dagas filtrándose por mi cerebro para así herirlo y en forma de una lobotomía inhumana haciendo lo imposible para olvidarte y no sé como lo haré, no sé como hacer que no me lastimes si ya no estás, en realidad no lo sé.

Pensé que me hacías falta y ahora sólo veo que por tantos años, por vidas y muertes que hemos compartido, por una misma cama y una máscara comprada en un viaje ahora rodante en el fango, veo que no fue real, o así lo quiero pensar, para poder algún día salir al mismo bosque negro y ver la luna, entre la lluvia y ese lago donde yacen los cisnes muertos, y sentir el goteo de esa lluvia en mi rostro, pero ya no pensar en ti, ni extrañarte más.

Para así tener el recuerdo de los Girasoles y la Maja Desnuda en mi habitación, pensando que ya no hay nada, ni hubo nadie detrás, porque es lo que quiero. Mirar el sol y dejarte pasar, como esos girasoles que te dejaron de mirar.

Cartas

mayo 8, 2008

Te quejas de nuestro compromiso, y crees que para nuestro amor, un vínculo tan exterior es del todo inútil y aún perjudicial.

!Realmente esta idea es digna de ti! ¡En verdad te admiro!

Nuestra unión externa sólo consigue separarnos. Es un muro que se alza entre nosotros y a la vez, nos mantiene aislados, como a Piramo y Tisbe. Y ni siquiera podemos gozar del amor, pues nuestro secreto es conocido por todos, y, por lo tanto, ya no es un secreto.

Sólo cuando los extraños no puedan sospechar siquiera la existencia de nuestro amor, este adquirirá su justo valor y podrá  realizarse feliz.

Fragmento: Diario de un seductor

Sören Kierkegaard

Ofelia

mayo 5, 2008

Dicen que Ofelia estaba loca… ¿en verdad lo estaba?

Ofelia no estaba loca, Ofelia sufría.

Ofelia buscaba un refugio, un refugio dentro de la belleza,

Dentro de su propia belleza,

Siempre dentro de ella, en un encierro al que llamaban locura.

Un encierro provocado por la represión y el dolor

Que fueron los mismos, aquellos que la encerraron

Ante el espanto de ese mundo, el de los demás.

Ella se burlaba de los hombres

Esos de los que siempre prometen

Pero nunca cumplen.

Ellos que la tomaban porque había perdido la razón,

Al perder a su padre, quien en realidad le había

quitado a su verdadero amor.

Por eso encerrada en su mente, paseaba por los jardines,

Porque los amaba y era lo único que le quedaba,

Por la soledad y por la libertad, por el aire frío emanando de

Las costas azules, como grises de Dinamarca

Por el húmedo viento y el rocío que mojaba sus delicados pies ya descalzos,

Cuando tomaba flores para hacer coronas, para reyes como para reinas

Más nunca para ella…

Era tan hermosa que en un riachuelo, dentro de aquel jardín

En aquel palacio, vió su imagen tan etérea y pura como lo era…

Como lo era sólo ella.

Y también se vió rodeada de esas orquídeas,

Esos dedos de Muerto que le arrebataron

Lo que muchos considerarían su vida.

Lo que para ella fue mejor, al por fin liberarse de ese encierro

Y de las burlas y promesas de familias, príncipes o plebeyos…

Al fundirse entre las heladas aguas e inmensas flores,

Con el peso del ropaje de una princesa que nunca fue

Y la única sonrisa que ensombreció más vidas.