Octubre

octubre 6, 2010

Te he temido con gotas de lluvia escalofriantes, cual puntas de saetas cayendo del cielo.

He visto tus cielos, despejados, grises, con nubes rosas y naranjas… sin embargo ya no he visto estrellas.

Quedé rota, quebrada por tanto y por tantos y tantas… que las lluvias no han aparecido porque mis ojos ahora se volvieron tu cielo, tus nubes.

¿Pero qué pienso? “Ahora”

No, ahora no, hoy no…

Hoy que me solté el cabello después de tanto; hoy sentí esa libertad. Sentí el frío pero ya no me consumió, lo disfruté, respiré, cerré los ojos y me entregué al viento. A un viento de otoño. Frío sin helar.

Obtuve lo que quise; una noche en soledad, para abrazarme, para pensar, para escribir siendo yo, con lágrimas pero con una gran fortaleza (en cualquier contexto).

Hoy siento que mi Octubre ha llegado, no como lo esperé por tanto, ni como lo quise. Pero hoy lo sentí, y sé que él a mí. Y eso es lo que importa. No así lo demás. Es sentir la soledad, la noche, el vacío y reír después de llorar.

Es querer que un sombrero salga volando entre los árboles, es inhalar ese olor a tierra, y pisar esas hojas que cayeron antes por tener miedo a ser congeladas ante la presencia de Boreas. Es dejarse llevar, por las imágenes, los momentos, una caricia, los recuerdos.

Pensar en tanto daño, en tantas caídas. Ver lágrimas negras en ojos enardecidos por coraje, por furia, por pasión que dejó mi cuerpo seco. Ver tantas fisuras y quebrantos. Ver una vida, verme a mí. Caídas y hojas en blanco y hojas húmedas por llanto.

Es; sin darme cuenta… cómo me levanto de esa caída. Cómo manejo mis emociones, cómo es que las puedo sentir ya, palparlas casi… abriendo barreras dentro de mí misma.

Hoy, un viento y sus susurros me hicieron tener más de una sonrisa… mucho más.

Y apenas empiezo; apenas empezamos.

Mi Octubre de todos los años…

Preámbulo

julio 26, 2010

Luna llena, tu luz emergiendo de sus entrañas, el eclipse detrás de mi rostro… un beso ensangrentado; mordidas, sudor y más que saliva. LASCIVIA.

Lágrimas de Cristal

junio 27, 2010

No me mojes más.

No; no me empapes con lágrimas de cristal.

No desarmes mi batalla.

Porque esta no es la final.

No quieras despedirte diciendo adiós al mar.

Porque si tan sólo me dieras ese pez

Yo curaría las heridas

Las que le hicieron aquellas espinas…

Tantos años atrás.

Con mil besos y caricias.

Con una lengua húmeda en tu fragilidad

Con serpientes y sin rencor ya.


Para que así difícil se vierta en indoloro.

Mientras quedamos en vestigios.

Vampiresa y Hombre Lobo.

En un eclipse que no minó a ninguno.

Entre un cielo que ante el fuego

Este mismo hechizó.

Cubriéndolo de nubes.

Mostrando centellas y truenos.

Dejando la vida entre sueños.

Y nuestros años rondando

cual manecillas en relojes…

Contando…

No te vayas, no me dejes ir…

¡Larguémonos de aquí!

Juntos, escalando peldaños.

Besando sudor y sangre seca.

Colapsados en un beso.

Enredados en nuestro universo.

Te digo ven. Te lo digo en silencio.

Te necesito amor.

Quiero que tus labios sean mi candor.

Ocúltame del Sol.

Deja que te vea, sí.

Anda, que serás mi Luz.

Mi guía, tus ojos en la tormenta.

Y

Los rayos espasmos.

Y el nácar de la noche…

La crema que unto en mis labios.

Nuestro manto el velo negro.

Ya sin ocultarnos.

Visitando el Castillo

Las Ruinas; el pasado.

Ríe, pero no me hagas llorar

No con esas lágrimas de sal

Con esas que me hacen sangrar.

Las tuyas y las mías por igual.

Lágrimas de cristal.


(Des)-Ilusión

mayo 8, 2010

Ensueños, espirales, ojos con pupilas dilatadas.

Amor, planes hechos.

Días arrancados del calendario.

Ciudad tras ciudad.

Cambio de clima, cambio de huso horario.

Relojes desajustados.

Horas sin uso.

Recuerdos.

Equipaje hecho y deshecho.

Pérdidas, lágrimas negras en mis mejillas y sangre en mis labios.

Sudor y sabor a cenizas.

Fuego interior que consumió sueños, soles y tormentas.

Aviones que no despegaron nunca.

Camas con sábanas llenas de sudor, de frío, de angustia.

Cabellos por los suelos vacíos.

Jardines secos y banderas muertas.

Música sorda.

Palabras clavadas y miradas; más miradas y bocas.

Murmullos e incredulidad.

Libros y apuntes en distintos idiomas.

Inconclusión y heridas que de repente duelen.

Me pregunto:

¿Sanarán después? -Dicen que el tiempo lo cura todo-

Yo no les creo, no creo ya nada.

Me ilusiono, me desilusiono y lloro.

Río, me desmayo, me mareo, caigo.

Tu imagen viene a mi mente.

Y sólo cuento las lunas que dejé de escribir, de mirar.

Sólo veo las rejas de mi escondite.

De las que no puedo salir.

Prisión de la que tengo la llave y por miedo no la utilizo.

Me duele lo que hay afuera (todavía)

Pero me inspira, me hace respirar.

Me hace querer más.

No importa si no se puede leer lo que escribo porque mis lágrimas han humedecido las líneas…

No importa si te he dejado ya.

No importa si vuelvo a cambiar.

Estoy consciente.

Tal vez sea una “clase” de despedida.

Tal vez sean sólo desvaríos de una triste figura.

Tal vez ni siquiera sea yo; sino mi alma que ronda y ronda.

Pero sigo, tal cual lo he descrito.

Aquí y allá.

Todo se resume a que mi vida es una simple:

COMBUSTIÓN ESPONTÁNEA.

Epitafio

mayo 7, 2010

Ya un adiós no tiene valor, ya no tiene sentimiento.

Una despedida no es más que eso.

Por ello a quienes me esperaron, o ilusoriamente pensaron que me encontraba en este o aquel lugar,

A quienes prometieron; tanto mentiras como verdades…

A ilusiones vagas y atemporales.

A el daño, a los años, a las palabras y esos entes…

Les escribo esto.

Que nunca me he perdido, sólo que nunca estuve a su alcance.

Y no creyeron la verdad, pues la verdad era lo que no querían ver.

Lástima siento por él, por ella, por todos los demás…

Yo seguía girando sin cesar y cuando ví que no había respuesta lo entendí.

Y mareada como atormentada lo sentí al  yo caer.

El vacío que provocaron y del que son presas, del que me hicieron artificios…

Entendí que lo fácil es lo que muchos quieren.

Y quienes lo obtienen se conforman y de conformistas se vuelven tan sólo  mediocres.

Y decidí, dejar todo eso atrás. No mirar. No recordar.

Enterrar recuerdos y ya no pensarlos más.

Una nueva etapa empieza ya.

Y no dejaré (no más) que su silencio me perturbe

Persiguiéndome por rincones, por letras y reuniones.

No; ni siquiera hubo una flor.

Mi presencia es más que suficiente.

Y esto que escribo más que un adiós.

El apartamento 1306

mayo 3, 2010

Eran las 19:00 hrs. y las aspas del ventilador en el techo sólo se hacían evidentes por la sombra que se hacía a la luz de una lámpara en la habitación.

El silencio rondaba cual si fuera miedo.

El viejo tocadiscos giraba sin cesar, y lo único que producía era un mísero puntilleo con la aguja doblada.

La historia se había acabado.

De repente entraron los policías y vieron lo que llamaban la escena del crimen.

Tanto la alfombra de la sala como del estudio y de la habitación estaba manchada de un líquido rojo carmesí… Y dentro del armario sólo encontraron armas, colgadas a forma de vestidos, trajes, pantalones y guardadas en cajas de zapatos.

Sorpresivamente; ninguna había sido utilizada, ni había una cerradura forzada.

Incluso cuando preguntaron a los vecinos los nombres de quienes vivían ahí estos mismos dijeron que desde que recordaban el apartamento número 1306 siempre había estado clausurado.

El detective indagó más entre sus pensamientos pero sólo encontró dudas.

¿Quienes habrían llamado?

¿Quien fue la mujer rubia que lo contrató?

¿Sabían que trabajaba para ambas partes?

Mientras se cuestionaba,  el detective Hannover encontró un pedazo del cable de la línea telefónica cortado… a sus pies y en diferentes pedazos, todos ellos del mismo tamaño.

Y un dedo índice que mostraba ser de una mujer, ya que tenía la uña con barniz rojo.