Llegó un mensaje… en el cual se mencionaban unos brazos, un abrazo, y ese abrazo traía muchos recuerdos, recuerdos de días grises y fríos, pero ahora estaban lejos, había distancia de por medio, en medio de esa oscuridad en esa madrugada el mensaje que llegó a través de una ventana fue este:

Te abrazo en esta noche, transgrediendo las distancias y volviéndome tu Morfeo…. Aceptas?

Ella tenía días de no dormir, en realidad sólo se escondía de los rayos y la luz del sol en aquel sótano lleno de polvo, telarañas y hecho de madera, pero en esa noche en la torre llegó ese mensaje…

Ella dijo: Está bien lo acepto, bajando la mirada hacia ella misma, hundiendo su cara sobre una almohada rellena con plumas de cisnes… sábanas blancas…

Y entonces fue sólo así como pudo dormir tranquila, porque ni los sacrificios paganos, ni la sangre consumida, ni la luz de la luna, ni los rezos a los templos antiguos la reconfortaban y nadie llamaba a ese “Sueño” al aclamado sueño.

En cuánto cerró los ojos habiendo aceptado el trato, sintió junto a ella unos brazos que la confortaban de tal manera que el frío era ya apetecible y mientras las velas se iban consumiendo, apareció el dios, tan mitológico desde siglos atrás, pero ahora sólo para ella, era un Dios encarnado y se encargaba de darle ese placer que significa el sueño…había llegado Morfeo.

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