Guillermo

diciembre 6, 2010

Tienes nombre de Rey

y tu voz, la de un poeta, filoso y ardiente.

Tu risa centelleante; esa que todavía escucho.

No habrá lágrimas para ti.

Funeral… te reíste de mí.

Habiendo predicho que “alguna vez no me iba a gustar”

Y precisamente… es casi cuando no pude continuar…

Con tu partida, en mi final.

Pero seguí, porque sabría que te mofarías sino lo hacía.

Y hoy, quince días después, de pensarte, recordarte y seguirte queriendo

te escribo esto, con lágrimas y dolor en el pecho; lo siento, sé que no te gusta

pero sabes que lo mejor está aquí, aquí dentro.

Y ni los gusanos, ni la tierra, ni las cenizas, ni las hojas con tu nombre

o el teléfono inexistente se irán.

Porque sigues vivo en mí, y Te sigo llamando en presente.

Te quiero; hombre de lucha, de ojos azules y voz enamorada.

Sonrisa embriagada… ya no me dueles.

Ahora te leo, te recuerdo y te escribo.

Ya puedo, ahora sigues tú…

Descansa de tu batalla, de tu perpetua lucha.

Descansa en paz, Guillermo.

Por-venir.

octubre 13, 2010

Alguna vez derramé lágrimas sobre tus hombros.

Otra vez me desmayé en tus brazos.

Muchas veces más me desaté el cabello y te demostré todo.

Fue tan fuerte, que bien dices tú,  te maté.

Te mordí, te succioné la vida.

Quedaste herido, me quisiste lastimar y lo conseguiste.

Pero eso queda en el ayer.

Lo único que tengo ahora son marcas de dolor.

Visibles e invisibles, pero ahí se encuentran.

Y lo sabes…

Como yo sé lo que significan esas palabras no dichas

Esas palabras escritas.

Esos sentimientos enfermizos y arriconados en tu corazón.

Te llaman traicionero, tu propio ser te desprecia.

Y yo, ahora me encuentro lejos.

Aunque me veas, ahora todo es pasado, melancolía, dolor.

Pero no de mi parte.

Tú fuiste la causa.

Ahora yo sólo volteo la mirada y te niego.

No entiendo todavía qué pasó.

Tampoco lo quiero averiguar.

En este tiempo soy yo, y la luna está pronta a llegar.

Ya no me importarás.

Pensar

octubre 13, 2010

Porque en esta vida veo los pasos que doy sin contarlos, y encuentro esquinas, que no son esquinas, pero que camino, en las que doy vuelta. Y veo que giro.

He visto tanto, que no me sorprende lo que encuentro; porque veo mariposas volando casi por el suelo, y veo que ahora el jardín está seco. Y como tú lo notaste, ya no están mis huellas.

Pero las cabezas aún giran ante mí, porque hay un destilo de perfume y sonrío, ya ves que sonrío; más mi mirada está perdida, en un camino que lleva a tantas partes… un camino que está lleno de encrucijadas.

Y volteo y busco, pero no encuentro ninguna señal, no la hay.

No ante este lamento de soledad… sabes bien que las máscaras no funcionan conmigo, que los relojes y el tiempo tampoco. Pero sigo teniendo deseos, y quiero respirar, y quiero sentir, una y otra vez MÁS.

Pero ya no quiero dolor, ni desfallecer ante inquebrantable y falso lenguaje.

No quiero heridas, no quiero que seas tú quien lama mi sangre, no quiero que me lastimes, no quiero marcas, no quiero ser una adicta a las caricias o a los abrazos.

Prefiero mirar el aire, y dejarme llevar, volar con pensamientos, con risas…disfrutar. Sentir que un profundo, profundo sentimiento me invade, y así aprender a disfrutar mi soledad; una vez más.

Tanto así que ya no quiero este vacío, esto que dejaste en mí, que pretendes llenar con regalos, con tu culpabilidad; ya no quiero ser desgastada mil veces más, por tu vanidad, por tus carencias al hacerme llorar, me dejaste marcada, pero el hierro caliente, al frío pasó a estar, y la herida duele, más no sangra.

Olvidarte, no creo; te veo a cada instante, pero tenerte; no estoy segura de sí es lo que quiero.

Me dejaste vacía, mataste lo bello que había.

Ahora es tiempo de renacer, de volver a volar, de acariciar a alguien más, de tener amor, de disfrutar, de no volver a llorar, ahora es mi tiempo, no te quieras entrometer.

Ya no estás en mi vida, estás muerto y yo simplemente lloro, porque me imagino como a tu alrededor se acercan todos y me duele pensar, que esos gusanos, tarde o temprano y sin que te percates, te devorarán.

Ya no te quiero recordar, ya no te quiero pensar…

Dandy

octubre 4, 2010

Y así te imagino; cuando aparezcas después de tal acontecimiento, con esa máscara que llevas años usando. La que te has quitado conmigo. Y te veo; llegando con un traje, con sombrero y un bastón, perfume y una sonrisa; de esas tuyas que encantan… y cuando empieces a escribir o a fumar un cigarrillo y sea descubierta tu muñeca alguien te mirará y pensará que hay algo extraño en ti; y responderás que te hace falta algo, tal vez sea tu pulsera, pero no; bien sabes que seré yo.

Esta Noche

octubre 4, 2010

Y así me quedé en la cama, con pañuelos teñidos de lágrimas negras, con la humedad empapando las paredes de la habitación. Con el reflejo del aroma de tu cabello y las manchas de sangre en la cama, aún tibia en esta noche tan fría y tan amarga.

Con hambre y en silencio; sorteando figuras entre las manecillas de los relojes que no llenaban un vacío, pero desbordaban en delirios.  La fiebre era contagiosa, y de dos cuerpos con la tarde convertida en noche, nos hicimos una sombra. Con canciones, cuentos, y poesía llena de sollozos.

Con la cara roja, reflejada en la tuya, con los ojos sin poderlos abrir, sin dirigirnos siquiera una mirada. Fríos, pero sin la distancia que había antes. Con un miedo que es pasado, con recuerdos que no existen.

Con un corazón que no desea verte, con mis manos heladas y mi piel en la tuya; debiéndome tanto y yo debiéndote nada. Con un paso en el estribo y con otro en el abismo.

Me he quedado con sueños en los bolsillos de mis pantalones tirados en el piso, y con ilusiones rotas, llenas de desprendimiento, de frialdad y de cordura.

Ahora niego mi pasión, y veo libros, fotos, cartas… cigarrillos e imágenes de lo que no pasó nunca.

Te pienso, escribo… y apenas puedo respirar.

Un Trayecto

septiembre 11, 2010

Llevo una mochila con mi cámara y mi laptop. También una maleta con rueditas. Ambas negras. De la maleta va colgando mi cosmetic case, que es de un tono rosa claro y acero. Pesa bastante.

No tengo prisa, pero mi mente y los relojes hacen que corra.

Mi sobrino, me pregunta hacia dónde voy y cuándo regreso. Mi respuesta es un: No sé.

Se retrasa el autobus y sigo esperando, haciendo fila, parada con unos tacones que miden 10 cm y son de aguja. Los tacones de mis botas (que no guardé para ahorrar espacio, o si quieren saber la verdad porque me gusta cómo se me ven).

El sol es asfixiante. Al fin subo al autobús. Pero no puedo ver por las ventanas.

Enciendo el Ipod y no encuentro ni una sola canción que aligere el viaje, todo es recuerdo; todo es pensar, pesar.

Me lastima demasiado la luz que hay allá afuera. Tampoco puedo dormir.

Estoy perdiendo señal en el teléfono. Me siento incomunicada. El sol no se oculta. Calcina tanto mis ojos como mi piel.

Me mareo. Trato de ver el paisaje. Todo lo que alguna vez fue verde, ahora es café, amarillo. Todo está seco.

Paso por puentes y observo la vegetación, pero ya no está. Son mis recuerdos. Hacía años que no transitaba esa carretera. Y la mueca que mi rostro ofrece es no sé si a causa del sol, o de lo que (no) veo.

¡Tengo señal de nuevo en el teléfono! Pero no hay quien reciba mis mensajes o llamadas.

Empiezo a disparar, sí; empiezo a disparar.

A través del teléfono me tapo el rostro y veo el sol, su ocaso, las nubes, y cómo se esconde. Veo pinos y los cambios de color en toda aquella atmósfera.

No me percato de cuando entro a la ciudad, hasta que el cielo es gris, y una ligera llovizna empapa los vidrios del autobús.

Casi he llegado.

De repente suena el teléfono y veo que tengo un mensaje.

“Estoy aquí esperándote”.

Y eso basta para que baje del autobús, con el reloj haciéndome correr aún más.

No es otra carta

septiembre 10, 2010

Y escucho un trueno; me asomo a la ventana y veo mil rayos; el cielo es una mezcla de tonos púrpuras y rosas; las estrellas se esconden tras esas nubes.

Mi pensamiento te pertenece, mientras siento el pequeño goteo en mi rostro, y todavía percibo sensaciones de tu cuerpo en el mío; y cómo ríes y cómo muerdes, cómo brillan tus ojos.

Y te veo, te veo en ese cielo desde el cual se desprende la lluvia, te veo en mí.

Y recuerdo la lluvia de días anteriores, mi falda, mis tacones y mi cabello suelto, tus manos, mis abrazos y una copa de vino tinto. Una cajetilla de cigarros.

Ahora kleenex, resfriados y una sonrisa febril; un sentimiento indescifrable, al verte en el jardín, y después de ti ver cómo los rosales se renuevan. Y ver a un sol, y después a la niebla. Y ser tuya, y que seas mío.

Y escribir sobre un tormento, sobre hambre, sobre ansias, escribir una historia, un cuento, falacia, mentira, ficción, fantasía.

Más de una sonrisa traen esos truenos, como las estrellas cuando te miro cielo.

Cuando llueve, cuando estoy a tu lado, cuando estás a mi lado, cuando duermo con tu aroma, cuando despierto en tu ser. Cuando me caigo de la cama, cuando no quiero mañanas.

Y los relojes me cuentan las horas, los días, mientras el calendario marca el tiempo. Y me hace ver que soy feliz. Que no te cuento, que no te lo digo. Yo te lo escribo. Aunque no lo leas.

Porque arrancas las hojas en blanco de mi memoria y las llenas con tu pensar, y yo revuelvo tu cuerpo.

Te escribo, te leo, te beso y te quiero.

Y no sé qué más digo, pero sé muy bien lo que siento. Y así lo expreso.

Te veo, te siento.

Y más; más que una noche de tormenta, más que un amor romántico, más de lo que perciben…

Ya soy libre, pienso, mientras veo el cielo oscurecer, y te extraño y deseo que estés bien.

Tomo una taza de té y mi pendiente en la otra mano, veo los rayos y siento la lluvia.

La que te enloquece,  y veo que esto no tiene sentido y no me importa, porque sonrío.

Y sin saberlo, lo hago porque tú eres quien abre mis labios, en un beso, con un gesto, al hablar.

Y veo al cielo y ya no pregunto. Sólo quiero esperar.

Y volver a la cama, con un libro o dos, o con hojas en blanco y desnudarme por completo; hablar, cantar, reír y por supuesto; soñar más.

Si te dijera…

septiembre 10, 2010

Si te dijera la verdad, sería una mentira.

No puedo hablar cuando veo el brillo de mis ojos en los tuyos y cuando acaricio tu rostro.

Si te contara un cuento; no sería una verdad.

Sería como la lluvia que cae  ante mis pies.

Pero las gotas son reales; las que corren por mis piernas.

No te hablo, que mi voz está apagada por besos.

Y aunque quisiera decirte todo, todo lo que hay;

Ni las palabras, ni los signos, ni los gestos, ni las caricias o besos;

Ni los astros, ni los años… alcanzarían.

Pero eso ya lo sabes y con una sonrisa (por ahora) me conformo.

Muerte

junio 27, 2010

Que tus labios sean mi cobijo.

Tu lengua mi mordaza.

Tu esencia mi vestido.

Deseo en Anhelos.

Lágrimas de Cristal

junio 27, 2010

No me mojes más.

No; no me empapes con lágrimas de cristal.

No desarmes mi batalla.

Porque esta no es la final.

No quieras despedirte diciendo adiós al mar.

Porque si tan sólo me dieras ese pez

Yo curaría las heridas

Las que le hicieron aquellas espinas…

Tantos años atrás.

Con mil besos y caricias.

Con una lengua húmeda en tu fragilidad

Con serpientes y sin rencor ya.


Para que así difícil se vierta en indoloro.

Mientras quedamos en vestigios.

Vampiresa y Hombre Lobo.

En un eclipse que no minó a ninguno.

Entre un cielo que ante el fuego

Este mismo hechizó.

Cubriéndolo de nubes.

Mostrando centellas y truenos.

Dejando la vida entre sueños.

Y nuestros años rondando

cual manecillas en relojes…

Contando…

No te vayas, no me dejes ir…

¡Larguémonos de aquí!

Juntos, escalando peldaños.

Besando sudor y sangre seca.

Colapsados en un beso.

Enredados en nuestro universo.

Te digo ven. Te lo digo en silencio.

Te necesito amor.

Quiero que tus labios sean mi candor.

Ocúltame del Sol.

Deja que te vea, sí.

Anda, que serás mi Luz.

Mi guía, tus ojos en la tormenta.

Y

Los rayos espasmos.

Y el nácar de la noche…

La crema que unto en mis labios.

Nuestro manto el velo negro.

Ya sin ocultarnos.

Visitando el Castillo

Las Ruinas; el pasado.

Ríe, pero no me hagas llorar

No con esas lágrimas de sal

Con esas que me hacen sangrar.

Las tuyas y las mías por igual.

Lágrimas de cristal.