El Cuervo

diciembre 19, 2008

Una vez, al filo de una lúgubre media noche,
mientras débil y cansado, en tristes reflexiones embebido,
inclinado sobre un viejo y raro libro de olvidada ciencia,
cabeceando, casi dormido,
oyóse de súbito un leve golpe,
como si suavemente tocaran,
tocaran a la puerta de mi cuarto.
“Es -dije musitando- un visitante
tocando quedo a la puerta de mi cuarto.
Eso es todo, y nada más.”

¡Ah! aquel lúcido recuerdo
de un gélido diciembre;
espectros de brasas moribundas
reflejadas en el suelo;
angustia del deseo del nuevo día;
en vano encareciendo a mis libros
dieran tregua a mi dolor.
Dolor por la pérdida de Leonora, la única,
virgen radiante, Leonora por los ángeles llamada.
Aquí ya sin nombre, para siempre.

Y el crujir triste, vago, escalofriante
de la seda de las cortinas rojas
llenábame de fantásticos terrores
jamás antes sentidos. Y ahora aquí, en pie,
acallando el latido de mi corazón,
vuelvo a repetir:
“Es un visitante a la puerta de mi cuarto
queriendo entrar. Algún visitante
que a deshora a mi cuarto quiere entrar.
Eso es todo, y nada más.”

Ahora, mi ánimo cobraba bríos,
y ya sin titubeos:
“Señor -dije- o señora, en verdad vuestro perdón imploro,
mas el caso es que, adormilado
cuando vinisteis a tocar quedamente,
tan quedo vinisteis a llamar,
a llamar a la puerta de mi cuarto,
que apenas pude creer que os oía.”
Y entonces abrí de par en par la puerta:
Oscuridad, y nada más.

Escrutando hondo en aquella negrura
permanecí largo rato, atónito, temeroso,
dudando, soñando sueños que ningún mortal
se haya atrevido jamás a soñar.
Mas en el silencio insondable la quietud callaba,
y la única palabra ahí proferida
era el balbuceo de un nombre: “¿Leonora?”
Lo pronuncié en un susurro, y el eco
lo devolvió en un murmullo: “¡Leonora!”
Apenas esto fue, y nada más.

Vuelto a mi cuarto, mi alma toda,
toda mi alma abrasándose dentro de mí,
no tardé en oír de nuevo tocar con mayor fuerza.
“Ciertamente -me dije-, ciertamente
algo sucede en la reja de mi ventana.
Dejad, pues, que vea lo que sucede allí,
y así penetrar pueda en el misterio.
Dejad que a mi corazón llegue un momento el silencio,
y así penetrar pueda en el misterio.”
¡Es el viento, y nada más!

De un golpe abrí la puerta,
y con suave batir de alas, entró
un majestuoso cuervo
de los santos días idos.
Sin asomos de reverencia,
ni un instante quedo;
y con aires de gran señor o de gran dama
fue a posarse en el busto de Palas,
sobre el dintel de mi puerta.
Posado, inmóvil, y nada más.

Entonces, este pájaro de ébano
cambió mis tristes fantasías en una sonrisa
con el grave y severo decoro
del aspecto de que se revestía.
“Aun con tu cresta cercenada y mocha -le dije-.
no serás un cobarde.
hórrido cuervo vetusto y amenazador.
Evadido de la ribera nocturna.
¡Dime cuál es tu nombre en la ribera de la Noche Plutónica!”
Y el Cuervo dijo: “Nunca más.”

Cuánto me asombró que pájaro tan desgarbado
pudiera hablar tan claramente;
aunque poco significaba su respuesta.
Poco pertinente era. Pues no podemos
sino concordar en que ningún ser humano
ha sido antes bendecido con la visión de un pájaro
posado sobre el dintel de su puerta,
pájaro o bestia, posado en el busto esculpido
de Palas en el dintel de su puerta
con semejante nombre: “Nunca más.”

Mas el Cuervo, posado solitario en el sereno busto.
las palabras pronunció, como virtiendo
su alma sólo en esas palabras.
Nada más dijo entonces;
no movió ni una pluma.
Y entonces yo me dije, apenas murmurando:
“Otros amigos se han ido antes;
mañana él también me dejará,
como me abandonaron mis esperanzas.”
Y entonces dijo el pájaro: “Nunca más.”

Sobrecogido al romper el silencio
tan idóneas palabras,
“sin duda -pensé-, sin duda lo que dice
es todo lo que sabe, su solo repertorio, aprendido
de un amo infortunado a quien desastre impío
persiguió, acosó sin dar tregua
hasta que su cantinela sólo tuvo un sentido,
hasta que las endechas de su esperanza
llevaron sólo esa carga melancólica
de “Nunca, nunca más.”

Mas el Cuervo arrancó todavía
de mis tristes fantasías una sonrisa;
acerqué un mullido asiento
frente al pájaro, el busto y la puerta;
y entonces, hundiéndome en el terciopelo,
empecé a enlazar una fantasía con otra,
pensando en lo que este ominoso pájaro de antaño,
lo que este torvo, desgarbado, hórrido,
flaco y ominoso pájaro de antaño
quería decir graznando: “Nunca más,”

En esto cavilaba, sentado, sin pronunciar palabra,
frente al ave cuyos ojos, como-tizones encendidos,
quemaban hasta el fondo de mi pecho.
Esto y más, sentado, adivinaba,
con la cabeza reclinada
en el aterciopelado forro del cojín
acariciado por la luz de la lámpara;
en el forro de terciopelo violeta
acariciado por la luz de la lámpara
¡que ella no oprimiría, ¡ay!, nunca más!

Entonces me pareció que el aire
se tornaba más denso, perfumado
por invisible incensario mecido por serafines
cuyas pisadas tintineaban en el piso alfombrado.
“¡Miserable -dije-, tu Dios te ha concedido,
por estos ángeles te ha otorgado una tregua,
tregua de nepente de tus recuerdos de Leonora!
¡Apura, oh, apura este dulce nepente
y olvida a tu ausente Leonora!”
Y el Cuervo dijo: “Nunca más.”

“¡Profeta! exclamé-, ¡cosa diabólica!
¡Profeta, sí, seas pájaro o demonio
enviado por el Tentador, o arrojado
por la tempestad a este refugio desolado e impávido,
a esta desértica tierra encantada,
a este hogar hechizado por el horror!
Profeta, dime, en verdad te lo imploro,
¿hay, dime, hay bálsamo en Galaad?
¡Dime, dime, te imploro!”
Y el cuervo dijo: “Nunca más.”

“¡Profeta! exclamé-, ¡cosa diabólica!
¡Profeta, sí, seas pájaro o demonio!
¡Por ese cielo que se curva sobre nuestras cabezas,
ese Dios que adoramos tú y yo,
dile a esta alma abrumada de penas si en el remoto Edén
tendrá en sus brazos a una santa doncella
llamada por los ángeles Leonora,
tendrá en sus brazos a una rara y radiante virgen
llamada por los ángeles Leonora!”
Y el cuervo dijo: “Nunca más.”

“¡Sea esa palabra nuestra señal de partida
pájaro o espíritu maligno! -le grité presuntuoso.
¡Vuelve a la tempestad, a la ribera de la Noche Plutónica.
No dejes pluma negra alguna, prenda de la mentira
que profirió tu espíritu!
Deja mi soledad intacta.
Abandona el busto del dintel de mi puerta.
Aparta tu pico de mi corazón
y tu figura del dintel de mi puerta.
Y el Cuervo dijo: Nunca más.”

Y el Cuervo nunca emprendió el vuelo.
Aún sigue posado, aún sigue posado
en el pálido busto de Palas.
en el dintel de la puerta de mi cuarto.
Y sus ojos tienen la apariencia
de los de un demonio que está soñando.
Y la luz de la lámpara que sobre él se derrama
tiende en el suelo su sombra. Y mi alma,
del fondo de esa sombra que flota sobre el suelo,
no podrá liberarse. ¡Nunca más!

Edgar Allan Poe

Un regalo en mi Cumpleaños pasado…

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Agridulce

noviembre 12, 2008

No es lo dulce que deja un recuerdo, ni lo amargo en lo que se transformó al paso del tiempo. Es la conjunción de esos dos sabores con muchos años ya recorridos por un viejo y mal conocido, como también el mal conducido camino…

Decadencia, perdición, enajenación, engaño, despotismo y falta de respeto en una guerra contra lágrimas de perdón, adolescencia, cenas a la luz de las velas y promesas…

¿Qué hacer?

Sólo no querer volver a él, a ese, el pasado, el que deja un sabor en la boca que no me gusta, que enfada, que se vuelca en una indigestión con sólo tragar un beso de lo que no existió, una prueba de que sí, sigo siendo la misma que hace diez años, sigo siendo la misma que no te quiso y sigo siendo la misma que te rechaza…

No me conoces, nunca me conociste, más que en canciones que yo misma te dediqué, los años pasaron y en ese laberinto sin salida te has quedado, hundido, sin poder salir… cambiaste sólo en ti, sacando lo que siempre vi, ser vil, rencor, y audacia que no has tenido con nadie más.

Una botella como muchas más se vaciaron, como tú mismo has quedado sin mi… puesto que no me has podido olvidar y lo sabemos, nunca podrás.

Un juego, que tonto al quererme así, cuando no veías lo que había de mí hacia ti…

Pobre de ella, de la engañada, de aquella con la que estarás o estás y que siempre sabrá de mí, y de tu hastío por ella, de quien quieres huir, pero no puedes escapar, una cobardía y sí, agridulce para mi, quizá; y para tí…algo amargo y sin una salida final.

Akelarre

noviembre 2, 2008

El caldero hervía, sangre y corazones dentro había; mientras el vapor con la niebla que salía de entre los árboles las envolvía.

Bailaban desnudas en un círculo, eran no más que mujeres, todas de una belleza inimaginable… Siempre lujuriosas, odiadas, y unidas por un mismo fin; el aire hacía que sus cabellos se giraran conforme sus pies  descalzos avanzaban, y en ese bosque ellas mismas profanaban.

No hacían más que sacrificios (quizás humanos) para obtener lo que querían,  pócimas con olor a rosas, venenos y sangre infectada que usaban cuando mataban a hombres porque ellos no las respetaban o se burlaban; cuando ellos incluso ni siquiera las miraban.

El olor a sexo se desprendía del sudor que emanaban, esas feromonas con las que cautivaban por el día, para así salir en busca de alguien; tras una noche de otoño, que era en la que se encontraban… sin incluso hacer acto (preciso) alguno, ellas por las noches volaban y en forma de súcubos a sus amantes atormentaban.

Lastimándolos, tomando lo que de ellos querían, así ellas por los domingos  aquellos se juntaban y en estas fechas llamaban  a sus ancestros, a quienes del infiero clamaban, para así satisfacer sus deseos… cuando ya oscurecía y en ese bosque no se veía más nada,  aunque se buscaran ya sólo se escuchaban las pisadas que en esas hojas secas se daban.

De Vuelta

octubre 9, 2008

Girada, transformada, consumida en un ahogo que es presa del propio destino.

El tiempo con su pasar y yo atónita y confundida, hilada entre el dolor y la angustia, temiendo lo peor.

Cuando no recibí una respuesta, vi que las calles por las que había pasado en mis sueños ahora estaban inundadas.

Las sombras no eran sino más que recuerdos de un olvido, de un aroma.

Nunca hubo una huella, hubo un desalojo, una negación, un escape, un hundimiento.

Me encontré entre las luces pertenecientes a las tinieblas, llenas de fantasmas y así, me di cuenta de que no era lo que yo sentía.

Era lo que yo vivía… me había convertido en un alma errante, un ser cadavérico y mortuorio, cubriendo apenas sus huesos con su frágil piel.

Me di cuenta que el infierno no estaba ahí, estaba aquí y yo, yo… había sido devuelta.

Parte # ?

Hoy

septiembre 13, 2008

Hoy

Como ayer

Hoy como ayer

Tú y yo de nuevo

Encontrados otra vez…

Unidos por el anhelo

Como suspiro que deja

Calíope y Melpómene

Inundando caricias ya rotas

E iluminando espejos sin reflejos

Viendo que el tiempo

Sigue…

Sigue pasando

Y Hoy…

Como Ayer

Nunca volverá a ser

Lo que fue.

Un Regalo

abril 11, 2008

VAMPIRESA

Esa dama no reflejada en los espejos

Esa dama de bellas piernas y enormes ojos

Esa dama que vive de noche y agoniza de día

Esa dama sedienta que anhela la sangre fresca

Tú, si tu hermosa dama de afilados dientes

Dicen que soy un ángel, pero si eso impide nuestra amistad, no quiero serlo…

Tus palabras me hacen recordar y añorar, a veces me perturban

¿Cómo leer en tus relatos lo que siento cuando ni yo misma lo sé?

Tus escritos esconden enigmáticos secretos, voces calladas y llantos

Tú, dama oscura, no alejes nunca tu camino del mío

Para ti, linda amiga, para ti porque si. Gracias por tu premio, es el primero que me dan. Esto es para ti, espero que te guste ^^ Y decir que es estoy de camino, volveré pronto…

[imagen de Victoria Francés]

Este fue un regalo de Xarleen, mi gran amiga, hizo que este día fuera aún más especial de los que ya están siendo.

Los ángeles nunca se separan de otros ángeles, aún con alma de demonio, aún siendo ángeles caídos… recuérdalo linda.

¡¡¡Muchas gracias!!!

Nada

abril 11, 2008

“Having nothing, nothing can he lose.”

Shakespeare

¿Entonces qué más da…?

Simplemente vencer temores y demoler demonios…

Vivir y existir, nada mejor que eso.

Ilusión

abril 8, 2008

“Es extraña la ligereza con que los malvados creen que todo les saldrá bien.”

Víctor Hugo

Y piensas, ¿que lo creí?

Tan iluso que fuiste y a tus ojos asombrados yo pregunté…

Tal cual a una estrella fugaz… chispeante, azules, grises… de plata ennegrecida

¿Qué disfrutaste más, el Premio o el Trofeo?

Dándome la media vuelta y dejando sólo una sombra como mi reflejo.

Lo que sobró

abril 8, 2008

QUEDÓ TANTO…

Tanto como nunca.

Tan poco como siempre.

Porque alguna vez lo dijiste

Y ahora lo entiendo:

“Ya no eres quien fuiste”

Mientras pertencemos a los giros que nos da el cambio permanente

Estando sin esencia ya no somos nada, ni nadie.

Tal vez nunca lo fuimos…

Más que dentro de un sueño, de una ilusión, de una terrible ficción.

Ahora has muerto.

Y te extraño; tal vez por ser tan egoísta

Tal vez por ser tan narcisista.

Tal vez porque fuiste con quien más compartí y me divertí.

O simplemente porque te quise tanto que ni tú ni yo lo supimos

Y es por eso lo mucho que sufrimos.

Demonios y más demonios son los que me circundan y todavía los escucho entre recuerdos mientras a otros los veo y los vivo en mi propio presente que no es un vago disipar entre callejones y fuentes.

Cerrando los ojos con dolor y sosteniendome dentro de un vacío que no tiene pilares, dentro de una oscuridad cegante y siniestra sin peso, con gravedad inexistente, sumida entre remolinos, voy en mi mente luchando contra ellos, desangrándome y lastimando mi garganta entre sed y gritos consumidos por horas que parecerían días enteros.

Ya no los quiero, no quiero más cadenas y más fantasmas, no quiero ver las muertes a mi alrededor, no quiero que no me dejen estar, ni quiero el remordimiento que provoca el sentimiento de un sueño convertido en un asesino armado con cuerdas, máscaras risueñas mofándose de suicidios y tumbas aún latentes que ya no quiero recordar, que ya no quiero ver pasar; pero que sin embargo ahí están.