No como los Demás

septiembre 5, 2008

Tú nunca me quisiste dar la luna plateada envuelta en terciopelo rojo, sin embargo la compartimos y aunque suene a un pasado habla más de un presente, como de una noche que se confunde con muchas, en las que apenas he despertado y tú te has ido, en las que te he esperado y nunca has llegado, en las que me fui de tu lado y en todas, todas en las que te he extrañado.

Hoy entra la lluvia tempestuosa sin pudor por mi ventana, irradiando temor, como dolor, esta noche he salido y he visto el cielo teñido de lágrimas de sangre, de esas a las que muchos llaman estrellas, las que queman con su abrasante frío… y Júpiter me miraba, como tú, Fugitivo me soñabas, como en la distancia de tierras lejanas me pensabas.

Esta noche en la que despierto y en la que, aunque quisiste no me has podido ver dormir… mientras mis manos te buscaban por la cama y mis labios añoraban tus caricias, yo, así mismo, como con una lágrima o un beso, así, así mismo, yo, te sentía en mis entrañas.

Nunca me diste la luna, ni me bajaste un racimo de estrellas, nunca me hiciste más daño del que yo misma me hice, del que nos hice… del que te hice y ahora sin verte, cegada por tu propio resplandor sólo te siento, en mí, dentro mío, y sé lo que es un laberinto de pasión, de odio, de lujuria, de tormentoso amor…

La lluvia me recuerda a ti, es como una danza, entre la que nos fundimos, como, las gotas de agua que colapsan, igual nuestros cuerpos al bailar entre sábanas blancas y mantos dorados que son llevados al suelo frío, mientras esas cortinas se levantan y demuestran un cuerpo en forma de dos, un silencio transformado en gritos por pasión.

Tu cuerpo me da reposo, en tu espalda me refugio, mientras mis dedos traviesos entran por tu cabello, desde tu cuello hasta tus sienes, mientras hundes tu cabeza en mi pecho y te pierdes en sombras que desdibujan mi aliento y formas de color con sabor a mi perfume…envueltos en un halo de humo, de ese incienso árabe…

Y es hoy cuando por primera vez me has dado la luna y la he tenido entre mis manos; la has envuelto tan bien que no la pude ver y tú de nuevo, tuviste que partir, mientras lo que yo quería era reír, sin embargo las lágrimas como la lluvia inundaron mi espacio y se confundieron en mi rostro.

Ahora sólo veo entre las sábanas dos figuras de cuerpos, envueltos uno en el otro, mientras estoy de pie, en una oscuridad y tú, tú no estás.

De qué vale la luna

– Me Pregunto o Me Preguntarás-

Para mí de nada sino estás… lo sabes.

Como sabes mis mentiras y mis deseos ocultos, como la noche, oscura y misteriosa, tejedora de encantos, poseedora de hechizos.

Tú mi amante de noche y luna, YO, tu mujer oscura y fría…

Combatientes por lo que queremos, encarnizados hasta perdernos, muertos en nuestra vida, tejedora de recuerdos transparentes…

TÚ Y YO

¿Cuál es la diferencia?

No somos como los demás…

Hambre de Sofía

mayo 28, 2008

Furia intempestiva que arrancabas mis pensamientos, cual filosas dagas yacientes en los subconscientes de quienes no pensaban o se negaban a ello.

La mente ahora buscaba, quería, no se cansaba, pero dolía y en arrebatos se reencontraba con un pasado del que a poco se acordaba, como del presente que ahora mismo resucitaba.

El alimento estaba infestado de fuerza, rencor y venganza, de querer y de poder, de ansias.

El fuego se encrispaba en flamas procedentes de velas ya incendiadas, de cera que ahora ya escurría por esas cornisas formando estalactitas de pensamientos, una lluvia, si una lluvia de ideas.

La tempestad había comenzado y ya no se podía detener, el aire avivaba las masas de nubes en las que entraban palabras, aforismos, silogismos y fórmulas de las que no se había hablado jamás, de las que apenas se estaban formando entre renglones de un libro que no existía, de lo que yacía dentro del gnosticismo.

Pensamientos huecos basados en una nada, ahora eran todo, todo lo que me rodeaban.

Podía más, lo sabía, más el alimento decantaba y se hacía menos denso, con un sabor dulce y tormentoso que era un desgano y unas lágrimas, con un grito desgarrador y ahogado como agonizante que hacía a la garganta resecarse y arder, tras verse hundida en sangre, ahora seca, con unas cuerdas mudas.

Hastío, Fastidio, Perfección

Imperfección, Odio, Recuerdos

Maldición y una Rendición

Ante lo que sería… ante lo que será.

Partícipe en ello, sin dejarme envolver entre hilos de una telaraña, más siendo presa de una red filtrada por la noche convertida en resplandor, en una red que formaban las estrellas, las constelaciones… sin mi guía y escuchando lo que no se oía.

El temblor persistía, el hambre por ella, por Sofía, me consumía.

El tiempo me deshacía y yo ya no hablaba, nunca he hablado…

Más siempre lo he dicho de mi propia voz:

“YO NO HABLO, SOLO ESCRIBO…”

Romance de la Luna, Luna

febrero 7, 2008

La luna vino a la fragua
con su polisón de nardos.
El niño la mira, mira.
El niño la está mirando.

En el aire conmovido
mueve la luna sus brazos
y enseña, lúbrica y pura,
sus senos de duro estaño.

Huye luna, luna, luna.
Si vinieran los gitanos,
harían con tu corazón
collares y anillos blancos.

Niño, déjame que baile.
Cuando vengan los gitanos,
te encontrarán sobre el yunque
con los ojillos cerrados.

Huye luna, luna, luna,
que ya siento sus caballos.

Niño, déjame, no pises
mi blancor almidonado.

El jinete se acercaba
tocando el tambor del llano.
Dentro de la fragua el niño,
tiene los ojos cerrados.

Por el olivar venían,
bronce y sueño, los gitanos.
Las cabezas levantadas
y los ojos entornados.

Cómo canta la zumaya,
¡ay, cómo canta en el árbol!
Por el cielo va la luna
con un niño de la mano.

Dentro de la fragua lloran,
dando gritos, los gitanos.
El aire la vela, vela.
El aire la está velando.

Federico García Lorca

Mi Gitano errante, mi hombre con sangre hirviente y fugitiva por las venas, la luna es tan oscura como lo es mi noche que se convierte en día cuando estoy con vos y sabéis lo mucho que me representa un cielo vacío ahora sin luna, ahora sin vos, ahora sin vuestra guitarra flamenca y el mismo acento, ese que me llenaba de éxtasis cuando cantabais entre caminos, en aquellos veranos, en dónde formábamos uno solo y ligeros senderos de robos que se juntaban mientras nos confundían las sombras que se formaban entre aquellos arbustos secos, aquella tierra árida y la luz que penetraba entre el fuego y la luna llena y ahora sin mi, ahora sin vos, dolor desgarrador ya no lo es, pero te recuerdo, como recuerdo que ya se aproximará el verano y mil veranos más y te encontraré en cada luna que vea a mi pasar, incluso en la oscuridad.