En la Noche

junio 19, 2008

La espera me hacía temblar, temblar por recordar, por el simple hecho de saberte llegar.

Sentada en una esquina, vislumbrando el horizonte, dónde nos deberíamos de encontrar.

En esta noche, que no quisiera (como tantas otras) que tuviera un final.

Vislumbrando su llegada, te vi pasar, te sentí al llegar. Antes de lo que sería una entrada triunfal.

Las fuerzas se sintieron, me tomaste, tan fuerte que no me dejaste caer, a pesar del dolor y el agotamiento que mi ser tenía a más no poder. Esta noche me pediste estar ahí, recordaste aquellas lunas pasadas como yo también, pero por ti es que salí, por un juramento, firmado ya con sangre, con dolor y pasión.

Los rayos iluminaban la noche con un viento acariciante y mientras la misma luz de ellos se escondía entre las nubes, grises dentro de un cielo negro, alcancé a soltar mi mano, para extenderla hacia ti.

Unidos por una magia, que nos tiene juntos, más allá de lo que se ve, más no de lo que se siente.

Una magia irradiada por tu toque, abrumador y escalofriante, con un miedo cegante… el mismo miedo, aquel el de siempre. Una magia que me hiciste ver al recordar el pasar del tiempo, al tenerte junto a mi, al saberte conmigo, con esas fuerzas y coraje que tenemos albergados por tanto dolor, más no compasión.

Más era tanta la luz de ella, que cuando giré la vista al buscarte, no te encontré, sabiéndote allá, conmigo, sin yo estar aquí, donde quizás no debo más de permanecer, oculta en la oscuridad, dónde me has sabido siempre encontrar.

Escribir… a veces sin sentido. El por qué… aún no lo sé. Quizás sea por mi, que bien te lo he dicho ya, va por ti.

Como bien claro lo tengo.

El que te amaré, porque no me rendiré, ni ante unas lágrimas, ni mucho menos ante una guerra, en la que luchamos los dos; por obtener lo que quizá nunca sepamos en realidad para quien es. Aunque sea para nosotros dos.

Tu Vampiresa

Encierro

abril 20, 2008

Me siento encerrada entre mil paredes, entre cientos de muros invisibles. Nadie me ve, nadie me puede tocar, bien saben que no se pueden acercar porque me lastimarán…más

La única manera de salir es rompiendo lo que hay dentro, que soy yo. Porque no puedo seguir luchando contra algo que no veo, pero que siento, y que me está atacando, que me está infringiendo dolor… sólo veo rejas ya roídas por el dolor y la compasión y aún así existe la envidia y el rencor.

Sin haber puertas, ni ventanas, en realidad no sé de dónde provenga aquella luz tan siniestra que lastima mis ojos, atormentando mi cerebro y causándole más daño del que se pudiese imaginar. Mis propios pensamientos ya están cansados, ya no pueden más. Contra todo esto, no, ya no.

Mil grietas en las paredes se abren, donde no se escucha más que el sentimiento de las lágrimas grises que son un llamado del tiempo en el que ya no estoy, pero en el que sigo existiendo.

Las miradas de los demás son fulminantes, como flamas que se van extinguiendo y comentarios que no son si no ya dichos por el propio mirar, un grito callado y ahogado de incomprensión, el no entender, el preguntar, el no ver pero si señalar, sin siquiera tener un momento de tranquilidad…

Diferenciar de lo que ya es común, un beso tras otro, una sonrisa cómplice, charlas vacías alrededor, pero no sofocar una soledad, una libertad, ¿eso es acaso una vorágine de arrepentimientos ante quienes lo ven?

¿Por qué? Porque lo quisieran tener, porque quieren un sueño y no más de lo mismo, pero no son valientes, no son guerreros, ni lo suficientemente fuertes para asegurar lo que podrían tener pero no tendrán.

Una mesa con dos velas, una de de ellas extinguióse su flama, y el romanticismo quedó como una noche en el frío, una noche sin luna. Eso pensaba yo… cuando iba caminando como tú en unos callejones vacíos con aire arremolinando mis rizos, aire frío, pensando en lo que había pasado años atrás y en el sufrimiento de los demás, porque el sufrimiento se siente, sólo cuando se está sufriendo y es cuando más acongoja, cuando más duele…

Pero la noche no acabó, más un encierro siguió, en la página anterior, que pensé había quedado atrás cuando cerré aquel viejo libro de recuerdos que me sigue acompañando a dónde quiera que vaya, y mes tras mes, hay una luz, una luz que me hace llorar como no he llorado en mil años, más que cuando estás a mi lado…

¿Estás a mi lado? No, parece que no, y no lo entiendo, tal vez porque no quiero, porque el presente y la soledad es una aceptación que parece una revolución contra ti, el pasado; que no has dejado de existir, no, mi vida… no en mi vida, no.

Sólo se que aún te veo, aún me ves y no somos ya más que un acertijo que quizá nadie más pueda descifrar, nadie más que nosotros dos, sin embargo todas esas miradas siniestras nos apuñalan y no nos importan, nunca nos importó, pero ya no quiero salir, ya no me quiero hundir, ahora, ahora sólo me quiero fundir, fundir en ti.

Por eso me encierro, harta del mundo y de sus circunstancias, de lo que dictaminan las voces fingidas a susurros, por los llantos que tengo por días, por esas lágrimas que recorren mi cuerpo y que denotan mi edad que es más de la que ya aparento… los años, el tiempo, las distancias, la espera… son sólo pensamientos, son una espiral en la que doy giros y giros mientras esas lágrimas queman mi piel, por emoción, por felicidad, por rencor, por el más sublime dolor.

El encierro me consumió, más no me perdió que sigo aquí, y mientras siga en mis noches de luna llena como la de hoy, saldré y te buscaré, no importa en que lugar estés, ni cuanto en mi travesía tardaré.

Romperé contra esos muros, lucharé como he luchado y sólo para estar a tu lado.