La Tarde

mayo 16, 2008

La tarde de hoy era gris, había un fuerte viento que hacía estremecer a las nubes, y hacerlas correr, como huyendo de él. Siempre huyendo.

El día se mostró gris, el Sol ahora estaba escondido y por más que esperé la lluvia, llegó la noche y con ella unas gotas, al escuchar recuerdos entre los que ya no quería existir, unos recuerdos que me dolían todavía.

La noche por primera vez iluminándome con su luna en el cielo, y yo mirándola desde aquel viejo y polvoriento balcón hacían que esas gotas cayeran al suelo, y tronaran como si de pesadas rocas se trataran.

Pensaba en ti, y me sentía desfallecer, serán las fechas, será la noche y su luz en medio de la oscuridad, la que ahora no me da felicidad, en realidad no sé porqué, creo que tampoco me interesa saberlo, creo que ya no puedo con más carga.

Estaba en ese balcón lleno de polvo, telarañas, hojas secas de árboles muertos de muchos siglos atrás y mi cabello estaba recogido en un moño, yo tenía una bata de seda negra que hacía ver mi piel todavía más luminosa y entonces levanté la mirada y vi que esas tonadas emitidas por el caer de aquellas piedras, no eran más que ríos que ya salían por mis ojos, por el recordar, por el querer olvidar y por no poder hacerlo.

Vi el jardín, detrás de él el bosque, aquel bosque negro en dónde había un lago con cisnes, aquel dónde te llevé y fuiste el primero que conoció ese lugar secreto.

Tomé mi bata con una mano, sequé esas lágrimas de rencor y con despojo las tiré hacia un vacío, al que no volteé más.

Mis pies descalzos siguieron el camino que debía de tomar, y me dirigí a mi habitación, las horas habían pasado, sin darme cuenta y esa tarde como los recuerdos se habían terminado.

Toda la Razón

abril 17, 2008

Nox et Hiems Longaeque viae Saevique Dolores Molibus His Castris It Labor Omnis Inents….

Nota: página 44… en mi memoria.

Furia

febrero 5, 2008

Esa noche el viento azotaba las ventanas, tanto y con tal fuerza que hacían que aquellos antiguos vidrios se quebraran y cayeran al suelo ya en forma de pedazos cortantes.

La casa estaba vacía y tras la puerta abierta al corredor, se escuchaban las hojas secas que eran huellas de aquel que ya había pasado, de aquel que era el otoño, de aquel que se había ido para dar paso al nuevo visitante, más tenebroso todavía: el invierno. En el que se escuchaban los sonidos de tantos silencios apagados en la oscuridad y soledad de las noches, noches tan largas. Noches interminables.

Entonces se rompían, por los estruendos de esos viejos papeles desechados viajando entre volares por esas callejuelas sucias y abandonadas a la nada , vacías y ya sin vida.

No había ni una sola luz, la única presencia que había era a de aquel viento que destrozaba todo a su pasar, como un acongojado grito que se anuncia llegar cuando ya está ahí sin haberse anunciado a estar. Quería tener presas, quería a cautivos, quería asustar y amedrentar, quería que el tiempo no pasara y así matar a quienes eran los súbditos del sol y de las copas de los árboles tan frondosos, tenía envidia, furia, coraje y por eso destruía todo a su pasar. Era cruel, era un ser muy cruel.

Las dos velas estaban apagadas reposando en sus candelabros, sus flamas estaban extintas como si aquel viento furioso las hubiera dejado sin vida, esa misma luz que las consumía y a la vez las deformaba, pero aquello era su esencia su vida, el fuego era parte de ellas, aunque entre el mismo y el viento se oprimiera su existencia, y así de repente ese candelabro de oro marchito y sucio por el paso de los años se quedó vacío, pensando que sólo era menos que un triste recuerdo, dejado de desolación.

Aquella noche se supo de las intenciones del viento y del porqué sus actos malévolos. Esa fría noche de invierno.

No se sabe de dónde venía todo esto, todo lo que la furia de aquel tempestivo arremolinaba, pero se sentía frío, mucho frío, ahora lo recuerdo con más claridad, no tenía zapatos, ni ropa alguna que cubriera mi total desnudez, y el viento aquel no me acariciaba, me rasgaba con cara roce, eran arañazos, sangrientos y dolorosos, que iban arrancándome trozos de piel y hebras de mi cabello, arrinconándome contra algún muro, queriéndome hacerme presa suya.

Y no sé como de repente me vi en ese callejón, lo vi en ese callejón, fue un choque contra su temperamento y mi mirada tan penetrante, que se rindió y en ese instante me cubrió con una capa, queriendo aliviar mis heridas que eran ya más contaminadas por la basura que él mismo atraía, recortó mi cabello y entre su frío misterio llegó la calma, y mientras comenzaba la charla con aquél, de quien no puedo describir su apariencia (dado que no lo comprenderían) encendí un cigarrillo y conversamos por mucho, mucho tiempo.

Esto que acabo de relatar es de muchos siglos atrás, tantos que no se pueden contar, tantos que en las noches nadie salía a las calles, tanto que se descubrió como era EL VIENTO y como me convertí en su amiga, como lo conocí y como ahora, varias veces nos reencontramos para recordar y añorar lo que era el pasado en el presente que ahora ya es el futuro.

 

Es Imposible respirar con vos a cuestas, con vuestro pasado, nuestro pasado y mi presente.

Cuando vuestra presencia se hace cada vez más una honda ausencia.

Te he esperado por tanto tiempo y llegas tan de repente, como de repente te vas.

No se si debo de amarte o si debo de castigarte… –Me pregunto, si acaso se puede más

Te decides porque cuando se trata de vos es cuando no tengo fuerzas, ya que vos te has llevado todo mi ser.

¿En realidad lo has hecho? Sí, sí que lo habéis hecho porque sólo por vos entregué mi alma y no sé si lo que me hace tanta falta es acaso mi propia esencia o acaso es vuestra presencia en mi cuerpo, desvaneciéndose en una lágrima, sólo una más por vos.

Y la angustia acongojada y encerrada, entre esos barrotes blancos que son mis costillas, que es mi ser, en el que también se encerraba una espera, como un “QUIZAS” tan sólo una vez más.

Pero erré, tuve miedo, os abandoné y mientras te partías hombre de noche y luna yo mujer de sangre y desolación me hacía pedazos, trizas una y otra vez, al ver como te lastimaba y cómo me dolía más y más la partida, la única despedida que no hubo jamás.

Y queriendo recuperar aquella voz, aquella tonada, de aquella vieja canción, aquel estrépito al corazón, te digo: Te extraño y espero que alguna vez me puedas perdonar. Porque vuestro perdón sería suficiente para yo poder descansar, ya que yo no me puedo perdonar y de nuevo, caí, pero sólo una vez más.

Al querer recuperar vuestro amor y no recibir ni un adiós, pero si un beso, siendo que ya no soy lo que fui, ni vos mi amor, con lágrimas de fuego como sudor en el frío cayendo al suelo gris de acero.

Aquí estoy, sabéis muy bien que aquí estoy, pero llorar más no, por favor. No más dolor.

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Mi noche estrellada

enero 11, 2008

Vivo en la noche, en el día me encuentro encerrada.

Mis noches se ven iluminadas por flagrantes estrellas y una luz, tan pero tan brillante que sale de un lado, de tan sólo un lado de ella, de mi Luna.

El bosque me espera con esos árboles tan grandes que sólo a lo lejos se logran ver ya que al estar cerca de ellos, sólo se podrían ver unos cuantos retazos de madera y hojas, muchas de ellas caídas y secas. Ya muertas.

Pero en mis noches, me mente envuelta en espirales hacen que yo, me haga presa de caer entre ellas, las mismas que iluminan el fulgor de esa oscuridad y a través de esa torre ya carcomida y casi desecha por el paso de los años, de los años que se han convertido en siglos, yo siento el aire en mi rostro , el viento helado que eleva mis rizos por encima de mis hombros, el mismo que hace que aquellos cipreses se muevan dentro de una danza al compás de la música de sus acompañantes esos pequeños tintineos que brillan en la oscuridad provenientes de los reflejos que aquellas luces quemantes tan frías esas estrellas; mientras cierro los ojos y levanto las manos sintiendo el infinito que me cubre, un cielo el más bello de todos, una noche con luz, una noche con luna.


UNA NOCHE EN ESPIRALES ENTRE LAS QUE ME PIERDO PARA SENTIRME INFINITA.

Una noche estrellada.

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Si tu no Vuelves

enero 10, 2008

Si tú no vuelves
se secarán todos los mares
y esperaré sin ti
tapiado al fondo de algún recuerdo

Si tú no vuelves
mi voluntad se hará pequeña…
Me quedaré aquí
junto a mi perro espiando horizontes

Si tú no vuelves
no quedarán más que desiertos
y escucharé por si
algún latido le queda a ésta tierra

Que era tan serena
cuando me querías
había un perfume fresco que yo respiraba
era tan bonita, era así de grande
no tenía fin…

Y cada noche vendrá una estrella
a hacerme compañía
que te cuente cómo estoy
y sepas lo que hay
Dime amor, amor, amor
estoy aquí ¿no ves?
Si no vuelves no habrá vida
no sé lo que haré

Si tú no vuelves
no habrá esperanza ni habrá nada
Caminaré sin ti
con mi tristeza bebiendo lluvia