Un Regalo

abril 11, 2008

VAMPIRESA

Esa dama no reflejada en los espejos

Esa dama de bellas piernas y enormes ojos

Esa dama que vive de noche y agoniza de día

Esa dama sedienta que anhela la sangre fresca

Tú, si tu hermosa dama de afilados dientes

Dicen que soy un ángel, pero si eso impide nuestra amistad, no quiero serlo…

Tus palabras me hacen recordar y añorar, a veces me perturban

¿Cómo leer en tus relatos lo que siento cuando ni yo misma lo sé?

Tus escritos esconden enigmáticos secretos, voces calladas y llantos

Tú, dama oscura, no alejes nunca tu camino del mío

Para ti, linda amiga, para ti porque si. Gracias por tu premio, es el primero que me dan. Esto es para ti, espero que te guste ^^ Y decir que es estoy de camino, volveré pronto…

[imagen de Victoria Francés]

Este fue un regalo de Xarleen, mi gran amiga, hizo que este día fuera aún más especial de los que ya están siendo.

Los ángeles nunca se separan de otros ángeles, aún con alma de demonio, aún siendo ángeles caídos… recuérdalo linda.

¡¡¡Muchas gracias!!!

Frío Sangriento

febrero 11, 2008

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Todavía es invierno, los árboles están blancos, llenos de nieve aún hecha de escarcha, de hielo ya mal formado, todo es blanco y lastima por la propia luz que refleja e ilumina. Todo es soledad, se siente la angustia del jamás. Y yo sólo veo salir sangre de mi boca, escupo sangre y por primera vez no me gusta, tengo espejos y los colecciono, más no logro ver mi identidad, y la sangre que estoy consumiendo es la propia y me disgusta el sabor amargo, y al escupir, en las paredes quedan con gotas de saliva alguna vez humana, de un cúmulo que se entregaba al deseo y la pasión, de esa sangre que provenía de mis ancestros que ahora calma mi ansiedad al hincar un colmillo en mi muñeca izquierda, mientras siento que no tengo fuerzas para tomar aquella navaja suiza con tan filo que brilla, que deslumbra, que hace maravillas.

Pero sigo prefiriendo los espejos, me aterran, pero me busco, sin encontrarme, sin verme, sin saber como soy, ¿alguien me ve? Pues yo no.

Tomo uno y lo quiebro, las imágenes que reflejaba se vuelven miles y como miles de pedazos se entierran en mis pies ya descalzos y duele, pero lo prefiero, que sean parte de mí a no ser nada entre ellos. Y así nos volvemos uno, entre dolor, sangre y desesperación.

Todavía siento frío y estoy cubierta con una túnica de seda roja, un rojo carmesí, que juega con mis labios aquellos rebosantes de besos no dados y de besos ansiados como deseados, esos, mis labios, con su color y mi palidez, ya no mi piel blanca, ahora estoy muriendo o eso escucho decir a esas voces apagadas y calladas que vienen del pasado y ya no espero un renacimiento, como muchas veces antes lo tuve, estoy muriendo, ya me lo han dicho.

Tomo un abrigo negro y descalza salgo al balcón que da hacia aquella avenida ya despoblada, por dónde reina un vasto y llano como amargo pesar, como mi compañera la Soledad, y a lo lejos veo esos ríos que están llenos de mí, de mi ser, de lo que fuí, de lo que no seré, porque ya lo fui, y los veo teñidos de rojo, aquella que era mi pasión por la vida, y ahora yo misma envenenada sufro, al pasar de las horas por no poder morir y ver que esas palabras como muchas otras han sido vanas, huecas, vacías y por supuesto, totales mentiras y ahora sólo queda yacer en el amargo oscurecer de cada amanecer, escondida, encerrada tras vitrales que muestran figuras de demonios que son ya ancestrales y con un bastón de plata, los rompo con toda la furia y coraje que en mí se desata.

Ya no quiero esto.

Nunca lo quise.

No puedo morir.

Ya no quiero renacer.

El humo proveniente de un cigarrillo que saco, dentro de una cigarrera de plata, mientras estoy en el salón con mis invitados, con las piernas cruzadas y yo sin zapatos, descalza. Riendo. Con los pies sangrando y goteando en las alfombras. Y de repente todo se esfuma, como el humo, así de rápido se desaparece, porque no hay nada, no había nada, eran olvidados y vastos recuerdos que se confunden con vivencias que anuncian la locura y yo en una sonora carcajada me burlo de esto mientras camino por el sendero que conduce al tan aclamado bosque con esa luz irradiada de aquella trémula nieve y de nuevo, una mordida, y chorros de sangre, escurriendo por mi boca, saliendo de mis labios, marcando mis blancos dientes de un tono rojo y me veo reflejada entre la misma sangre, entre MI misma sangre, mi pasión ya ida de mi cuerpo y de mi propio espíritu y veo algo gris y borroso, que marca las gotas que delicadamente van cayendo de mi boca y así vuelvo a recordar aquel bosque, en las noches, con esa luna que me ha sido arrebatada y que ahora ya no es nada; ahora blanco, no seco, no vivo, no muerto, sólo en reposo y espero, porque sólo queda la espera de lo que será para alguien que no tiene libertad; sólo veo demonios a mi alrededor y la eterna Soledad, cuya compañía no me agrada, cuya misión no es conmigo y le hago llamar a la muerte, pero esta sólo se ríe siniestramente diciendo:

– Muerte ¿ Quieres muerte? Pero si ya has fallecido DOS veces.

Y me retuerzo de dolor, de asco, de este mundo y de mi misma, por no poder cambiar, por no poder morir, por ser alguien más, por ser quien fui y que ya no volverá; pero no como aquellos, sino tan especial que se convirtió en la Sombra de la Misma Soledad, inspirada por la Sangre, el Frío y la Oscuridad.

El Reflejo de un Beso

febrero 3, 2008

¿Qué es un suspiro sino un dejo de esperanza? – Dijo alguien-

Esperando encontrar el rouge de mis labios fundidos en el frío cristal de un espejo, que en realidad levitaban, y se elevaban más y más hacia un infinito, como siempre desconcertante y oscuro.

Un espejo en estos momentos no daría nada o podría dar la magia de lo que quisieras tener en ese momento. El reflejo de un espejo no significa luz siempre, un reflejo es una magia provocada por un hechizo tal vez, o por los artificios de quienes están escondidos dentro de ellos, que nos hacen creer, que hay algo o alguien cuando en realidad, no hay nada, porque una imagen es eso, y como tal en un segundo se desvanece, como el polvo en una duna, tras una tormenta de arena. Como un espejismo en un desierto que por tocarlo se desvanece más rápido que al instante.

Quieres magia, mi magia que te ha apresado como en tantas ocasiones y es cuando imaginas que ese espejo es una puerta, una puerta que te conduce hacia mi, no hacia mi reflejo, no hacia tu reflejo, porque no quieres verte, no quieres verme, quieres encontrarme, porque los reflejos son tan coercitivos como los besos cuando se da nuestra presencia, porque es cuando ya no se puede escapar.

Porque queda un infinito dónde imaginas mis labios, mis labios que deseas tanto, que extrañaste una y mil veces y quizás más porque así las conviertes en tu infinito y besas aquel viejo espejo con esa mirada penetrante tratando de verme, buscándome, tratando de que aparezca siendo tan efímera, como en muchas, muchas otras ocasiones, y es cuando ves que no estoy, que todo a tu alrededor se ha quedado en la oscuridad, que no hay nada.

Estás perdido, porque no hay luz, porque ahora sólo te queda una espera, salida de tu propia esperanza que se llama : un eterno anhelo.

Y es donde quizás me puedas encontrar.

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La Luz y la Oscuridad

enero 31, 2008

Todo hombre es como la luna: con una cara oscura que a nadie enseña.

Mark Twain

La Sombra de Morne

enero 28, 2008

La necesaria y requerida reacción de lo inconsciente colectivo se expresa en representaciones formadas arquetípicamente. El encuentro con uno mismo significa en un principio el encontrarse con la propia sombra. Por otra parte, esa sombra es un paso angosto, una puerta estrecha cuya precaria angostura no puede eludir nadie que descienda a lo hondo del pozo. Pero hay que conocerse a sí mismo para saber quién se es, puesto que lo que viene después de la muerte es, inesperadamente, una ilimitada extensión llena de inconcebible imprecisión, en la que al parecer no hay ni fuera ni dentro, ni arriba ni abajo, ni aquí ni allá, ni mío ni tuyo, ni bueno ni malo. Es el mundo del agua, en el que flota, suspenso, todo lo vivo, donde comienza el reino del «simpático», del alma de todo lo vivo, donde yo soy inseparable y soy éste y aquél, donde experimento en mí al otro y el otro me experimenta a mí como al yo.
C. G. Jung, Sobre los arquetipos de lo inconsciente colectivo

Para realmente conocerse a sí mismo, hace falta ser introspectivo y viajar, viajar a dónde nos podamos encontrar, ya que estamos perdidos, siempre estamos perdidos al no saber quienes somos o dónde estamos.
Morne salió de viaje, estuvo por muchos lugares, desconocidos para ella, pero que en realidad sólo estaban olvidados, el reencontrarse con esos recuerdos y ver una vida que se perdió, una muerte, quizá dos y darse cuenta de nuevo, fue casi fatal para ella. Habiendo salido a enfrentar todo aquello que la lastimó tanto y encontrar la respuesta a muchos de sus porqués fue demasiado para su alma tan frágil y esta lastimada tanto que ahora volvió a su espejo, porque sigue adolorida y tiene que aliviar el shock caótico que fue ver todas esas salidas, falsas que se perdieron en túneles.

12102007007.jpg Esto es sólo el inicio de La Demoiselle Morne

Recuerdos

enero 15, 2008

Cómo te recuerdo, cómo les recuerdo…

Sí tintero y pluma tanto tiempo atrás, cuando me acompañaban en esas noches de luna, en una vieja mesa de madera pegada a la ventana y yo, con los dedos manchados por tinta negra chorreante, confundida con mi piel, blanca, siempre blanca sin darme los rayos del sol, y así parecía un ligero pero muy siniestro color índigo.

Esas noches en las que abría aquella ventana en la torre, y entonces sentía el frío atemorizante, y las palabras recorrían esa mesita, escondiéndose de las gotas hirvientes de cera que iban cayendo sobre ella, una y otra vez, pareciera que al mismo ritmo, al compás de alguna imagen que hubiera creado una melodía. Eso se veía, las imágenes provocaban esos sonidos en mi mente, ahora recuerdos en mis pensamientos.

La noche era siniestra y tétrica, no había nadie, pero yo estaba acompañada por ellos, por tintero y pluma, por hojas de papel, de varios tipos, incluso en algunos cajones guardaba pergaminos enrollados de lo que ahora serían mis borradores y mis sellos, tan notables con las iniciales de mis apellidos. Pero nadie sabía que yo estaba ahí. Todos pensaban que hacía mucho tiempo había muerto.

Y en realidad así había sido y lo que eran los lujos y las fiestas en aquellos salones de espejos como las demás ilusiones se habían convertido en añoranzas. Como todo lo demás. Los palacios se habían destruido por guerras, por luchas, y yo siempre escondida sin poder alcanzar la luz del sol.

Todo había quedado deshecho, las paredes se habían venido abajo y lo que antes era opulencia ahora estaba reducido a cenizas maltrechas.

Había pasado ya mucho tiempo y me dolía tanto ver la destrucción que estaba a mi alrededor, que no podía con ello, mi laúd tenía las cuerdas rotas y estaba en un rincón de esa torre, negra, mohosa, con una sola ventana, abandonada, sin una puerta, en realidad no sabía como había llegado ahí, supongo que cerraron todo lo que vieron que no tenía destino alguno.

Desperté en esa noche, cuando el viento abrió de par en par las corroídas ventanas y el frío me abarcó toda entera.

Fue entonces cuando caminando tambaleándome, llegue hasta esa mesa y vi todo aquello que era mi vida, que ahora es mi pasado, vi mis manos todavía manchadas por esa tinta y restos de polvo de zinc, para secar los escritos que mandaba. Y ahora lloraba y no lo podía detener, me dolía tanto recordarlo, ver lo que me hacía tan feliz, la música, mis escritos, aquellos viejos libros que estaban en otra recóndita esquina, formaron una etapa de mi vida, eran regalos de alguien que fue importante en esa época, ahora no había luz, todo era resquebradijo, gris, negro, con mucha humedad y frío y el viento helado no dejaba de golpear una y otra vez.

Todo dolía, dolía el despertar y encontrarme con aquello, que fuera mi gran ilusión, que fuera mi felicidad, que fuera mi vida entera, dolía, dolía mucho a pesar de ser simples recuerdos.

Me dolía estar muerta en vida, no poder salir y ver que en dónde me encontraba era una habitación en circulo, sin una salida, mas que esa vieja ventana, donde tantas veces estuve en aquella mesita, escribiendo, sólo inspirándome en lo que veía, en lo que sentía, en la pasión y amor que tenía, a todo y a todos, cuando había flores en aquellos jardines, esos rosales sembrados sólo para mi. Ahora la tierra negra y estéril.

De repente entró el viento más fuerte y con él se llevó varias hojas que estaban a medio escribir, de las cuales no se notaba ya casi nada, a causa de las lágrimas que habían manchado el propio papel mezclándose con la tinta.

Ya no me dolía tanto, me dolía más el recordar, el vivir ese presente que no sentía mío, sin embargo sentía que pertenecía a ese lugar más que a ninguno, porque hacía mucho, mucho tiempo, eso había sido mi felicidad, pero estando encerrada, sin poder salir a la luz del sol que era mi muerte y habiendo perdido tanto tiempo, ¿cómo podría recuperar una felicidad de tal magnitud?

Estando sola, sin apoyo, sin fuerzas, pero queriendo salir adelante…

Ya viviendo, despertando, entre recuerdos y con miedo, con las ruinas de un castillo dónde solo se erguía una torre, en la que parecía había una maldición, en la que me encontraba yo, de nuevo.

Viva

Porque bien dicen que recordar es vivir, aunque muchas veces es tremendamente doloroso.

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El Miedo

enero 14, 2008

Al ir caminando por calles tan iluminadas en un frío consumiente, más no escalofriante, viendo imágenes pertenecientes a mis pensamientos, imágenes de un pasado, confundiéndose con las imágenes de este presente, en las que me envolvía el tiempo persiguiéndome con sus pasos agigantados, como cuando niña.

Aún recuerdo aquel incendio, un día antes de irnos de la Casa Grande y separarnos para siempre, vi como en esos pisos de mármol, con esos barandales de cedro se destrozaban por ese calor, ese fuego que me iba pronto a consumir si no salía de ahí, yo yendo arriba y más arriba, porque en cada escalón que subía, este anterior se deshacía, y era demasiado sufrimiento, verme envuelta en llamas, perdiendo a mi familia, y perdiendo mis posesiones más queridas, perdiéndome incluso a mi. Hace tanto de aquello….

 Ahora parecía que caminaba incluso corría entre la gente, pero en realidad sólo iba en regresión y no podía hacer nada, las luces me molestaban y las risas de las personas con sus abrazos y festejos me dolían como si me clavaran por cada sonido una saeta en el pecho.

Caminaba una y otra vez, por esos senderos que muy bien conocía, pero lo quería dejar atrás a él, sin embargo cada vez me acechaba más y me vi envuelta en un remolino, todo giraba y giraba, las risas ahora eran muecas y parecía que se burlaban de mí, mientras yo, trataba de abrirme paso ante aquella adversidad, en la cual no reconocía a aquellos demonios.

Hice una parada y de pronto vi que me había perdido, estaba perdida en medio de lo que yo misma conocía tan bien, estaba lejos y no encontraba una señal, una salida, sólo venían esas imágenes a mi mente de lo que había pasado por aquellas callejuelas andrasojas y sucias para mí, dónde me habían robado, dónde me habían tirado, dónde había yacido caída tantas veces, dónde jugaron conmigo, incluso donde me ultrajaron y se aprovecharon de mí de las más viles formas que pueda haber.

Seguía caminando, negándome a ver lo que pasaba a mi alrededor, cerrando mis oídos ante esas mounstrousidades, pero mientras más caminaba él me hacía su presa y hacía que en mí, nacieran pensamientos oscuros y lúgubres para que no pudiera continuar, para que me sintiera cada vez más perdida y me rindiera ante él, como una súbdita más, como una más de su séquito.

Todo ahora estaba oscuro, era demasiado el seguir sin ver nada, era muy difícil, pero sabía que tenía que continuar, hacía mucho frío, y las miradas de las mujeres eran ácidas, las de los hombres eran por mucho lánguidas y retorcidas, queriendo acercarse a mi oído y decir algo mientras se llevaban un pedazo de mi, como era robarse un suspiro proveniente de mi cabello en mi cuello, de mi perfume o ligeramente rozar mi piel, entre una multitud de la que o quería escapar.

No quería estar ahí, no quería convertirme en eso, era escalofriante, era desgarrador, no lo soportaba.

Encontré un parque y me senté mientras todo era desolación y niños en el suelo jugando, yo saqué de mi cigarrera de plata un cigarro y lo encendí, el viento era muy fuerte, mi cabello volaba y yo temblaba, no sabía si era efecto del frío o de los mismos nervios que él provocaba.

Necesitaba pensar, necesitaba aclararme, pero no podía, él me invadía, y no lo soportaba, no podía más. Tenía miedo de perder lo único que me quedaba, tenía miedo de convertirme en algo más de esa ciudad que conocía tan bien y a la vez desconocía, en la que no quería estar y sin embargo estaba.

No quería que el ambiente me consumiera, no quería perderme en esa multitud, me quería a mi, ya me tenía, y no me quería perder, no quería de nuevo no poder encontrarme, no lo podía aceptar y no podía pensar, temblaba demasiado, el frío me calaba y mi cerebro estaba ya bloqueado. Sólo sabía que no quería ser parte de esa mezcla sin forma, en la que muchos están metidos y son sólo más un juego, yo no quería eso, ya había luchado por siglos contra esa carga, no podía más.

El cigarro me había quemado y de tanto frío no lo había sentido, hasta que quise llevármelo a la boca y vi que tenía llagas en dos dedos.

No quiero perderme, no quiero ser más su presa, no quiero deformarme y convertirme en algo que no soy, no quiero ser lo que no soy y que mi esencia se esfume, tengo miedo. – Me decía mientras caminaba sin un rumbo definido o eso creía –

 Y así fue como caminando llegué a un acantilado, hermoso, de noche, el viento me daba la libertad que necesitaba y ahí fue cuando me dí cuenta… todo era negro, parecía un inmenso vacío y yo, yo resplandecía.

Yo no era como los demás, yo no pertenecía a ese lugar, yo no era como ellos, yo brillaba y ya no tenía miedo de perderme. Estaba conmigo y me abracé mientras veía el resplandor que salía en ese abrazo en el que me fundía. Era YO y eso nadie me lo iba a quitar, lo era y así sería. Mi esencia nadie la quitaría. Y esta vez el miedo no me vencería.

Se vivió mucho, se perdió y también se murió.

El Renacimiento apenas está viendo su luz que en verdad no es la salida de ese abismo, en el que tantas veces se ha caído en forma de espirales, muchas veces como remolinos siendo tan sólo metamorfeadas en una tercera dimensión.

Ha habido alegrías, euforias, decepciones e ilusiones, sueños dulces y amargos despertares .

La luz no significa el final de nada, la luz que es tan pequeña significa el encontrar algo dentro de la más oscura soledad, encontrar el principio de ese algo.

Apenas está por comenzar; ya que las circunstancias han cambiado el sentido de la existencia así como el clima cambia por mucho la dirección de los barcos en alta mar.

Se ha encontrado lo que se buscaba por largo y penoso tiempo, incluso antes de poder recordarlo, ahora se sabe el porqué de tanto y de lo mucho que significó para que se llegara a este pico de la montaña. De esta montaña encumbrada, de aquella a la que muchos no han llegado por miedo a enfrentarse con ellos mismos en un campo de batallas lleno de recuerdos manchados por sangre emanante de heridas.

Los viajes han sido al pasado, por muchos años atrás, por lugares que parecían desconocidos ya que por mucho no se habían visitado más al cerrar ese capítulo de la historia.

Han sido por encima de la realidad, incluso han sido muchas veces en plano de un espacio intrínseco que estaba totalmente lleno y desbordante por un vacío, pasando por bosques húmedos llenos de árboles, y vegetación tanto hermosa, como maleza que podría envenenar a cada pisada que se daba y se ha ido abriéndose paso a través del frío y la niebla en diferentes ciudades, ciudades grises que han significado la mayor felicidad; en ocasiones la mayor tristeza, querer volver y no poder, estar ahí y querer correr para escapar…. y también se ha estado en el despoblado mar, seco y tan solo consumido por el calor y la arena.

Las botellas han terminado rotas en el piso con gotas de vino chorreando entre fragmentos de cristales llenos de sangre al internarse en la piel. Las copas de tantos brindis también han terminado en fragmentos al igual que la sensación de una mujer al sentirse tan llena y desbordante por pasión y amor cual una copa de vino tinto con una consistencia delicada pero a la vez sublime en cada sorbo que se daba. La bebieron por sorbos disfrutando en cada instante de su sabor de la esencia que se consumía para después al estar en un estado de ebriedad tirar esa copa ya vacía y hacerla pedazos que tarde o temprano lastimarán.

Las vidas de aquellos que no tienen nombre se han ido consumiendo, quedando apagadas muchas veces para así saciar sed de vida, hostigo de dolor.

Y ahora ya los años no cuentan, cuentan las fechas ya que el tiempo no se detiene, aunque a veces pareciera que lo hace, las explosiones de los relojes hacen presa a muchos del dolor que se siente al transitar por la vía de lo que es esto… el propio tiempo sentir su paso, escuchar el eco de sus pisadas y temerle, porque no lo vemos, más lo sentimos y sabemos que es despiadado, pesado y cruel.

Algo se termina y algo está por comenzar, es un ciclo, es un círculo, nunca acabará de ser así.

Pero dentro de ese círculo ahora en otro ciclo, quedan cosas por hacer, como reencontrar los fragmentos que se ya se han encontraron y juntarlos para formar el espejo que se había roto, encontrar en realidad el reflejo que se ha buscado y ver la imagen por completo de lo que se es.

Hay botellas sin descorchar todavía, y no están aquellos con quienes se brindó en épocas pasadas… y así, desafiando los miedos se abrirán esas botellas y las copas serán nuevas, sin ilusiones, sin tentaciones pero con un gran sentido de deleite acompañada por dos eternos amantes: La Soledad y El Tiempo.

Querer dejar de lado en la puerta a la Perfección para darle paso a la Imperfección, que entre en este castillo cayéndose a pedazos y reírnos de lo que existe para así aceptarlo.

Y ya se tiene la seguridad de que así será, porque así fue, una y mil veces, y esto no es un simple Deja Vu, esto es algo parecido al Eterno Retorno, pero sin Filosofía, y sin entendimiento alguno, sólo soy yo.

La Vampiresa

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EL ESPEJO

El sueño castigado se queda
en el sueño de sí mismo, no
pendula su espanto.
¿A dónde irá con su memoria?
Entre árboles busca
una sombra verdadera
en esta duración. El sueño
era otros y es otro hoy que otros
lo niegan o creen que no existió.
No quiere encuentros falsos
y contempla su cara en un espejo
Que se detuvo y guardó
fulgores que no envejecen
mañana.

ESCRIBO EN EL OLVIDO…

Escribo en el olvido
en cada fuego de la noche
cada rostro de ti.
Hay una piedra entonces
donde te acuesto mía,
ninguno la conoce,
he fundado pueblos en tu dulzura,
he sufrido esas cosas,
eres fuera de mí,
me perteneces extranjera.

LO QUE PASA

Yo te entregué mi sangre, mis sonidos,
mis manos, mi cabeza,
y lo que es más, mi soledad, la gran señora,
como un día de mayo dulcísimo de otoño,
y lo que es más aún, todo mi olvido
para que lo deshagas y dures en la noche,
en la tormenta, en la desgracia,
y más aún, te di mi muerte,
veré subir tu rostro entre el oleaje de las sombras,
y aún no puedo abarcarte, sigues creciendo
como un fuego,

y me destruyes, me construyes, eres oscura como la luz.

Juan Gelman

Poemas para Vampiresa dedicados por Nephilim… ahora recuerdos que están quedando ocultos en el cajón que ocupa un espacio en mi mente tan sólo para eso, para recordar.

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La Chica Vudú

Su piel es de tela blanca,
un remiendo de recortes.
Y en su corazón se ensartan
alfileres de colores.

Por ojos un par de discos
rayados en espiral
que emplea en hipnotizar
a una multitud de chicos.

Mantiene en trance profundo
a un ejército de zombies.
Entre ellos incluso hay uno
que es nativo de Donosti.

Mas también sobre ella pesa
una horrible maldición
pues cuando alguien se le acerca
demasiado, es un punzón
cada aguja que se entierra
más hondo en su corazón.

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Tim Burton

Es Suzanne?

noviembre 30, 2007

Suzanne takes you down to her place near the river
You can hear the boats go by
You can spend the night beside her
And you know that she’s half crazy
But that’s why you want to be there
And she feeds you tea and oranges
That come all the way from China
And just when you mean to tell her
That you have no love to give her
Then she gets you on her wavelength
And she lets the river answer
That you’ve always been her lover
And you want to travel with her
And you want to travel blind
And you know that she will trust you
For you’ve touched her perfect body with your mind.
And Jesus was a sailor
When he walked upon the water
And he spent a long time watching
From his lonely wooden tower
And when he knew for certain
Only drowning men could see him
He said “All men will be sailors then
Until the sea shall free them”
But he himself was broken
Long before the sky would open
Forsaken, almost human
He sank beneath your wisdom like a stone
And you want to travel with him
And you want to travel blind
And you think maybe you’ll trust him
For he’s touched your perfect body with his mind.

Now Suzanne takes your hand
And she leads you to the river
She is wearing rags and feathers
From Salvation Army counters
And the sun pours down like honey
On our lady of the harbour
And she shows you where to look
Among the garbage and the flowers
There are heroes in the seaweed
There are children in the morning
They are leaning out for love
And they will lean that way forever
While Suzanne holds the mirror
And you want to travel with her
And you want to travel blind
And you know that you can trust her
For she’s touched your perfect body with her mind.