Marruecos

marzo 26, 2008

Suspiros de Sol

Sabores ya ahumados de inciensos exóticos

Arena desfigurada por un viento caliente

Un mar como Horizonte

Y tú y yo, dentro de una botella consumida.

Y cerrada por un corcho, persiguiendo una luz.

Persiguiendo las estrellas.

Furia

febrero 5, 2008

Esa noche el viento azotaba las ventanas, tanto y con tal fuerza que hacían que aquellos antiguos vidrios se quebraran y cayeran al suelo ya en forma de pedazos cortantes.

La casa estaba vacía y tras la puerta abierta al corredor, se escuchaban las hojas secas que eran huellas de aquel que ya había pasado, de aquel que era el otoño, de aquel que se había ido para dar paso al nuevo visitante, más tenebroso todavía: el invierno. En el que se escuchaban los sonidos de tantos silencios apagados en la oscuridad y soledad de las noches, noches tan largas. Noches interminables.

Entonces se rompían, por los estruendos de esos viejos papeles desechados viajando entre volares por esas callejuelas sucias y abandonadas a la nada , vacías y ya sin vida.

No había ni una sola luz, la única presencia que había era a de aquel viento que destrozaba todo a su pasar, como un acongojado grito que se anuncia llegar cuando ya está ahí sin haberse anunciado a estar. Quería tener presas, quería a cautivos, quería asustar y amedrentar, quería que el tiempo no pasara y así matar a quienes eran los súbditos del sol y de las copas de los árboles tan frondosos, tenía envidia, furia, coraje y por eso destruía todo a su pasar. Era cruel, era un ser muy cruel.

Las dos velas estaban apagadas reposando en sus candelabros, sus flamas estaban extintas como si aquel viento furioso las hubiera dejado sin vida, esa misma luz que las consumía y a la vez las deformaba, pero aquello era su esencia su vida, el fuego era parte de ellas, aunque entre el mismo y el viento se oprimiera su existencia, y así de repente ese candelabro de oro marchito y sucio por el paso de los años se quedó vacío, pensando que sólo era menos que un triste recuerdo, dejado de desolación.

Aquella noche se supo de las intenciones del viento y del porqué sus actos malévolos. Esa fría noche de invierno.

No se sabe de dónde venía todo esto, todo lo que la furia de aquel tempestivo arremolinaba, pero se sentía frío, mucho frío, ahora lo recuerdo con más claridad, no tenía zapatos, ni ropa alguna que cubriera mi total desnudez, y el viento aquel no me acariciaba, me rasgaba con cara roce, eran arañazos, sangrientos y dolorosos, que iban arrancándome trozos de piel y hebras de mi cabello, arrinconándome contra algún muro, queriéndome hacerme presa suya.

Y no sé como de repente me vi en ese callejón, lo vi en ese callejón, fue un choque contra su temperamento y mi mirada tan penetrante, que se rindió y en ese instante me cubrió con una capa, queriendo aliviar mis heridas que eran ya más contaminadas por la basura que él mismo atraía, recortó mi cabello y entre su frío misterio llegó la calma, y mientras comenzaba la charla con aquél, de quien no puedo describir su apariencia (dado que no lo comprenderían) encendí un cigarrillo y conversamos por mucho, mucho tiempo.

Esto que acabo de relatar es de muchos siglos atrás, tantos que no se pueden contar, tantos que en las noches nadie salía a las calles, tanto que se descubrió como era EL VIENTO y como me convertí en su amiga, como lo conocí y como ahora, varias veces nos reencontramos para recordar y añorar lo que era el pasado en el presente que ahora ya es el futuro.

 

Amanecer

enero 31, 2008

Era una madrugada muy fría, la chimenea estaba encendida al pie de la cama de la señorita, ella estaba en su cama.

En aquella cama que habían hecho especialmente para ella. Su madre, una excelente dama de modales muy refinados la había mandado a diseñar con un carpintero y un artesano fránces, la cama era de cedro rojo y tenía cuatro pilares, así como majestuosas telas que hacías las veces de cortinas o de pabellones, todo alrededor era blanco, sus cortinas eran de brocado dorado, que cubrian ventanales de más de 3 metros de altura, que ocultaban un balcón, con una mirada hacia una de las avenidas más visitadas de aquella vieja ciudad.

Aquella señorita, estaba recostada, con los ojos abiertos, observándolo todo, pero sin poder hablar, sin poder moverse. Estaba enferma.

No sabían la causa de su enfermedad, pero ese día fue algo muy doloroso para ella. Estaba sufriendo mucho, estaba en cama, inválida, pero plenamente consciente, no podía dormir a causa de aquellos dolores, por lo que la medicaban con gotas de opio, mezcladas en agua con azúcar para que las pudiera tomar, se las daban por cucharadas, ya que ella apenas y podía abrir la boca, los dolores eran inmensos, no los soportaba, su cuerpo no respondía, no era solamente sus piernas, no podía mover ningún miembro, ninguna de sus articulaciones.

Pero eso no quitaba su belleza, su belleza tan nítida, ahora oculta en el mundo, porque la familia que era de un gran abolengo no quería que se enterara de lo que en esa habitación estaba sucediendo.

El dolor en el cuerpo era tan fuerte que no podía tener ni siquiera ropa puesta, así que no la cubrían con nada, no habría más corsettes, ni fajas, si sombreros para dormir, más que un camisón suelto y de una tela muy suave, mientras era presa de fiebres tan turbulentas, que la confundían más, con el dolor, los efectos del opio y el frío del otoño conjugado con el frío escalofriante que provoca una terrible fiebre.

Sus padres no sabían que hacer, estaban desesperados, adoraban a su hija y no soportaban verla sufrir de esa manera, ver cómo una joven con tanta vida, con ese brillo que parecía un resplandor de sus ojos estaba perdiendo prácticamente su vida. La veían y recordaban esas noches de bailes interminables, con valses de Strauss y ella con aquellos vestidos traídos desde Francia, aquellas mantillas Españolas para diversas ocasiones, la graciosa sonrisa y las reverencias con las que siempre saludaba a quienes eran sus anfitriones. Veían en su habitación rosas, rosas de un color muy pálido, a ella eran las que más le gustaban, las rosas inglesas.

-Las rosas inglesas -decía- son mis favoritas, son lindas, tienen un aroma excepcional y su té es fabuloso acompañado por pastelitos con crema de almendras (mientras reía como si fuera un cascabel, así de feliz era)

Sus padres mandaron al cochero en medio de aquella madrugada por un doctor nuevo, esta señorita, veía y escuchaba todo lo que estaba pasando y tenía mucho miedo, amaba a la vida, era muy joven, era bellísima y todos le habían prometido un futuro más que flagrante.

Sólo movía los ojos tratando de observar a sus padres pero era inútil, no podía girar el cuello y las voces se confundían en su cabeza.

Llegó el cochero y con este una enfermera y una carta sellada con el nombre de aquel médico, en el que explicaba que mandaba a una de sus asistentes, que consideraba la más competente, y que lo que esta señorita necesitaba era una sangría. Sus padres lo discutieron, habían probado de todo, habían pasado filas de médicos y nada, siempre era el mismo resultado, ella seguía igual, y por su misma condición no podía viajar en un carruaje a Suiza para descansar y tener una mejor atención. Era demasiado el dolor, el viaje le quitaría la vida por completo.

Asintieron y del lado derecho de la majestuosa cama, abrieron las cortinas de un rojo carmesí, con galones dorados, y la asistente vio a la desdichada enferma, había varios sirvientes para ayudar a la asistente del médico, llevaban las navajas, varios platos, y telas, así como ligas para hacer los debidos torniquetes al terminar con la sangría.

Aquella pieza de ternura estaba invadida por el miedo y estaba realmente muy pálida.Su piel era muy delicada, era extremadamente blanca, sus venas se notaban por todo su cuerpo, pero eran muy delgadas y eso era un problema porque no podrían encontrar una vena lo suficientemente fuerte para sacar la sangre contaminada, así que primero estuvieron revisando el brazo derecho, y viendo la situación tan grave ante la que se enfrentaba la asistente, decidió que ese sería el brazo indicado. Pidió entonces la navaja y de un tirón cortó la piel que parecía inhumana a causa de su color y la tersura, pero no se manchó de rojo aquella blancura.

Un torrente de sangre salió casi por medio metro del brazo de aquella joven, no cayó sobre los platos que tenían previstos encima de la cama y las paredes, como sus preciosos muebles se tiñeron por las gotas ahora chorreantes de sangre. El flujo dejó de ser fuerte por momentos y así hasta que pudieron sostener el brazo para que reposara entre aquellos platos, uno, dos, tres, salía demasiada sangre y ella ya estaba casi en estado inconsiente. Hasta que su padre dijo que ya era suficiente, que la estaban matando y no se trataba de eso, su madre observaba desde uno de los sillones en la habitación pero era demasiado fuerte y la educación de aquella época no le permitían demostrar sus sentimientos en público así que sabía que no podía llorar, mientras sólo sostenía un pañuelo blanco entre las dos manos, apretándolo con mucha fuerza.

No pudieron mover el antebrazo de aquella joven, entonces vieron que ya no salía sangre y ella estaba con los ojos cerrados. La creyeron dormida, y pensaron que había funcionado. La sangría había funcionado hablaban los criados en la parte de abajo del chalet y estaban emocionados, tanto que pensaban hacerle un desayuno digno de una princesa, ya que la querían mucho.

La asistente se fue, aquella joven en realidad no estaba durmiendo, estaba totalmente inconsciente por la falta de sangre y sin darse cuenta dejaron que su brazo colgara de la cama, mientras gota por gota la alfombra antes del mismo color de aquellas rosas se volvía roja.

Pasaron los días, pasaron las semanas y ella no despertaba, sus padres le lloraban y no habían movido nada de esa habitación, más que las rosas que continuamente las cambiaban porque sabían que no le gustaban las rosas marchitas, ellos no se movían de su lado, sólo la veían, como dormía, inmaculada, bella y como su cabello seguía creciendo, muestra de que su salud estaba mejorando. Eso les daba un consuelo.

Hasta que llegó la primera nevada, era casi un amanecer, muy frío más que los anteriores, y fue cuando entonces la belleza abrió los ojos, despacio, lentamente y trató de reconocer lo que había a su alrededor, vio que eran sus aposentos, vió del lado izquierdo de su cama a sus padres que sonreían entre lágrimas de felicidad y ella después de mucho ella sonrió también.

Empezó a balbucear y pudo pedirle algo a su madre…. llegó su nana y entre las dos la levantaron de la cama, ella con un suave camisón de seda blanco y de manga larga y sus rizos color avellana, su piel que se fundía entre la tela, estaba dando sus primeros pasos, después de tanto tiempo. Hasta que llegó a su silla de ruedas, y pidió ver el amanecer.

Ver como amanecía entre el frío era una sensación sublime decía, ver como se une la nieve y la salida del Sol, en esta mañana ha sido lo mejor que me ha pasado, dijo. Asomada por una rendija de su balcón, cubriéndose con aquellas cortinas de brocado dorado.

Volteó a su alrededor y empezó a examinar todo, pidió que limpiaran las paredes que no quería recuerdos de aquella enfermedad, no quería ver más sangre, y entonces se dió cuenta de que sus rosas preferidas ahora eran rojas y preguntó:

-¿Quién ha cambiado mis rosas? Las mías son siempre pálidas, no rojas.

A lo que le respondió su padre, las rosas se impregnaron de tu sangre así como lo hizo el florero de cristal cortado, las hemos cambiado, porque sabemos que no te gustan las flores marchitas, pero desde aquella vez, las rosas siguen siendo rojas.

Esto pasaba igual con la alfombra, cuando la quitaron para lavarla, vieron que no se desteñía, era como si la hubieran comprado en Turquía con esas distintas tonalidades de rojo y dorado. Las sirvientas se sorprendieron mucho y le avisaron a su madre, a lo que la Dama le explicó lo sucedido.

La señorita permanecía viendo ese amanecer entre copos de nieve, viendo el sol, escondida de todo y de todos, y sin mirar a los demás dijo en tono altivo, me quedaré con las rosas rojas y con la misma alfombra.

Ellos cambiaron, cuando yo también cambié. Y nunca volveré a ser la misma. Como ellos.

No me podrán quitar esas marcas de lo que pasé, no me pueden hacer que olvide, no soy la misma, y no intentaré serlo.

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Esperando

enero 11, 2008

Esperando como muchas otras noches, como esas interminables noches hasta ver el inmimente y desfigurante amanecer con su sol como primer actor. Como lo que es el astro REY.

Seguimos siendo los mismos, seguimos estando ahí, pero de diferente forma.

Los días se convierten en noche, las noches se convierten en días y ahora duele, porque el estremecimiento que se sentía al verte y mi palidez inhumana ahora son cosas del pasado, porque me duele ver lo que fuimos, me duele ver cómo no me podría acercar a ti, y siendo lo que en mi vida busqué, rastreándote, aún siendo mi rival, tú me encontraste primero y yo quedé impactada y sigo estando así ante ti.

Diciendo con tu modestia digna de lo que eres un rey que no eres más que los demás, sólo que has sabido leer mis labios como muchos más no lo han hecho. Con tu ironía, con esa sonrisa que me carcome, porque imagino tus besos; no, recuerdo tus besos una y otra vez y cómo tus palabras hacen que por medio de toda la sangre que recorre mi cuerpo me estremezca deseándote más y más, comiéndome, devorándome, haciéndome tuya, porque yo lo he decidido, porque yo soy la única a quien le he pertenecido y ahora de princesa me conviertes en reina, y me haces un monumento.

Sigo aprendiendo, sigo entendiendo, sigo contigo y me duele este reencuentro, me ha dolido mucho al saber lo que hice, pero no me arrepiento en parte porque he aprendido de mis errores y no los pienso cometer más veces.

Todavía seguimos una luna con una ilusión y de la mano, sin hablar, entre besos, y yo entre tus brazos.

Te he dicho que la adoración y la lucha siguen ahí y tu eres quien más lo entiende porque eres quien más me conoce, por ser tan similares, por ser tan difíciles.

Luchando siempre contra el tiempo, contra los triunfos y derrotas.

La luna nos ha unido y yo te digo, seas quien seas, de cualquier forma en la que te me presentes… así soy tuya.

Porque eres mi luz, esa luz que ilumina mi camino, ese camino que es mi destino, ese destino que es mi vida, y entonces me pregunto ¿ De dónde viene esa luz? y respondo: Viene del Sol, de un sol que ya no lastima, de un sol que ya no quema, de un sol que eres tú, porque sin Sol no habría vida, porque sin TI no habría vida.Porque tú eres mi vida.

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