Danza Silenciosa

septiembre 8, 2008

El aire y sus compañeras las ráfagas, iluminaban el ambiente; las noches se fueron transformando en días, cuando en realidad no se distinguían por una sombría similitud. Las nubes acosaban en forma perenne y se escuchaba la única música que dictaba la realidad… el paso del tiempo.

Serpientes que nadie veía, de una forma en que sólo iban como venían, por curvas peligrosas, cuidando los ojos de los demás para que así no las vieran, con un secreto escondido. Las serpientes en su sigilo iban entrando de una a una por agujeros invisibles, hasta que alguien en su asombro como desconcierto las veía y estas así, desaparecían.

El goteo incesante provocaba que los vidrios se empañaran con tristeza, recordando lo que había; que no existía ni una sola luz; si acaso la mecha encendida de una antigua vela, que iluminaba lo que menos se quería ver.

La danza era cadenciosa, era como si de una pareja se tratara… en un vals romántico, sin que nada, ni nadie los separara, sólo ellos se unían.

Mientras nadie los vislumbraba, era una entropía semejante a un cuento que nadie leyó, un secreto guardado no a voces, sino a gritos, a esos gritos ahogados entre las mismas gotas que caían y se rendían.

El único halo de vida real era el que el viento daba, por el que se escuchaban tronar los árboles y cuando yo con cautela miré por la puerta de madera entreabierta, vi, que el salón de espejos estaba vacío y la inmaculada conciencia provenía de esas serpientes invisibles… y la pareja que bailaba tan dulcemente sólo eran dos amantes, sin vida…

Ella, la Nostalgia y él, el Silencio, mientras la orquesta majestuosa se componía tan sólo de 4 seres, una magistral orquesta de cámara… un reloj holandés de caoba con sus tres manecillas de oro y el vaivén del péndulo, marcando su dulce como amarga y angustiosa armonía.