Dedicatoria

mayo 8, 2008

Cuando ya no esté.

Sentirás esa neblina, envuelta en un halo de frío gris y será el aliento de mis besos, como la humedad que provoca al irte mojando la cara, la humedad que me estremecía ciegamente por una pasión.


Cuando ya no esté.

Caminarás por calles desoladas, y en cada otoño, en cada hoja que veas caer a tu pasar, en tus mismas pisadas sentirás el sonar de el crujir y te estremecerás, porque será mi risa, y verás mi sonrisa como mi felicidad.


Cuando ya no esté.

El invierno te abrigará, y verás en cada botella de vino tinto, el resplandor de mis ojos, y en la nieve percibirás la pureza de mi piel y más frío no sentirás.


Cuando ya no esté.

Los espejos se descubrirán, los espejos se descubrirán, dejando ver la luz de lo que asemeja a a realidad, y entonces me podrán ver, tocar, porque sabrán que pertenezco a un reflejo, al cual nunca pude ver.


Cuando ya no esté.

La música se escuchará de fondo en cada corazón con un ritmo sonoro, como de una batería y unas notas graves provenientes de un bajo y recordarán el rock y lo que era parte de mi vida.


Cuando ya no esté.

Las librerías seguirán vacías, llenas de viejos ejemplares y en cada uno de ellos vendrá algo de mi, porque nadie puede leer sin recordarme, porque no pueden dejar de pensar en mí.


Cuando ya no esté.

Se recordarán las montañas que desde niña fueron mi fascinación, y se verán las cordilleras, y por cada uno que llegue a la cima, me recordarán, porque escalé muchas más montañas, no importando la altura, ni los obstáculos, ni el dolor, ni el sufrimiento de el sola y llegar.


Cuando ya no esté.

Y estés solo, recuérdame, porque no estaré, pero no me habré ido y las distancias se acortarán, porque dentro de un suspiro tú llorarás y yo te abrazaré y sin saberlo tomarás fuerza y saldrás adelante, como lo has hecho siempre, como yo no lo pude hacer más.


Cuando ya no esté.

Y veas una caja con cigarrillos y chocolates, recordarás mis labios y el olor de mi perfume, con la imagen de mi cabello ondulado, jugando con el viento y me extrañarás.


Cuando ya no esté.

Y veas una ciudad gris, seré yo, impregnada en las calles, en el asfalto cubierto por tormentas y relámpagos.


Cuando ya no esté.

Y veas al mar, verás que fue mi desolación, acompañado por el sol; pero si lo ves gris y revuelto, será mi furia y mi lucha contra aquellos seres submarinos que no me dejaron ir y que me convirtieron en una sirena, una sirena atrapada en el fondo del mar, y la espuma seré yo, y ese sonido, será mi voz.

Así que búscame porque aún cuando ya no esté… yo seguiré.

Sirenas II

abril 23, 2008

Y el retorno era el inicio.

Las olas te inundaban como te formaban.

Y el cielo te consumía haciéndote su presa.

Atándote ya sin poder escapar de él más.

El viento estremecía los cuerpos ya muertos.

El oleaje era calmo.

Y las nubes cubrían el azul de un infinito.

Volviéndolo Gris y Desafiante.

Y tú reflejada en esos cantos ya ancestrales.

Pertenecientes a las sirenas no existentes.

En las profundas y misteriosas.

Aguas del Mar.

Todavía duele, duelen los remolinos de pensamientos, como de recuerdos y transformaciones que estás viviendo.