El apartamento 1306

mayo 3, 2010

Eran las 19:00 hrs. y las aspas del ventilador en el techo sólo se hacían evidentes por la sombra que se hacía a la luz de una lámpara en la habitación.

El silencio rondaba cual si fuera miedo.

El viejo tocadiscos giraba sin cesar, y lo único que producía era un mísero puntilleo con la aguja doblada.

La historia se había acabado.

De repente entraron los policías y vieron lo que llamaban la escena del crimen.

Tanto la alfombra de la sala como del estudio y de la habitación estaba manchada de un líquido rojo carmesí… Y dentro del armario sólo encontraron armas, colgadas a forma de vestidos, trajes, pantalones y guardadas en cajas de zapatos.

Sorpresivamente; ninguna había sido utilizada, ni había una cerradura forzada.

Incluso cuando preguntaron a los vecinos los nombres de quienes vivían ahí estos mismos dijeron que desde que recordaban el apartamento número 1306 siempre había estado clausurado.

El detective indagó más entre sus pensamientos pero sólo encontró dudas.

¿Quienes habrían llamado?

¿Quien fue la mujer rubia que lo contrató?

¿Sabían que trabajaba para ambas partes?

Mientras se cuestionaba,  el detective Hannover encontró un pedazo del cable de la línea telefónica cortado… a sus pies y en diferentes pedazos, todos ellos del mismo tamaño.

Y un dedo índice que mostraba ser de una mujer, ya que tenía la uña con barniz rojo.

… Y cuánto.

diciembre 29, 2009

Cuánto ha pasado ya… que ni las horas se pueden contar, sólo los recuerdos, alegres, tristes, amargos y ocultos nos hacen presa, nos hacen estar.

Y como tal, este es un reencuentro, por mucho de lo que he tenido en este año.

Hoy no sé si escriba poesía, no se si escriba mentiras, no sé ni cómo se lo imaginan. Pero muy bien puedo hacer un recuento, que por momentos fue una suplicante agonía.

En estos meses he tenido un arcoiris de pensamientos, de ilusiones, desilusiones y alucinaciones.

He visto hadas de diferentes formas, cristalinas, azules o con reflejos cual de arcoiris. Pero estoy segura de que son reales, las vi… las vi danzar en el rabillo de mi ojo izquierdo, vi sus alas revolotear y contuvieron mi llanto.

Vi países cercanos que me parecían lejanos y aprendí mucho de ellos, costumbres y cultura y me reconocí en mucho gracias a un duende. Un duende que me mostró una familia, campos verdes, estrellas, la noche iluminada y los planetas moverse.

No volteé a ver a la luna, más cuando una vez lo hice, ella se escondió detrás de las nubes y todo se oscureció.

Vi mis lágrimas mojando mis blusas, mis almohadas… vi cómo bajaba de peso, vi cómo de repente lo aumentaba. Vi techos que no veía desde que tenía 20 años y me dolió… más de lo que me dolía el cuerpo.

De nuevo estuve ahí dentro… con un corazón roto, mascarillas de oxígeno y radiografías.

Reforzaron mi sentimiento de desolación… y me percaté de quienes han estado conmigo y quienes no.

En momentos así, dolió muchísimo… es lo que llaman una decepción. Quien crea que no me doy cuenta de la hipocresía… que por favor no subestime a mi sagacidad. Ahora a esos momentos los llamo: una lección. Porque aprendí a no llamar, a no invitar, a no pedir.

Porque también conocí a gente maravillosa que ahora forma parte de mi mundo y les doy las gracias. A quien estuvo conmigo tomando té con vista al jardín, a una loca que me regaló un libro inmenso de Lewis Carroll, buscándome en una cafetería de Starbucks aún sin habernos visto en 3 años y con tanto trabajo.

A una modelo que me abrazó y me apoyó y me dijo que no importara lo que dijeran de mi por mi maquillaje…

A mis amigos escritores, pintores, cineastas, que me dedicaron una obra, o con quienes compartí una botella de vino tinto.

A los ojos azules que no he podido olvidar y que en mi cumpleaños estuvieron ahí, y lo mismo en el hospital… a quien tenía miedo de ver ese miércoles…

Por que no soy inmune ante las lágrimas, porque sean efectos secundarios o no de los medicamentos, esta soy yo, o quizá la mitad… porque me dolió desenmascarar a muchos, una, otra y otra antes de mostrar la cruel faz. Cuando había quienes sin prejuzgar había visto con una máscara, pero no era más que una identidad, una propia y no más.

Porque la literatura inglesa hizo que me acercara más a lo que quiero, porque no olvido ese sueño que tuve en enero, ese mundo onírico y tan real que dolía.

Por que me doy cuenta de que tengo tres agendas, porque me doy cuenta de que estoy viva, porque nunca he esperado que el mundo se detenga, porque veo fechas, veo números y no puedo creer que tanto haya pasado ya, en tan poco tiempo.

Y me felicito a mi, por tener un corazón guardapelo con mi inicial en oro y una cajita pintada a mano con óleo inglés y laminada con flores en oro de 23 kilates. Porque tengo velas alrededor de mi, porque tengo rosas, porque soy yo, porque bebo té y vino tinto.

Porque la niña que jugaba en la cava de su casa con libros, ahora se consume las botellas y escribe libros que son publicados en otros continentes. Porque aún estando “sola” no necesito a nadie, porque vivo… y doy gracias por todos aquellos que me han acompañado en este largo y árduo camino, este año… tan duro, tan difícil… uno que no quiero que sea igual.

Por eso escribo esto, queriendo hacer un recuento de mis caídas, de mis uñas rotas, de mi cabello largo y después corto… de los hospitales, de mi corazón y de la única vez quizá que literalmente he casi muerto por amor.

De una u otra forma, a aquellos para bien o para mal les agradezco haber estado presentes, porque me han hecho aprender. Porque bien dicen que lo que no mata te hace más fuerte… quizás sí. No lo quiero averiguar.

Ahora veo y siento tristeza, tengo miedo… sin embargo no es una barrera, es un obstáculo a saltar, una piedrita más… por lo tanto sólo diré una frase y la repetiré mil veces… porque a pesar de todo soy fuerte y…

“Quiero regresar”

 

Y hoy…

diciembre 2, 2009

Y pasa otro año, otro lleno de recuerdos. Uno que no ha sido amargo, uno que no ha tenido sinsabores. Uno en el que se han derramado lágrimas de felicidad y de infortunio. En el que no ha llovido. En en cual vi hadas en el rabillo de mi ojo derecho, tras lágrimas y conocí a duendes.

Me he escondido entre árboles y he escuchado al silencio, he sentido el palpitar de su corazón y he visto las más crudas decepciones.

He rechazado a la soledad y he sonreído mientras camino sola, por calles que parecen vacías; sin escuchar voces, ni siquiera susurros. He visto florecer y he visto crecer.

He evitado lo inevitable y sigo pensando, sigo escribiendo, y a pesar de todo lo malo, no puedo tener porcentajes o arrepentirme de algo. Lo he probado, y su sabor no ha sido malo, pero su efecto ha sido como veneno en ciertas ocasiones.

Perdí a la Luna tras el correr de esas nubes y me perdí en la carretera sin ver esos bosques, sin escalar aquellas lejanas montañas. Me alejé de ti, y te sigo recordando. Duele ser o estar hoy… y al mismo tiempo es un orgullo, porque no soy la mujer de ayer y sé que nunca más lo seré.

Se que tengo compañía, encontré a gente fabolusa, y traté de olvidar a dos amigas; Melancolía y Soledad, pero han vuelto a mi. No, no escribo sobre ellas, ni para ellas, ni por ellas. Escribo porque lo necesito, porque para mi es respirar y ya me estaba ahogando en un vacío lleno de tartas y falsificaciones.´

Ahora sólo deseo, sólo deseo… y no espero a Esperanza, pero pienso en ella y deseo, deseo y por momentos… creo.

Y recordé…

noviembre 26, 2009

Años atrás me dijeron:

“No creas en mí; soy hombre y nací con la mentira tatuada en los labios”

A lo que respondí:

“Mentira, tienes nombre de mujer”

Hablando de parejas… estamos francamente jodidos.

Lluvia

octubre 17, 2009

Escucho el triste lamento gris eclipsado, son las gotas de lluvia, es este aguacero, una tempestad de sollozos, de lágrimas que quedaron en memorias que quiero y que quise borrar.

Los pasos se agitan en el instante de continuar, un charco tras otro, ya es desigual… el tiempo se detiene y las botas que usaste como aquella máscara con la lluvia gris se han de desbaratar.

Lluvia… ¡Oh Lluvia! No llores más…

Que hace frío y no tengo a quien abrazar, y el sonido me hace despertar, queriendo retozar, más encuentro sólo oscuridad. Mis lágrimas son esas gotas de cera ya seca en ese candelabro de cristal. Olvidado. Como la tempestad entre la inmensidad de una noche sin paz.

Traes contigo a tu acompañante; viento furtivo que deshace troncos y yo quisiera con él volar.

Otoño, traes de nuevo a mis pies las hojas ahora más que marchitas, desfragmentadas por el frío asbesto, por el agua que las ha de empapar.

¿Por qué he de estar aquí?

¿Por qué he de regresar?

Un año más que ha de comenzar y yo grito, empapada de ansiedad:

¡Quiero sentir la libertad y así poder despegar!

¡Oh Lluvia! Déjame disfrutar, dame el consuelo que no he podido encontrar; no dejes que esa luz me asuste dentro de la oscuridad. Dame amor y cobijo en algo que ya no sea mar.

Sólo eleva mis sentidos y haz que de este despertar, resplandezca y esa, la desolación, que a mi; no vuelva jamás.

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Se busca

junio 23, 2009

Y se ve un letrero que dice: ” Se Busca…”

¿Qué es lo que se busca?

No se logra distinguir lo que dice el cartel, está muy por encima de la calle, las ramas de los árboles se arremolinan con el viento de una ligera llovizna; mientras la duda persiste.

Llevas en la mano un vaso con café, intentas fumar un cigarrillo, pero no puedes encenderlo ya que tienes las dos manos ocupadas y no hay más que el aire, la lluvia del verano y tus pensamientos.

Una cama con sábanas blancas y deshecha, vacía…

Libros por montones, leídos, releídos y unos sin abrir, algunos que han gustado otros no…

Un salón de juegos, una mesa de billar, un tablero de ajedrez y el afamado backgammon.

Una botella de vino tinto, tinta negra chorreante en papeles con letras gigantes pero sin significado.

Una mano vacía.

Un letargo de ausencia, el tiempo, las ciudades y las circunstancias.

Sudor frío… un sueño.

Y ¡despiertas!

El café se te cae de las manos y el pantalón es mojado por charcos y lodo… la tarde se corvirtió en noche… se despejó el letrero… miras hacia abajo, un café frío y un cartel que te recuerda algo…


“Se Busca Novio”

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Ella

mayo 9, 2009

Se escuchaban la teclas de una antigua Remington, en un papel que estaba en blanco… en ese escritorio había un vaso con whiskey, las aspas del ventilador de techo rodaban como si de un remolino se tratara, todo estaba en una completa desolación. El hielo se había deshecho ya, la máquina de escribir seguía sonando, la alfombra denotaba que unos tacones la habían pisado, muy fuertemente.

La ducha estaba lista, se escuchaba al fondo del pasillo en aquel apartamento; las dos puertas de los dormitorios estaban entreabiertas y unos susurros se dejaban escuchar cuando se acercaban más.

Ella estaba hecha un lío, no sabía que hacer con ese trabajo, con la soledad que carcomía sus entrañas, por su edad, por no querer saber más acerca del “que dirán”. Estaba en posición fetal, sentada en ese solitario cuarto de baño, desnuda, llorando, por un bloqueo, por una máquina de escribir que no servía, por su vida que estaba perdiendo.

Todo lo había abandonado para ese instante, ya nada le importaba, dejó que la pequeña aguja del tocadiscos saltara sobre áquel disco de jazz que tanto le gustaba. Se sentía perdida, ya nada valía para ella.

Era la vida de una escritora -pensaba para sí-

No quiero más preguntas, no quiero estar aquí, quiero más libertad, me quiero a mí – gritaba, mientras lloraba bajo el agua de esa ducha tibia que se tornaba fría ante sus nervios-

Estaba estancada en un lugar que no le pertenecía, al que no sabía cómo había llegado, ni por qué.

Siguió por horas llorando por lo que era, más no por lo que fue, ya que no lo recordaba.

De repente se escuchó de nuevo el rasguido de ese ventilador y las teclas de esa máquina de escribir sobre una hoja en blanco, eran más fuertes que sus gritos y un estallido rompió la monotonía del ambiente. Una mancha cayó sobre la alfombra… alguien había tirado el vaso de whiskey al suelo y  había roto en pedazos el vaso.

Se vieron unas llaves que ciertas manos dejaron caer sobre el escritorio y unos pasos caminaron directamente hacia el baño, la luz estaba apagada. Había sangre derramada en la tina pero ya no había nadie; nadie excepto Ella que estaba harta de llegar desde la calle y volver a la rutina de siempre. Esa agonía que poco a poco la estaba matando. No se sorprendió por lo que había visto, estaba realmente furiosa y era más que una mujer para ese lugar y esa época.Sabía que no era la primera vez que pasaba, su mente era muy fuerte y le jugaba esas malas pasadas, eso de lo que no podía acordarse más tarde, su llamada ezquizofrenia.

Se lavó las manos con agua fría y su cara con jabón de olivo, se miró al espejo mientras se secaba con una toalla, vio sus ojos y sus ojeras, su palidez, no había comido; ahora sólo escuchaba esa tonada con ese trompetista que tanto le gustaba Miles Davis; decidió ir a su dormitorio y así encontrar una nueva historia, una nueva imagen, quería descansar de esa vida, tomó sus medicamentos, se desvistió tratando de conservar la calma, primero los zapatos, la falda, su saco, y mientras seguía con su blusa de seda, fue quitando poco a poco sus medias, cuidando que no se rasgaran, todo bajo la luz de su lámpara de noche, se deshizo de todo lo demás y  ya en la cama quedó sumergida entre las sábanas mientras  se ocualtaba tras la oscuridad de aquellas cortinas, la máquina; la vieja Remington dejó de escribir. El tocadiscos siguió sonando y las lágrimas en la ducha siguieron corriendo.

Habían pasado ya varios días… Ella no se había percatado de ello. Se había suicidado y ya estaba muerta… su alma rondaba en ese apartamento y ella pensaba que era sólo uno más de sus transtornos psicológicos; No podía descansar, nunca podría hacerlo más.

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Deseperación

mayo 7, 2009

Con un corazón en las manos, con un corazón inexistente; en las manos de un cuerpo ya sin vida, con el dolor punzante de un vacío que se había dejado atrás…

Con unas lágrimas negras, marcadas en pañuelos, sentí el dolor de esa herida de la que pensé, nunca me podría recuperar.

Incierto es el presente, incierto es el futuro que nos hizo presas de juegos y trampas de enemigos, a los que creíamos amigos.

Mi muerte ya es inevitable, porque aún cuando te empecé a amar, yo de ese cofre no me podía levantar… mis labios eran pálidos y mi cabello marchito por tanto abandono en la oscura soledad.

Cuando llegaste, como si de un cuento de hadas se tratase, rescataste mi existencia de ese pozo, y colmada de sonrisas y de gozo hiciste que mis pupilas brillaran, que mis ojos a ti mismo te iluminaran y sonrisa a sonrisa, mis labios por la corriente sanguínea, rojos se tornaran, con tus besos, con tu calor, con tu apego, con tu fervor y amor.

Las últimas palabras fueron un “TE AMO” y hoy cuando desperté, sabiendo que estabas ahí, no quise saber más, y volqué mis ojos, mi mirada hacia esa almohada para de nuevo sumergirme en esa oscuridad, para darme cuenta de que cuando en realidad despertara, te habrías ido ya y nunca más te vería, ni siquiera en mis sueños, que convertiste en pesadillas en la sublimación de un amor que se convirtió en una descontrucción.

No habrá más días de sol, ni habrá más sonrisas… no mi amor, quédate en dónde estás, pero no me digas: “Corazón” no me llames Bella… cuando creíste más en quien te defraudó, cuando a mis espaldas hablaste mal de mí sin ninguna razón. Te fuiste cuando todavía hoy tenía esos regalos para ti, esos corazones y esas pinturas, esos poemas y unos labios que deseabas… Te fuiste, pero aún así, cuando las lágrimas rueden por mis senos sé que acabaste con esta desesperación.

¿Quien?

abril 27, 2009

Tienes serpientes que se desenvuelven cual espirales cayendo por tus hombros y por tu espalda. Tu piel es blanca y tus ojos inmensos; hipnotizantes a quien te mira.

En un pedestal, sola, sin nadie que llegue a ti, ausente del mundo, todos mirando y buscando el lugar en dónde estás.

Muerta, sólo en fantasías y en sueños te encontrarán.

Cuando saliste de ese baño, tu piel pálida y las cuencas de tus ojos púrpuras miraron el reflejo de un cristal, tus labios sellados enmudecieron una vez más y caíste, en ese torbellino del que pareciera no puedes escapar.

La tierra es el dolor que te hace vivir, el mar es el sentido que te hace vibrar para así querer huir y fundirte en ese negro abismo, del que no saldrás jamás.

Tus labios encarnados no dirán una palabra más, hasta que sientas ese abrazo pasional, que calcine tus ansias y acabe con ese malestar.

No preguntes, no indagues, no; no te dañes más.

Olvida las pesadillas y no te concentres en los sueños, deja las aflicciones atrás; libérate; no sufras  ni agonices ya.

Súmergete en el día, en la noche y no despiertes hasta un brillo en una nueva oscuridad.

Tus huesos son frágiles, toma su dolor y empléalos como dagas contra ellos, no permitas que te dañen más.

Descarga la furia con quienes lo merecen pero tú, no te culpes; incluso si es por matar.

Brinda con una copa que tiene veneno, que contiene sangre, que tienes guardada en aquel altar… Nada contra el viento y déjate llevar, ansía el momento, que pronto llegará y con él, la felicidad, esa que siempre has buscado y que pronto se culminará.

Atrapada

marzo 20, 2009

Caí dentro de esa caja; cuando abrí los ojos me percaté de que no había ni una salida, ni una entrada. Estaba acostada en forma fetal, no había casi aire y todo era negro en derredor. El poco aire enviciado ya tenía el aliento de sus recuerdos y veía entre mis manos arrugas, que se desfiguraban cuando movía los dedos y con las pupilas dilatadas vi que sólo eran mis venas saltadas por la alta presión sanguínea y la “atmósfera”.

No sentía miedo, el miedo se da ante lo desconocido, y ahora yo simplemente tenía angustia, por no saber lo que podría pasar.

¿Cómo había llegado allí?

¿Cómo podría salir?

¿Estaba sola o me acompañaba?

Sentía su aroma de frases, su acento en mi voz.

De tanto pensar quedé dormida, tenía las manos sujetando fuertemente mis rodillas y me encontraba desnuda, temblaba de frío y tenía fiebre. Desperté temblando y miré hacia todos lados, los cuales parecían los mismos, todo era oscuridad y sentí debajo de mis pies descalzos huesos secos y tierra.

Pero seguía sin poder moverme. Me habían cortado las ilusiones. Por primera vez necesitaba usar mi voz, y no servía de nada un grito, sólo quería hablar, quería que se me escuchara. De nada servían mis ilusiones. Seguía pensando en cómo subí esas escaleras, seguía pensando en esa niña que se reflejaba en los espejos con marcos dorados, sentía el fuego que me consumía. Todavía.

Poco a poco pude ver más claro…

Me di cuenta de que las uñas de mis manos habían sido recortadas, y mis ojos estaban secos; quería llorar pero no podía y lo poco que veía era distorsionado. Sabía que eran mis manos pero no las reconocía, esas arrugas en forma de venas me asustaban y me hacían pensar en mi edad.

La angustia me apresaba y yo no podía más que tocar mi pecho y rogar no más por ese estado. Cerré los ojos y sentí un resplandor que hizo que me sobresaltara. Cuando abrí los ojos ví que era un sueño, que me encontraba en esa vieja cava, dónde a mis 5 años me escondía con libros y cuadernos; esa vieja cava que guardaba todos mis secretos, y no me podía mover porque esa niña ya había crecido; y la posición fetal significaba que quería el regreso.

El regreso – ¿ a qué?

-¿Era la felicidad acaso?

Cuando vi el respandor con los ojos abiertos vi que estaba en un cuarto blanco, sin ventanas, sin puerta, sin cama.

Lo más increíble era que YO misma me veía… mi cabello estaba suelto y estaba cada vez más delgada, sabía que era yo, pero no era mi cabello. Seguía pensando en aquellos huesos que sentí por debajo de mis pies… eran los recuerdos, eran los muertos de ese incendio en los que sobrevivió la nena de 7 años.

Seguía viendo y oliendo soledad. Antes sentía su compañía de una forma u otra, pero ahora seguía sintiendo ese daño, ese dolor y grité hasta quedarme afónica, pero no hubo ojos que leyeran mis labios. Cuando me recobré de ese ataque de histeria me percaté de que estaba atada por las muñecas y por los pies…Era una presa y tenía miedo.

Era una presa de mi propia mente y mi mayor miedo era lo que vendría después, pues estaba en un hospital y sabía que no quería.

-No sabía qué-

Escuchaba guitarras, entoné canciones y lloré sangre, como mi último adiós y me dolió… recordar me dolió.

Quería estar fuera de ahí, quería a quien me acompañó en la oscuridad, no quería a mis recuerdos, ni quería a ese hospital… pero no pude despertar.

Acepté vivir ahí, sin comer y viendo una cabellera que nunca crecía y sintiendo unas manos que no eran mías. Aprendí a recordar, acordé con el sufrimiento y la soledad un trato y así no me dejaron más sola. Me hicieron escribir y aún sigo esperando a aquél que lee mis labios desde siempre, que conozco desde antes que estuviera aquí. Aquel que soñé siempre, quien me hizo reír, por quien viví y por quien tan vez morí, por quien perdí, por quien ha sido mi más grande premio.

Aquel que ahora está en mi mente, quien me acompaña siempre, quien me hizo girar, quien me hizo caer, está conmigo, pero aún así lo sigo esperando, y sigo teniendo miedo.

Mi voz no se escucha y yo, ahora que ahora le encuentro un sentido a la vida, se lo quiero dar. Quiero terminar este sueño, quiero salir, quiero respirar, ya no quiero recordar, pero quiero escribir, y estar con él, que (suena raro) es mi sueño más lúcido, el más vívidoy al que más miedo le tengo. Por lo mucho que significa para mí. Ese que se adueñó de mis sueños y de mi propia mente, quien tiene mi vida y todo lo que puediese valer en sus manos… Aquel que necesito para despertar y no tener miedo a otro sueño más, para abrir los ojos y ver que es el sueño que se hizo realidad. Y no tener miedo jamás… de mi misma. De mis trampas y de no poder ser YO, de ser sólo Mi Mente…

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