Retazos de Vida

febrero 17, 2009

Dentro de una bolsa empolvada estaban ancladas las imágenes de una o de muchas vidas unidas y ya perdidas. Cuando abrí la bolsa supe que había reencontrado parte de un presente que me angustia, más no sabía lo que conllevaría.

Recuerdos, odios, amores, y belleza en forma de felicidad, en miradas de ojos gigantes.

Ahora ya  no veo colores, ni las imágenes; visualizo los sentimientos como en un reflejo, en algo ilusorio, que a la vez quisiera regresar y a la vez quisiera olvidar.

Han sido martirios escalofriantes, de noches en vela y días iluminados, lastimándome.

Persiguiendo en sueños lo que no se encontraría. Queriendo regresar a esa parte, en dónde la felicidad se cobijaba tras una ventana en un crudo invierno, dónde quiero estar en lo que es mi futuro.

Vi que la lucha ha sido constante y encontré el hueco que forma(ba) la sangrante herida, y vi que todavía duele. Compartí mis sentimientos, mis deseos con muchos, tantos y tan pocos que siento que esto que hay, no es real.

No sé cómo salir de este acertijo, sólo me pregunto -¿Hasta cuándo? y cierro la cegante mirada ante las lágrimas que pesadas mojan mi rostro, empapan mis sábanas blancas, y recorren mi piel como si de una lluvia de mercurio líquido se tratara. Mis manos tiemblan y no me detengo a pensar en las clausuras, ahora sólo se que enfrento al miedo, a un fantasma de soledad y de tristeza que por más de 20 años me ha dejado marchita, con aliento a menthol y en la sangre los comprimidos de una indigestión de sinsabores y claroscuros.

Me duele, estoy rodeada y aunque sé que no estoy perdida, no sé, cómo escapar de aquí.

En este mundo no hay héroes, ni heroínas… no he pedido ayuda.  He callado mis labios y atado mi lengua, y sólo transmito lo que algunas veces siento, como lo hacen algunos, con las manos, con unos temblorosos dedos y una mente ya atrofiada y cansada, con un descanso sin sueño, con un sueño sin fronteras, con la compañía de recuerdos y ruinas.

Quiero gritar mientras lloro, quisiera que alguien lo escuchara, que alguien comprendiera, que esto que hay, en verdad, no son llantos, ni simple tristeza, es una congoja de una vida renaciente, que busca lo que ella sabe que es la felicidad.

Pero…

¿Cómo y hasta cuándo?

Love Theme…Your Princess?

febrero 12, 2009

Añoranza

enero 30, 2009

Quemé recuerdos de una vida pasada, cuando me encontré entre las frías leguas del infierno despoblado, con soledad, abatimiento y tristeza.

Mismo año en que tus ilusiones se rompieron; mis huesos se deshacían y los tuyos se quebraban. Mil esperanzas desamparadas nos acogían, en aquel verano de muerte y frío.

Una mañana de insomnio me volviste a encontrar, después de que vimos los años por centenares pasar, desde la primera letra en aquella frase ya borrada, mi corazón se agitaba, bombardeaba sangre que no se oxigenaba lo suficiente y me ahogabas como no lo habían hecho nunca; con una letra, con unas palabras, con una frase que hasta ahora siento en llagas, colapsando en una mísera e insufrible muerte.

Tantos años han pasado que es ya un tormento el seguirte pensando, el añorarte como lo hago.

¿Cuántas veces no me he alejado? Cuántas más he regresado.

Por que una risa es mi penar, tu sonrisa mi fuente de laúdano, y tus ojos, las estrellas que iluminan el sendero de oscuridad en el que vivo, mi reflejo en el más puro de los cristales, tu mirar… Ese, no lo apagues ya jamás, que no podría estar sin tus pupilas entre mis manos, cegándote por mi, dejándome no más entre las sombras, sino en la más amarga oscuridad de todas. La Soledad.

A Casi un Año…

diciembre 23, 2008

Voy desenterrando cajas que parecen féretros, esas que contienen letras formando palabras, reflejando imágenes de aquellos sentimientos, otro año más está pasando y en un remoto lugar te voy encontrando, te voy mirando, cuando lejos estás ya, cuando me he ido y no sé, en dónde, ni con quien mi mente se encontrará.

Dentro de los cajones por debajo de un cristal, voy guardando canciones, tonadas, melodías que no sonarán más.

Recuerdos dentro de mi nublada y confusa mente, recuerdos de vivencias que surrealmente conocí, de las que apenas y siento su textura, cuando veía tu rostro en la profunda oscuridad, cuando mi cintura se iba desdibujando en un claroscuro de tristeza y ansiedad, provocados por tu miedo y ella; nuestra amiga, la soledad, recurriendo por momentos a la felicidad.

Quien usa sombreros ahora soy yo, quien bebe tinto soy yo, quien te escribe esto, no, no soy yo, es aquella, a la que dejamos en un pasado, en aquel que por senderos se buscó y nunca se encontró, sólo fue sino más que una profunda alusión, como lo que trajiste a su vida, una terrible decepción.

Entre museos nos vimos, entre aquellos canvas descubrimos los años que por siglos habíamos vivido y ahora sé, que fue hermoso, encontrar una felicidad entumecida por el frío de un otoño y ahogada entre risas y vino tinto.

Subiendo en un elevador, cuando yo estaba leyendo un libro, cuando me esperabas sentado en un sueño, en un jardín, reposando junto a un árbol, cuando la lluvia corría por nuestro cuerpo y las gotas se confundían con llanto, cuando con tanta fuerza tomaste mi dedo corazón después de un brindis y este casi se rompió…

Veo a través de grises y empañados ventanales, apenas tu silueta, el reflejo de tu rostro entre libros y ese aroma a rosas que deprime como lo hace el perder un tesoro…

Quebrada, aún duele, siempre dolerá, no por ti, ni por mi, nunca supiste, ni entendiste el porqué, y mientras me encuentro tras la cuarta pared, entre telones veo que diriges mis pasos, los cuales no existen ya que me encuentro en el palco presidencial y sólo se escuchan los fantasmas que en el escenario danzan una melodía de Jazz y de Soul…

La bailarina es destello de un futuro que no surgirá ni emergerá entre nosotros dos y la música apenas la reconozco porque salió de tus oídos; ahora el teatro está solo y nosotros no nos volveremos a encontrar jamás.

Como a pesar de la grandilocuencia y el poder que tengamos, nosotros dos, le pertenecemos a Melpémone, Calíope y en un sueño se todo se disolvió, volviendo de la alegría a la vaga y despesperada comocabizbaja tragedia quien es la gris, la que nos une y la que no nos dejará en paz.

Memories

diciembre 19, 2008

In this world you tried,
Not leaving me alone behind.
There’s no other way,
I pray to the gods let him stay.
The memories ease the pain inside,
And now I know why.

All of my memories keep you near.
In silent moments,
Imagine you’d be here.
All of my memories keep you near,
In silent whispers, silent tears

Made me promise I’d try,
To find my way back in this life.
Hope there is a way,
To give me a sign you’re okay.
Reminds me again it’s worth it all,
So I can go home.

All of my memories keep you near.
In silent moments,
Imagine you’d be here.
All of my memories keep you near.
In silent whispers, silent tears.

Together in all these memories,
I see your smile.
All of the memories I hold dear.
Darling you know I’ll love you,
Til the end of time.

All of my memories keep you near
In silent moments,
Imagine you’d here.
All of my memories keep you near,
In silent whispers, silent tears.

All of my memories…

Una Novia

diciembre 19, 2008

Bajo el manto de la lúgubre noche se escuchaban pasar esos tacones, que no dejaban sino más que una sombra, un despojo, una ilusión, algo de lo que muchos querían.

Ataviada con un velo negro, la novia iba de luto, sesgando vidas a su paso, quitando marcas de las heridas, sintiendo las gotas derramadas por la lluvia y cómo, tras el frío, los árboles pronunciaban su propio nombre.

Por los antiguos castillos se le veía rondar, por esas noches en sigilo, que eran su pesar, un penar…

Guantes que fueron blancos con esperanzas, se tornaron en un negro envoltorio de muerte, mientras iba llorando por esas calles que no eran ya sino destrozos de recuerdos, de una vida no naciente.

Se escuchan esos pasos en su andar, como si los tacones fueran los únicos que existieran… ya.

Escrito el 31 de octubre de 2008

Somos dos

noviembre 2, 2008

Muerte sigilosa en mi continuo pesar

Tanto es que me acompañas, que ya ni miedo me das.

Cuánto me he acostumbrado ya a tu propia soledad

queriendo acompañarte

Pidiéndote a gritos que no me despojes

y me dejes por unos días ya en paz.

Muerte que rondas en mi andar

Tatuada en mis propios  huesos te tengo ya

Herida y sin sangrar.

Dolor profuso que quisiera no me acompañases más.

No puedo luchar contigo

Ahora que me acompañas…

Porque hubo un día, uno muy lejano,

En el que yo no quise dejarme llevar…

Escrito en una fría madrugada…

Paréntesis

septiembre 4, 2008

No sé en lo que me he convertido… ni en lo que ha sido de mi pensamiento racional… me dejé llevar por demás en el Romanticismo y he olvidado el Realismo… ahora todo gira en forma de Dadá… es demasiado y no sé ni cómo encontrarme, porque sólo veo los reflejos formando ecos y ya desdibujando la realidad.

Las palabras se encuentran dentro de las propias letras, en los libros y en las pinturas que siguen ahí, que aún no se desechan.

Sólo sé que tengo que volver a mí y no dejar que Eros o Afrodita dominen a mi amada Psyché.

Tengo miedo de no ver lo que hay… no sé cómo abrir los ojos o si en realidad los tengo abiertos y lo que no acepto es la realidad; parece un círculo con forma de cubo, del que en las esquinas sobresalen uñas en forma de espinas que lastiman, porque sólo señalan…

Me encuentro desconocida y en un paraje que me es extraño… las dunas desaparecieron y el mar se volcó en un negro… los bosques se incendiaron y las escaleras se han destrozado, la niña murió y la mujer se perdió. Una extranjera en un país extraño, en dónde no encuentra nada y como nada, encuentra todo, pero no lo que quiere, lo que quiere no lo puede obtener y sus pensamientos son fragmentos de un puzzle, que no engranan en ninguna pieza…

Estoy sola y ahora lo único que me acompaña es la historia de un inframundo, como las leguas de fuego consumientes, las llamas ardientes de un averno, y sé que lo es, porque un día casi alcancé el paraíso y esto que hay, que es apenas algo o para alguien tal vez sea demasiado, más yo que sé.

Extraños; muchos y yo misma como lo que soy, lo puedo decir, no sé ya cómo vivir así.

Es mi mente que no deja de girar y de pensar en el laberinto, oscuro y profundo de la soledad.

Sólo repite esta frase una y otra vez:

“Turn, Turn, Turn, Fall Deep and Down… and now all is Torn

Un Naufragio

julio 15, 2008

A la deriva, entre peñascos y riscos, mientras la lluvia de mayo, y junio se convirtió en una tormenta, una tempestad que no dejó ver la noche, ni el día, siendo que todo lo volvió gris y triste, sin poder desaparecer esas gotas.

Mirando hacia un vacío que tenía más de lo que pudiera imaginar, una libertad.

Había frío y sólo lloraba con mi rostro marcado por gotas secas y negras que ensombrecían mi piel blanca, casi de porcelana, enmarcando las cuencas de los ojos llenos de sangre y los labios carnosos, a punto de reventar, mientras el mar se enfurecía más y sus olas atropellaban a esas rocas con rencor, como queriendo recuperar lo perdido.

En mi garganta ardiente, se escuchaba un alarido, que era del que me quería despojar, más no había nadie.

Ya me había ido, me lancé hacia ese abismo, hacia esa caída, no importándome ya nada, sabiendo que abriendo los brazos y sentirme caer por metros y metros tendría libertad y no me perseguirían más.

Todos ellos, los pensamientos, los ecos, las voces, mi pasado, mi vida, mi futuro, mi presente, yo misma.

Y al caer vi que el agua no era azul, tampoco gris, pero mis ojos seguían derramando líquidos que se confundían y ahora no eran negros, eran rojos… mis lágrimas eran sangre seca, reseca entre mi faz, cuágulos acumulados por tanto llorar, por el querer vivir y el recordar. Sin poder hacer nada y siendo una carga más.

Fluídos salían por mi nariz y por mis oídos, sabiendo que era mi final, que mi cuerpo por dentro estaba destrozado… más no sentía nada. El dolor me tenía totalmente entumecida y no me podía levantar.

Me había dado cuenta de que ese mar era provocado por mis lágrimas, esas que no me dejaban ver, y en las que me estab hundiendo sin yo saberlo. Sin querer nadar o siquiera flotar para así rescatarme. Sólo quería hundirme, tocar fondo de una vez, o una vez más y no renacer ni reaparecer jamás.

Era tanto el odio que provocaban esas olas, que quemaban y hacían que barcos se volcaran, los marinos a lo lejos veía que morían y mientras el cielo se oscurecía, veía que esas, que antes eran gaviotas, comían su carne muerta y sacaban sus ojos dentro de un naufragio provocado por mi ira, maldad, coraje y mucha tristeza.

De repente un remolino se formó a mi alrededor y sin fuerzas me sumergió en él, en sus entrañas, para así desaparecer, eran espirales y sólo saba vueltas y vueltas respirando dentro del agua, sintiéndome presa de un ser anónimo, que quizá era lo que buscaba.

Un rescate (sin darme cuenta) dentro de ese naufragio; ahora ya no pensaba, pero tenía miedo, puesto que no había alcanzado mi objetivo y no sabía cual era mi destino. Ahora no sabía qué hacer, pues ya no tocaba fondo, ni me enconraba a la deriva, pero era una cautiva y tenía que salir de ahí.

Al costo que fuera y luchando contra quienes amaba y a quienes odiaba.

Pues este naufragio lo había provocado yo, y sin morir, sin sentir, lo único que quedaba en mi ser era una sed, aplacada por mis propias lágrimas y por mi propio caer, por ilusa, por creer, por desear, por amar y querer crecer, cuando ni siquiera me podía ver.

Era lo más triste que pasaba por mi mente, cuando sólo daba vueltas y entre mares, provocando mareos y fiebres en aguas heladas, recordaba que preguntaba cómo era y me decían que bella, que era preciosa… más no podía creer, sólo quería ser yo, la que murió antes, la que ahora no se podía ver, la que estaba atrapada entre espirales, llorando sangre y dejando muertos a cada tanto… sin saber en realidad en dónde estaba.

Si en su mente o en su tormento… sus recuerdos y su presente.

Verano II

julio 14, 2008

Iba caminando por un sendero que no tenìa rumbo ni camino despejado. Sus pies denotaban temor como aflicción, pues en cada paso que daba, ella se tambaleaba, y miraba hacia atrás, queriendo escapar de algo, con una fuerza que hacía que el dolor la sucumbiera ante muchas, muchas caídas.

La noche era negra como ninguna otra y el frío de una muerte se sentía en el revoltijo de sus bucles, ahora ya marchitos, despojados de belleza, ahora nudos por el viento que la tenía como su presa, dominándola y sintiendo rasguños de esas varas secas que iba tronando al pasar, que la iban marcando, ya que su piel era cubierta de sangre por unas afiladas uñas que salían de entre las hojas secas, de unas manos que no podían sino estar ya muertas. Ella corría, sin saber a dónde iba.

Habiendo dejado todo atrás por querer tener algo, que sabía, pero que bien, no lo podría obtener, ni le pertenecía.

Los árboles susurraban a gritos que esto tenía que acabar, no les gustaba su prescencia que era lo que los hacía segundos protagonistas y entre enredaderas como hiedra venenosa, la dejaron fuertemente sujeta, aprisionando sus huesos, casi triturándolos, y en su blanca piel aparecían las llagas y un tono rojizo, entre espinas y veneno.

Más ella con sus dientes afilados entre aflicción y coraje, destruyó esas cadenas que no le permitían seguir,  que la lastimaban y la herían, que poco a poco envenenaban más su alma, a través de los porros de su piel y así, rompió ataduras y con dolor, con sangre y en una noche dónde había sido perseguida, ahora se encontraba en un rincón que para muchos parecería un claro, en el cual recordó mucho de su pasado.

Sus ojos eran brillantes, reflejaban un brillo inigualable, más parecían de sangre, ya que esas lágrimas no eran pertenecientes a un ser humano… esos ojos demostraban rencor, furia, dolor, miedo, nostalgia, melancolía, impotencia y soledad…

Ahora sentada bajo una oscuridad, envuelta por el halo de una bruma de verano en el bosque, sabía lo que debía de obtener como encontrar. Y no se daría por vencida, no en este intento, que ella misma tenía que cobrar.

Ella ahora tenía que matar.