En tus Ojos

noviembre 11, 2008

Love I get so lost, sometimes
days pass and this emptiness fills my heart
when I want to run away
I drive off in my car
but whichever way I go
I come back to the place you are

all my instincts, they return
and the grand facade, so soon will burn
without a noise, without my pride
I reach out from the inside

in your eyes
the light the heat

I am complete

I see the doorways to a thousand churches

the resolution of all the fruitless searches

I see the light and the heat

oh, I want to be that complete
I want to touch the light
the heat I see in your eyes

love, I don’t like to see so much pain
so much wasted and this moment keeps slipping away
I get so tired of working so hard for our survival
I look to the time with you to keep me awake and alive

and all my instincts, they return
and the grand facade, so soon will burn
without a noise, without my pride
I reach out from the inside

in your eyes
the light the heat

I am complete

I see the doorways to a thousand churches

the resolution of all the fruitless searches

I see the light and the heat

oh, I want to be that complete
I want to touch the light,
the heat I see in your eyes
in your eyes in your eyes
in your eyes in your eyes
in your eyes in your eyes…

Este Verano

julio 13, 2008

Los veranos de hace algunos años eran diferentes, aunque leyendo ciertas letras parecen o evidentemente son iguales.

Hubo una vez que escribí algo que se llamó “Días de infierno y Noches Gloriosas”. Era una dedicatoria… y mi muerte. El sol me consumía como el calor y las fiebres, pero por las noches era diferente y lo dije.

Llegaba (él) y me cambiaba todo el sentimiento que parecía insufrible ya. Todavía lo recuerdo. Hoy por hoy hay frío, llueve torrencialmente y mis pies descalzos se llenan de fango como de heridas pulzantes y sangrantes.

Mentiría si dijera que no me duele.

El espacio y la lucha parece que se acabó, aunque no me gustaría darme por vencida. Tuve que regresar a recuerdos dolorosos, a ciertos lugares,  entre los cuales veo cristales en donde no me reflejo, tiendas y restaurantes que existen desde siglos atrás, Dónde alguna vez fui feliz entre lágrimas y marginaciones.

Ahora ya nada me importa, sustacias que me son prohibidas, enfermedades, dolores físicos como emocionales que provocan las remenbranzas de un ayer que se han convertido en un hoy. A veces me parece insoportable esta sensación.

Hace frío, en verano, ese frío de muerte que me ha colapsado, incluso por días enteros. Sólo perdiendo lo único que he tenido. A mi misma. Girando y cayendo dentro de un laberito en forma de espiral, en el que no veo una entrada, ni mucho menos una salida.

Ahora no lo tengo a él. O tal vez sin darme cuenta sí.

No me refiero, a, que esto se haya acabado por él. Todos me dijeron que  no me convenía, por las lágrimas… pero ahora veo que no lo puedo alejar, porque no está. Y me hace falta.

Me siento al borde de un abismo, el cual es tan profundo que no puedo ni siquiera vislumbrar una caída, ya que desde ese puente, la neblina, o nubes quizás, se interponen ante mis propia vista.

No estoy deprimida, estoy muy triste y me siento vieja. Mi cuerpo no denota mi edad. Mi rostro mucho menos; o eso han dicho.

Las inundaciones de este verano, las han provocado mis lágrimas…

Las noches parecen incendios, atormentando mi mente, sólo cuestionando el porqué de muchas cosas, remontándome a mi infancia, a mi adolescencia y a mi cambio. A mi muerte.

¿Por qué ahora no piedo morir?

¿Por qué mi organismo no reacciona como lo debería de hacer ante una persona “Normal”?  Sí, lo sé, es una maldición la inmortalidad, pero no la busqué. Sin embargo ella se llevó todo mi pasado, mi felicidad y mi personalidad. Ya que la que escribe esto, no es la de años atrás, esa mujer murió y se convirtió en alguien que no se puede ver, que sufre por un pasado, tratando de encontrar en él mismo respuestas.

Mientras camina por los bosques y se empapa con la lluvia, con la ropa hecha jirones, y descalza… siempre buscando, siempre pensando… fundida en libros y letras, en pinturas, tratando de hacer un autoretrato de lo que podría ser, más si maldición es no poder verse, incluso reencontrarse.

¿Cómo poder completarse?

P.S. Extraño esas noches de gloria… te extraño.

Sirenas III

junio 14, 2008

Se escuchaban reclamos, muy ligeros reclamos de las olas hacia el mar.

Parecían gritos de Sirenas, fundidos en la oscuridad de la noche.

El viento era fuerte y azotaba a su paso los oídos de quienes estaban presentes; haciéndolos presas del miedo, al parecer sonidos que parecieran truenos confundidos con el estrepitoso oleaje acechando a las rocas siniestras y como asesinas ocultas esperando a una presa.

La luz de las estrellas cegaba y sólo se veían los sonidos que evocaban esas imágenes tan impertinentes, tan solitarias y tan abrumadas como afligidas; tales comparadas a un llanto dentro de un ataque de histeria, siendo callado por electroshocks provenientes de los rayos hacia el vacío.

Hacia la nada perteneciente a los recuerdos; por consiguiente guardada en el olvido de la magia que no había ya.

Es Junio

junio 4, 2008

Las horas parecían incalculables, en realidad no se sabía cuánto tiempo había pasado.

Los relojes habían explotado en ellos mismos por no soportar tanto y tanto, como el dolor que significaban esas maneceillas que se incrustaban entre lo que fueran unas golondrinas.

El verano ya estaba aquí, se demostraba con un aire impávido, un viento que estremecía las olas que se veían desde esa ventana que daba hacia el mar. Aquel sucio, negro y traicionero mar.

La luna estaba escondida, las nubes que parecían unos halos de fuego que la seducían y así, ya no se pertenecía a ella misma; el cielo lloraba desconsolado, como a alguien que ya no tiene lo que nunca ha tenido pero siempre ha deseado.

Esa lluvia llena de lamentos con tanta fuerza, y tal estremecimiento que hacia hilvanar deseos de una ilusión, ya en un vacío, desde aquel, en el que una vez se vio la luz, aquel del que nunca más se pudo salir, ni escapar. En el que permanecía en soledad y oscuridad.

De nuevo era junio, y los despojos de los restos que eran no más sino destrozos se dejaban ver, ante ti, ante mi, ante nadie, ante los árboles meciéndose, ante las ramas de las hojas volando al viento… llegando al suelo.

Ella se preguntaba mientras veía el pavimento, porqué se sentía eso… si acaso significaría la llegada o si era la despedida de lo que nunca quiso. Si acaso se estaba percatando de lo que era la vida, ahora por sí misma.

Pateando charcos, fundiendo imágenes de pensamientos en los reflejos borrosos, como fangosos que impregnaban ese aire con su olor fétido, ya podrido… un agua estancada…cuando se sabe que el agua es libre… que el agua debe de correr.

Aún cuando corra entre las manos y como el tiempo se nos vaya, y no sepamos en dónde ni cuántas lágrimas derramamos…Eso es simplemente lo que se siente. Lo que los sentidos ante los demás perciben.

Porque el tiempo sigue, y el agua no se estanca, las manecillas siguen girando (aún sin ellas ni nosotros quererlo), y esa agua se transforma en gotas grises en lluvia, en aguas que dan a los ríos, al mar, en aguas que tarde o temprano, de una u otra forma desaparecerán.

Como lo hicimos, para siempre, pero también para volvernos a reencontrar.

Sirenas II

abril 23, 2008

Y el retorno era el inicio.

Las olas te inundaban como te formaban.

Y el cielo te consumía haciéndote su presa.

Atándote ya sin poder escapar de él más.

El viento estremecía los cuerpos ya muertos.

El oleaje era calmo.

Y las nubes cubrían el azul de un infinito.

Volviéndolo Gris y Desafiante.

Y tú reflejada en esos cantos ya ancestrales.

Pertenecientes a las sirenas no existentes.

En las profundas y misteriosas.

Aguas del Mar.

Todavía duele, duelen los remolinos de pensamientos, como de recuerdos y transformaciones que estás viviendo.

Y llueve

abril 13, 2008

De nuevo está lloviendo, al igual que ayer… es un placer ver como las gotas caen, cómo es, que la lluvia no puede ser percibida por entes más suspicaces como las más sensibles y vulnerables…

Muchas veces la lluvia es fría, con gotas que hielan, otras tantas es como un leve rocío, como un suspiro, como muchas veces es un tormento, con estruendos que destruyen y vientos furiosos en forma de gritos que estremecen, que asustan.

El viento hoy se arremolina como pensamientos inconstantes e indeseables, como recuerdos sin pasado existente, la lluvia es fría, como la soledad consumida, como una noche sin luna, sin luz.

La lluvia de ayer caía levemente y refrescaba a los que paseaban tomados de la mano, mojando sus rostros llenos de felicidad, el viento movía aquellas gotas a cualquier lugar, a cualquier dirección, sin distancia y caían a la tierra cual semillas haciendo que brotaran flores; como dije ya un suspiro, como si se hicieran el amor.

Pero hoy, hoy sólo hay frío, viento tormentoso, y soledad en un desolado día gris.

Nada

abril 11, 2008

“Having nothing, nothing can he lose.”

Shakespeare

¿Entonces qué más da…?

Simplemente vencer temores y demoler demonios…

Vivir y existir, nada mejor que eso.

Demonios y más demonios son los que me circundan y todavía los escucho entre recuerdos mientras a otros los veo y los vivo en mi propio presente que no es un vago disipar entre callejones y fuentes.

Cerrando los ojos con dolor y sosteniendome dentro de un vacío que no tiene pilares, dentro de una oscuridad cegante y siniestra sin peso, con gravedad inexistente, sumida entre remolinos, voy en mi mente luchando contra ellos, desangrándome y lastimando mi garganta entre sed y gritos consumidos por horas que parecerían días enteros.

Ya no los quiero, no quiero más cadenas y más fantasmas, no quiero ver las muertes a mi alrededor, no quiero que no me dejen estar, ni quiero el remordimiento que provoca el sentimiento de un sueño convertido en un asesino armado con cuerdas, máscaras risueñas mofándose de suicidios y tumbas aún latentes que ya no quiero recordar, que ya no quiero ver pasar; pero que sin embargo ahí están.

Furia

febrero 5, 2008

Esa noche el viento azotaba las ventanas, tanto y con tal fuerza que hacían que aquellos antiguos vidrios se quebraran y cayeran al suelo ya en forma de pedazos cortantes.

La casa estaba vacía y tras la puerta abierta al corredor, se escuchaban las hojas secas que eran huellas de aquel que ya había pasado, de aquel que era el otoño, de aquel que se había ido para dar paso al nuevo visitante, más tenebroso todavía: el invierno. En el que se escuchaban los sonidos de tantos silencios apagados en la oscuridad y soledad de las noches, noches tan largas. Noches interminables.

Entonces se rompían, por los estruendos de esos viejos papeles desechados viajando entre volares por esas callejuelas sucias y abandonadas a la nada , vacías y ya sin vida.

No había ni una sola luz, la única presencia que había era a de aquel viento que destrozaba todo a su pasar, como un acongojado grito que se anuncia llegar cuando ya está ahí sin haberse anunciado a estar. Quería tener presas, quería a cautivos, quería asustar y amedrentar, quería que el tiempo no pasara y así matar a quienes eran los súbditos del sol y de las copas de los árboles tan frondosos, tenía envidia, furia, coraje y por eso destruía todo a su pasar. Era cruel, era un ser muy cruel.

Las dos velas estaban apagadas reposando en sus candelabros, sus flamas estaban extintas como si aquel viento furioso las hubiera dejado sin vida, esa misma luz que las consumía y a la vez las deformaba, pero aquello era su esencia su vida, el fuego era parte de ellas, aunque entre el mismo y el viento se oprimiera su existencia, y así de repente ese candelabro de oro marchito y sucio por el paso de los años se quedó vacío, pensando que sólo era menos que un triste recuerdo, dejado de desolación.

Aquella noche se supo de las intenciones del viento y del porqué sus actos malévolos. Esa fría noche de invierno.

No se sabe de dónde venía todo esto, todo lo que la furia de aquel tempestivo arremolinaba, pero se sentía frío, mucho frío, ahora lo recuerdo con más claridad, no tenía zapatos, ni ropa alguna que cubriera mi total desnudez, y el viento aquel no me acariciaba, me rasgaba con cara roce, eran arañazos, sangrientos y dolorosos, que iban arrancándome trozos de piel y hebras de mi cabello, arrinconándome contra algún muro, queriéndome hacerme presa suya.

Y no sé como de repente me vi en ese callejón, lo vi en ese callejón, fue un choque contra su temperamento y mi mirada tan penetrante, que se rindió y en ese instante me cubrió con una capa, queriendo aliviar mis heridas que eran ya más contaminadas por la basura que él mismo atraía, recortó mi cabello y entre su frío misterio llegó la calma, y mientras comenzaba la charla con aquél, de quien no puedo describir su apariencia (dado que no lo comprenderían) encendí un cigarrillo y conversamos por mucho, mucho tiempo.

Esto que acabo de relatar es de muchos siglos atrás, tantos que no se pueden contar, tantos que en las noches nadie salía a las calles, tanto que se descubrió como era EL VIENTO y como me convertí en su amiga, como lo conocí y como ahora, varias veces nos reencontramos para recordar y añorar lo que era el pasado en el presente que ahora ya es el futuro.